edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
05/02/2015
Interesante pero muy cara

La especulación del Estado en Aena puede pasar factura en las urnas

Ha convertido la privatización en una puja que aportará 8.700 millones de ingresos al Estado
Juan José González
Garantizar el éxito de la colocación suele ser el primer objetivo que persiguen los gestores en una colocación pública como es el caso de la OPV de Aena. El éxito puede entenderse bajo dos criterios: que la oferta haya sido cubierta por la demanda y que el precio de la acción satisfaga al vendedor en su ánimo de maximizar el beneficio, o ingresos, de la venta. Llega la salida a Bolsa de la empresa pública en un momento en el que todo, cualquier movimiento que protagonice el Estado va a ser observado con mirada crítica. Y la venta de las acciones del operador aeroportuario supone un riesgo implícito para un Gobierno volcado en cuidar los votos. Una colocación con sobreprecio, como parece que será el caso, podría dar al traste con miles de pequeños ahorradores que no dudarían en responder en las urnas.
Horas dulces para un Estado vendedor de la empresa que controla en régimen de monopolio 46 aeropuertos (15 fuera de España) y dos helipuertos y que, tras la colocación en marcha, que puede alcanzar hasta el 49% del capital social, ingresará 8.700 millones de euros en las arcas del Estado. Todo depende del precio que finalmente fije el vendedor en una suerte de subasta alimentada en los últimos días por una sobredemanda espectacular, que ha facilitado que la compañía aumente la horquilla del precio de la acción hasta los 58 euros.

El entusiasmo en el equipo de los vendedores no puede ser mayor que el precio de la informal subasta, que puede terminar con miles de inversores minoritarios, pequeños ahorradores, insatisfechos y decepcionados por el rápido y brutal aumento del precio de la acción. Por esta razón, según señalan en el mercado, los decepcionados pueden endosarle un coste en forma de votos al Ejecutivo, algo similar al castigo que se prevé repitan los defraudados accionistas que en su día acudieron a la llamada de Rodrigo Rato en la OPV de Bankia.

Alguna de las cifras que barajan los inversores que estos días meditan su inversión en la próxima OPV de Aena, revelan que la compañía no es barata en precio. En este cálculo y tomando como referencia el rango anterior de 43 a 55 euros por acción, la compañía estaría siendo valorada en unas diez veces el Ebitda, múltiplo que el mercado considera muy elevado habida cuenta de que se trata de un negocio bastante asegurado por el crecimiento de los ingresos, por el cash flow y, sobre todo, por su posición dominante o monopolística en el mercado. Por tanto, si ahora la horquilla de precios se establece entre los 53 y los 58 euros, el precio de la acción salta la barrera de los cálculos e incrementa el riesgo de ganancia para los inversores que logren hacerse con alguna acción de la OPV.

La estrategia de la empresa pasa ahora mismo por maximizar el éxito de la colocación por el lado de los ingresos, pues si en un principio se preveían 6.450 millones de euros con la primera horquilla, la nueva revisión los situaría en 8.700 millones. Todo un éxito desde el punto de vista de los ingresos, al tiempo que toda una exhibición de gestión especulativa del Estado. Con estas premisas, la empresa ofrece a cambio una rentabilidad por dividendo en línea con los mejores rendimientos del mercado, y que en el caso de Aena puede significar entre el 3,8% y el 4,8%, una compensación al elevado precio que deberán pagar los accionistas que logren entrar en la OPV.

Pero la colocación en bolsa por parte del Estado de una empresa considerada de bandera, no debería estar salpicada por las innumerables sombras que ha dejado a lo largo de los últimos años. Aena ha sido víctima de indecisiones del Ejecutivo y perjudicada por la coyuntura de una crisis financiera que ha dejado a la bolsa en fuera de juego para este tipo de operaciones. Si bien está que el Estado valore bien, conforme a mercado (demanda) sus activos, y que logre el objetivo de maximizar sus rendimientos, debería, por el contrario, cuidar las formas en una operación que, como en el caso de Aena, debe mostrar una ejemplaridad que muestre un sello de identidad no especulativo, y que sirva de guía para el resto de las OPV futuras. Y la puja establecida por el Estado no parece que sea el mejor ejemplo a seguir.

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