edición: 2593 , Lunes, 12 noviembre 2018
08/02/2011
Ban Ki-moon aboga en Davos por una plataforma dinámica de colaboración como clave para el desarrollo sostenible

La era '2.0' llega al Pacto Mundial de Naciones Unidas

Beatriz Lorenzo

En la actualidad son múltiples los hilos que componen el sutil entretejido del desarrollo sostenible a largo plazo. Son los tentáculos de la Responsabilidad Social, herramienta indispensable para la nueva gestión, los que se extienden a través de diferentes niveles: institucional, corporativo, organizacional e incluso individual. Cada vez más, las empresas y la sociedad se conectan entre sí, y el diálogo entre sectores se agiliza y ahonda en busca de respuestas. Se trata de la nueva era “2.0”, una tendencia de la que se ha hecho eco el Pacto Mundial de Naciones Unidas, a través del lanzamiento del “Pacto Mundial 2.0”.

De ese modo ha sido bautizada por el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon una iniciativa que va mucho más allá de un constituir un mero sello de aprobación, conformándose como un marco que posiciones a la Responsabilidad Social como una herramienta seria, más allá de la filantropía y el buenismo.En el marco del último Foro de Davos se lanzó el Global Compact LEAD, que cuenta con la firma de más de medio centenar de compañías líderes en sostenibilidad y responsabilidad social y ambiental y transparencia corporativa. Se trata de una nueva etapa para el organismo de Naciones Unidas,  una nueva fase que, tal como explicó Ban Ki-moon, exige "un compromiso renovado con los principios fundamentales, en lugar de encerrarse en el nacionalismo, el proteccionismo, y otros ismos que promueven mezquinos intereses comunes sobre los objetivos globales." Este es un grupo exclusivo de empresas diligentes y estratégicas en su acercamiento a temas ambientales, sociales y de gobernabilidad. No son muchas las compañías que se involucran en esta corriente, pero las que lo hacen envían un mensaje poderoso.

NUEVOS RUMBOS

La integración real y “profesionalizada” se perfila así como la clave del nuevo escenario económico sostenible. También son fundamentales las redes de comunicación, el establecimiento de alianzas de alcance mundial orientadas hacia un mismo fin: el desarrollo sostenible, la transparencia y la responsabilidad. Y es que la falta de transparencia en la comunicación con los grupos de interés y el exceso de maquillaje corporativo han sido las prácticas que más reproches se han ganado en los últimos tiempos, denostadas por una opinión pública ávida de veracidad y claridad. Por este motivo, los nuevos derroteros de la RSC de segunda generación llevan ya tiempo orientándose a fomentar el diálogo y la comunicación con los grupos de interés, afinando la información corporativa, prodigándose en memorias e informes de sostenibilidad y tratando-aunque todavía con alguna reticencia-de integrar a los stakeholders en ciertos retazos de la información empresarial.

Así, han saltado a la palestra temas tan controvertidos como la cada vez más intrincada relación Empresa-Estado, la necesidad de los consejos de administración de adaptarse a las nuevas realidades, los retos de los CEOs en el nuevo escenario económico más sostenible o la necesidad de Códigos de Buen Gobierno Corporativo como garantía de control y transparencia. El tratamiento equitativo de los accionistas y la presencia de los grupos de interés social en el gobierno de las sociedades son asimismo requisitos indiscutibles de la buena gestión corporativa. Además, el diálogo y la honestidad empresarial son dos instrumentos básicos del gobierno corporativo pluralista, en el que las distintas partes implicadas son consideradas de manera equilibrada y donde los intereses de unos pocos no prevalecen sobre los intereses de los demás.

Así las cosas, son numerosos los frentes abiertos para el “renacido” Pacto Mundial, que ha de institucionalizar los diversos mecanismos de la RSE, estableciendo un marco al efecto que atienda a los aspectos sociales, ambientales y de buen gobierno. Tras este marco surgen nuevos conceptos, como el de “ciudadanía corporativa global” que acompaña a la red de relaciones entre Empresa, Estado y Sociedad que constituyen un núcleo de análisis para un futuro inmediato. Un Estado comprometido con el buen gobierno y un buen “ciudadano corporativo” son aquellos que están activamente comprometidos con la promoción de las buenas actuaciones de la empresa en la sociedad. Esta noción, aplicable al sector publico y a la ciudadanía, inspira responsabilidades y derechos individuales en el seno de una comunidad política, teniendo como concepto clave la “participación” en la sociedad más que una serie de derechos y obligaciones individuales.

EQUILIBRIO Y TRANSPARENCIA

Para sobrevivir en el panorama empresarial del siglo XXI, las empresas necesitan encontrar un punto de equilibro entre la ética empresarial, el aumento de transparencia y la necesaria regulación para conseguirlo, sin por ello descuidar o entorpecer el objetivo final de toda compañía: la obtención de un beneficio económico para los accionistas.  Tras décadas de lenguaje empresarial viciado, tendente al secretismo o al ensalzamiento de las virtudes corporativas, surge la necesidad de una reconstrucción del lenguaje empresarial, orientándolo hacia la honestidad. Expertos como Prakash-Mani identifican varios factores del éxito empresarial de la sostenibilidad: crecimiento de los ingresos y acceso al mercado; ahorro de los costes y la productividad; acceso al capital; gestión de riesgos y licencia para desarrollar la actividad de la empresa; capital humano; valor de la marca y reputación .A estos factores se les une la transparencia como catalizador, como columna vertebral.

En el ámbito empresarial la transparencia alude a la apertura y flujo de información de las organizaciones hasta el punto que se vuelven accesibles a todos los posibles actores interesados. La transparencia no debe olvidar cuestiones tales como la publicación de cuentas y presupuestos auditados, estadísticas financieras o monetarias. La transparencia conlleva también una información disponible sin trabas o requisitos, que sea comprensiva al incluir todos los elementos relevantes, que sea confiable y de calidad, y que permita tanto una contribución al diseño de políticas, así como a dar certidumbre y confianza a las organizaciones.

En el hastiado escenario económico postcrisis, sólo una empresa ética, abierta al diálogo y a la colaboración. Es éste, finalmente, el caldo de cultivo en el que afloran las empresas firmantes del nuevo Pacto Mundial. Un desafío en el que sólo las compañías más comprometidas demostrarán su liderazgo en el siglo XXI.

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