edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
31/07/2013

La economía sumergida, del 18,6% del PIB, se contrae por la crisis y no alivia el paro

Carlos Schwartz

Los datos de la economía sumergida recogidos por un estudio anual que se inició en el año 2008, y que elabora el catedrático Friedrich Schneider (Universidad Johannes Kepler, Linz), ponen de manifiesto que la reducción de este sector de la economía aunque se ha hecho más lenta en las naciones con mayor caída del producto interior bruto (PIB) como Grecia, España, Italia, y Portugal, prosigue su paso descendente.

Los datos respecto de España indican que en la serie histórica la economía sumergida representaba en 2008 el 18,7% de PIB, en 2009 saltó al 19,5%, en 2010 al 19,4%, en 2011 y 2012 representó el 19,2% y en 2013 la proyección indica una caída hasta el 18,6%. Una interpretación de este movimiento es que la primera reacción defensiva ante la crisis y la recesión fue un intento de defender los ingresos de las empresas y las personas físicas eludiendo la fiscalidad, lo que condujo al primer salto del incremento en 2009, 2010 y 2011. Sin embargo la profunda crisis del sector de la construcción, del manufactirero, y del sector de las ventas al por mayor y al menor en España, que son cuatro de las principales fuentes de la economía sumergida en la Europa de los 27, se ha reflejado en el estancamiento de los ingresos no declarados, y su caída este año.

La hostelería, que ha pasado por un periodo negro desde 2008, es también una de las fuentes habituales de ingresos no declarados, pero su estado crítico en nuestro país no ha generado ingresos significativos ni empleo clandestino. Una de las conclusiones del estudio es que la economía sumergida eventualmente puede haber contribuido a suplementar los ingresos de las familias, pero en ningún caso se ha convertido a escala social en una fuente alternativa de empleo. Este dato está en línea con la crisis y la recesión, en tanto que los sectores que mayores ingresos opacos producen son los que peor han capeado el temporal en los países del sur de Europa. España y Portugal tienen niveles similares de economía no declarada, rondando el 19% del PIB, mientras que Italia está en torno al 21% del PIB y Grecia en el 24%. Los últimos dos casos son crónicos, y no  han crecido en el periodo recogido por la serie.

Esto hace que parte del discurso que pretende que la economía sumergida es un refugio no declarado del empleo y que actúa como amortiguador social carece de certeza. Una de los focos de incremento, o al menos estabilización de la economía no declarada, se origina en el aumento de la presión fiscal, en particular en los impuestos indirectos. Pero la evasión de éstos no implica mayor empleo, sino simplemente mayor venta en negro en la actividad minorista, por ejemplo en restauración.

La media europea de economía no declarada como porcentaje del PIB representa el 18,5%. Las cinco primeras economías de Europa por tamaño, es decir Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España, representan dos tercios del total de la economía sumergida de la economía de los 27.
La estimación de Alemania es que su economía no declarada es del 13% del PIB, Francia y Reino Unido representan un 10% de su PIB. El estudio sugiere por el aporte de datos que el desarrollo de los medios de pago electrónicos reducen el impacto de los pagos no declarados al reducir la circulación de dinero efectivo que es la base de la economía no sumergida.

El estudio señala que todos los países del sur de Europa han incrementado el impuesto al valor añadido en cantidades variables, con Chipre en el 17%, España en el 18%, Italia en el 21%, y Portugal y Grecia en el 24%. El estudio no hace una valoración de los efectos de la presión fiscal sobre el crecimiento económico, pero si constata que los incrementos en la presión fiscal no han sido compensados por aumentos en la economía sumergida. Es decir que no ha habido condiciones suficientes para que las personas y las empresas compensen la caída de sus rentas con ingresos no declarados de forma masiva. Los datos son un indicador de que la imposición indirecta, al igual que el incremento de las cargas fiscales sobre la renta de las personas físicas, aspiran a compensar la caída de la recaudación fiscal resultado de la crisis y la recesión. España tiene el nivel más alto del sur de Europa con una tributación del 52% sobre las rentas mayores. Le siguen Portugal y Grecia con el 49%, Italia con el 47% y Chipre con el 39%. Todos han incrementado de forma significativa la presión fiscal durante la crisis, sin por ello alcanzar un nivel de recaudación cercano al de las épocas de prosperidad.

De acuerdo con las previsiones de 2008, al comienzo de la crisis, la economía debería haber comenzado a recuperarse en 2011. El acerto ha demostrado ser falso. La tasa media de desempleo en Europa es del 11%, con extremos como los de Grecia y España cercanos al 27% de la población activa. Estos no son niveles sostenibles, y aquellos países que como Francia habían mostrado una mayor resistencia en sus estructuras económicas comienzan a traslucir el desgaste y el incremento del paro en la medida que la crisis industrial afecta con mayor intensidad al país.

“Por otra parte las economías hoy en día son mucho más orgánicas,teniendo la capacidad de una u otra forma de dirigir recursos ( o el exceso de recursos) a actividades más productivas que dejándolas improductivas. Uno de estos “estabilizadores automáticos” para decirlo de alguna manera es la economía sumergida”, señala el economista Sarunas Merkliopas. Sin embargo, llega a la conclusión de que el sistema no puede acomodar los excesos, y por lo tanto dista mucho de ser suficiente. La crisis social sigue ahí, sin una previsión cierta de incremento de empleo, y la crisis arrasa hasta con la economía sumergida.

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