edición: 3001 , Jueves, 2 julio 2020
26/04/2013
Moncloa se queda sin planes

La EPA desmonta el mensaje patriota del Gobierno

Falsa lectura de la balanza de pagos, de la subasta de deuda y de dos informes económicos
Juan José González

Exceso de entusiasmo e incontenida alegría, ingredientes básicos en la cocina de quienes hoy guían la propaganda y comportamiento gubernamental. El cocinero Mariano Rajoy, se sospecha, que no desea mayor sufrimiento y mal a sus ciudadanos. Y es que la mejora puntual de una balanza de pagos, no es suficiente para echar las campanas al vuelo, asegurando que vivimos los últimos coletazos. Como tampoco debe ser vendida la piel del oso por una gloriosa subasta de letras del Tesoro, o por una caída del bono a diez años, la prima de riesgo en mínimos o la bolsa en animada recuperación. España, su economía, no está salvada ni la posibilidad de un rescate soberano debe ser despreciada. El edificio de las expectativas no se mantiene en base a dos informes económicos (Banco de España y BBVA) favorables como de los que hoy presumen en Moncloa. La última EPA da para muchas lecturas, como es la urgencia de un plan económico, que seguramente debería proponer y desarrollar otro Gobierno, un buen Gobierno. Lo cierto es que, para ser los últimos coletazos de la crisis -versión del Gobierno- están siendo excesivamente crueles. Para salir de la crisis no basta con que sólo ría uno.

Basta con que un ingrediente no guarde la proporción debida, para que el conjunto se malogre y dé al traste con cualquier plato cocinado, que deviene en indigesto. Algo así es lo que dice una vez más la EPA, cruel y despiadada encuesta, radiografía fiel y fría de la realidad, hoy situada al otro lado de la venda oficial. Para la EPA no hay justificación posible ni a corto ni a medio ni a largo plazo. Es un desastre, la imagen de la realidad, 6,2 millones de personas que declaran no tener trabajo, y de los que casi la mitad no recibe ningún ingreso.

Sin embargo, y al igual que en los contratos de preferentes, hipotecas y otros más, el secreto, el diablo y los problemas se unen y dan cita en la letra pequeña, esa que nunca se dice ni se lee. En el caso de la balanza de pagos, el indicador se comporta en un período recesivo en función de dos variables; importaciones y exportaciones. Las primeras se deprimen, no hay inversión ni consumo, y las segundas se deprimen menos, luego, la mejora en la balanza de pagos no es debida a una explosión de las ventas al exterior, sino, más bien, a una recesión interior.

La letra pequeña de la deuda, tiene similar explicación. Las expectativas (término mágico) de reducción de 25 puntos básicos en el precio del dinero en el horizonte de junio que el mercado sospecha e intuye que puede tener en mente el BCE, concede un ligero atractivo, puntual y efímero, a la deuda española, cuyas letras pasan a registros históricos en interés a la baja. Baja en consecuencia el bono a diez años, por debajo del 4,5% y la prima de riesgo `tontea´ en los 300 puntos, e incluso, se atreve con un doscientos alto.

En este punto, los expertos suelen hacer comparaciones que tiran por los suelos cualquier atisbo de optimismo, y señalan que lo que hoy se coloca con la gorra, la solvencia que hoy se presume, no es sólo PIB que se pierde o empleo que se destruye, sino también y además, es una factura a la que se le cambia el plazo, la fecha de pago, en definitiva, algo que deberán sustanciar los nietos de quienes hoy exhiben regocijo ante la inminencia en la salida de la crisis, sin reparar en que hace un año España debía 140.000 millones de euros menos que hoy, como tampoco reparan en que la deuda privada ya es dos veces el PIB.

En el empleo no hay letra pequeña; las cifras son lo que son y para desgracia de todos; parados, pensionistas y ciudadanos todos (también para los que tienen empleo) la sociedad entera, Gobierno y Oposición, los resultados de la EPA de ayer reiteran que no hay lugar, siquiera, para el optimismo oficial. Irrita y enfada la posición cínica del Ejecutivo, de su Presidente, Vicepresidenta, ministros de Trabajo, Economía y Hacienda en intentar `colar´ un mensaje que contradice la política al uso; recortes (ajuste en argot oficial) que significan una devaluación interna mediante la bajada de los costes laborales unitarios, letra pequeña (excepcionalmente) de una falsa mejora de la competitividad y productividad.

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