edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
24/02/2011
Desarrollo Sostenible

La economía verde se consolida como una de las claves para la erradicación de la pobreza

Beatriz Lorenzo

Como dos patas de un mismo trípode, lo social y lo ambiental se interconectan entre sí a la hora de buscar soluciones enfocadas al desarrollo sostenible, entretejiendo una red sutil de sinergias cada vez más difíciles de pasar por alto, incluso para los más escépticos. Si la economía verde se perfila claramente como una de las armas más efectivas contra el cambio climático, también su contribución al ámbito social es innegable, puesto que la inversión en transporte sostenible, bosques y agricultura respetuosa con el medio ambiente es esencial si se quieren conseguir los objetivos internacionales para reducir la pobreza.

De hecho, la degradación ambiental es uno de los obstáculos con los que se encuentran los gobiernos para conseguir el cumplimiento de varios de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como la mejora de la salud materna, la provisión de agua potable y el combate del hambre y la enfermedad.

En este sentido, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha dado a conocer un nuevo informe en el que expone que a través de la inversión de sólo un 2% del PIB mundial en sectores clave, se posibilitaría la transición a una economía más verde, impulsando sectores básicos como la agricultura, la construcción, la energía, la pesca, la silvicultura, la industria, el turismo, el transporte, el agua y la gestión de residuos. El PNUMA recuerda que estas inversiones deben ser estimuladas, a través de reformas en las políticas nacionales e internacionales. En el documento se reconoce que el paso a un modelo económico más verde ha avanzado a grandes zancadas en los últimos tiempos, si bien todavía queda largo camino por recorrer.

El crecimiento está siendo impulsado en gran medida por los países fuera de la OCDE, cuya participación en la inversión mundial en energías renovables pasó del 29% en 2007 al 40% en 2008. Brasil, China y la India son responsables de la mayor parte. En concreto, el gigante asiático, que es el mayor emisor mundial de dióxido de carbono, ha anunciado hace poco la promulgación de una ley encomendada a la lucha contra el cambio climático, basada en una resolución elaborada por la ANP (Asamblea Nacional Popular) en la que se reiteraba que China se adhiere al Protocolo de Kioto y la Convención Marco de las Naciones Unidas para la lucha contra el Cambio Climático. También en el continente asiático los Emiratos Árabes han tomado la delantera en la carrera por convertirse en el icono del urbanismo “verde”. El surtidor mundial de petróleo ha decidido encomendarse, a base de petrodólares, a fuentes energéticas más limpias y menos contaminantes. Por ello en Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos, ha comenzado a construirse Masdar ( en árabe, “la fuente”) la urbe en donde no se quemará ni gasóleo, ni gasolina, ni gas, se levantará en el plazo de una década y albergará a 50.000 habitantes en un área de seis kilómetros cuadrados. Esta ciudad costará unos unos 14.000 millones de euros y contará con plantas desalinizadoras alimentadas por energía solar, aire acondicionado accionado por turbinas eólicas, y un sistema de transporte basado en pequeños vehículos que se moverán sobre vías magnéticas.

En este sentido, el potencial de las comunidades emergentes es inmenso. Un reciente estudio de Ernst & Young se hacía eco de esta tendencia al revelar que cerca del 30% de las compañías globales dedicará más de una cuarta parte de su inversión en I+D a los mercados emergentes durante los próximos cinco años. Es obvio que las comunidades emergentes se están convirtiendo en suculentos pasteles para el resto del mundo. Tiene aquí cabida la proliferación de negocios inclusivos, entre los que destacan aquellos que no sólo consideran la “base de la pirámide“como un mercado de consumo o un mercado de producción, sino que la consideran como un aliado estratégico. En general, para desarrollar negocios inclusivos sostenibles se hace necesario la puesta en práctica de un proceso de co-creación en el que las comunidades de la base de la pirámide colaboren en el diseño y su potencial de diálogo se integre en el modelo de negocio de la empresa.

CONTRA LA POBREZA

La vinculación de la economía verde con la lucha contra la pobreza viene ya gestándose de un tiempo a esta parte. De hecho, el concepto de la  “ecologización de la economía”, tuvo ya su origen en el Informe Brundtland de 1987, que el define al desarrollo sostenible junto al rol del crecimiento económico, la equidad social y el papel de los poderes políticos: “Responder a las necesidades esenciales requiere no sólo una nueva era de crecimiento económico para las naciones en las cuales la mayoría es pobre, sino también la seguridad de que los pobres recibirán una porción justa de los recursos necesarios para mantener el crecimiento económico. Tal equidad debiera ser apoyada por los sistemas políticos para que aseguren la participación real de los ciudadanos en decisiones políticas y una mayor democracia en las decisiones internacionales”.

Por su parte, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible ha dado también a conocer una investigación ‘Visión 2050’, que analiza el “sendero” que deberá marcar las directrices para conseguir que una población global de aproximadamente 9.000 millones de personas alcancen el bienestar dentro de los límites de recursos del planeta de cara a 2050. El documento pretende ser manual de ‘deberes’ (must have) sobre las medidas a tomar durante la próxima década para alcanzar una sociedad planetaria lo más sostenible posible. Entre las tareas propuestas se incluye la puesta en marcha de los mercados de servicios de ecosistema y agua, el redoblamiento de la producción agrícola sin el aumento de la cantidad de tierra o agua utilizada; la reducción de la deforestación o el aumento de bosques plantados, reduciendo a la mitad las emisiones de carbono en todo el mundo.

De todas formas, la transición hacia una economía verde ha de darse la mano con otro tipo de impulsos a la hora de interferir en la erradicación de la pobreza. Según el Global Economic Forum, los desafíos en este sentido son todavía innumerables, como la inestabilidad de las actuales políticas fiscales en la mayoría de las economías industrializadas. Existe también el grave problema de la economía ilegal- corruptelas, comercio ilegal y demás subterfugios- que fomentan la inestabilidad de los sistemas de gobernanza global. Existen también nuevos tipos de “riesgos” que han de ser vigilados: la ciberseguridad, el excesivo crecimiento poblacional, la escasez de recursos y limitaciones en relación al agua y la energía y las amenazas de armas nucleares y biológicas.

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