edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
27/11/2012
Rajoy, sin influencia en la Unión Europea

La exclusión de españoles en puestos clave, alimenta la sospecha de un próximo rescate

Otros dos altos cargos podrían terminar en 2013 su mandato sin posibilidad de recambio nacional
Juan José González

De las cerca de 33.000 personas que trabajan en la estructura de la Comisión Europea, el 7% son españoles, tres puntos por debajo del 10%, objetivo que desde hace años lleva persiguiendo, sin éxito, el Gobierno español. Y no parece que vaya camino de lograrlo a tenor de los últimos movimientos en Bruselas, donde a una salida tan significativa como la de José Manuel González-Páramo, el aparato de la Unión ha respondido con el nombramiento de un luxemburgués, al que únicamente se ha opuesto España. Mariano Rajoy había convertido este relevo en el Consejo del Banco Central Europeo en una suerte o examen de aprobación y calibrar hasta qué punto el Gobierno español mantenía sus posiciones, las que en mayor o menor número ha venido conservando a lo largo de los últimos veinte años. Sin embargo, la pasada semana se hacía oficial el nombramiento definitivo de Yves Mersch en el lugar del español González-Páramo. Ahora, un grupo de técnicos, coordinados por Moncloa da forma a la nueva estrategia del Ejecutivo que pretende mantener las posiciones logradas por políticos y diplomáticos en esos veinte años de pertenencia al club europeo. Se trata, en suma, de remar más fuerte para continuar en el mismo lugar: "hablar los quintos".

Sirva de consuelo que, a pesar de la pérdida de la plaza de González-Páramo, tan decisiva e influyente en el corazón financiero de la Unión, España mantiene ese quinto puesto en el orden de intervención, lo que significa que tras Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, puede seguir hablando entre los grandes socios. El consuelo viene por el hecho de que esa posición no ha variado a lo largo de las últimas ampliaciones de la Unión, algo que se esperaba que sucediera tras la incorporación de dos nuevos países, al pasar de una Europa de 25 a otra de 27. En este sentido, los gobernantes españoles, tanto el anterior presidente José Luis Rodríguez Zapatero como el actual Mariano Rajoy, parecen haber `ganado´ con la ampliación, pues mantenerse como `quintos´ en el turno de intervención no ha sido sencillo.

Pero en el asunto de la colocación de técnicos españoles con un alto perfil y experiencia para ocupar puestos claves, Rajoy se está demostrando débil, con menor peso del esperado por el propio Ejecutivo. Las posiciones en los organismos de la Unión suelen prolongarse en el tiempo como consecuencia de acuerdos no escritos, posiciones producto de situaciones puntuales. Y la española estaría en ese grupo de situaciones, debido al alto grado de intervención de la Unión en las grandes cifras de España. En este apartado se situaría también, no sólo la relevo de González-Páramo en el BCE (cuyo candidato, Antonio Sáinz de Vicuña no fue considerado en Bruselas) sino además, la dirección del fondo de rescate de la UE, el denominado Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), cargo para el que el Gobierno español había propuesto a Belén Romana, ha sido adjudicado al alemán Klaus Regling.

Tras la pérdida del puesto en el BCE y del frustrado acceso al MEDE, ha llegado la hora de decir basta y actuar: el Gobierno quiere recuperar posiciones. Pero lo hace en el momento más complicado, con debilidad y acuciado por los problemas que plantea una situación próxima al rescate y con varias negociaciones de trascendencia futura abiertas, caso del déficit presupuestario, entre otros. Se quiere recuperar, como sea, la posición que en términos de reparto de poder le corresponde a España y que según sus autoridades pasaría por mejorar la presencia de representantes españoles en la Comisión y en el Consejo. Es un asunto decisivo para contar con un mínimo de poder de cara a influir en las prioridades que se marcan en la agenda europea.

En el camino donde se han quedado los dos candidatos españoles, se quedan también las esperanzas de la propuesta del Parlamento Europeo, que contemplaba la incorporación de una mujer en la cúpula de la autoridad monetaria europea. Aunque es la forma y el proceso mediante el que se han cubierto ambos puestos, lo que más ha irritado a la delegación española, provocando el desacuerdo, o veto, del socio español, de Mariano Rajoy. La forma ha sido que los líderes europeos no tuvieran en cuenta ni el dictámen negativo de la Eurocámara, que rechazó la candidatura de Mersch y que pretendía que el cargo fuera ocupado por una mujer, como tampoco tuvieron en cuenta la opinión (recomendación no vinculante) del Parlamento Europeo.

En cualquier caso, no habría que descartar que los cuatro países con mayor peso en la gestión política de la Unión, estuvieran tomando ya posiciones de exclusión del socio español, el quinto, ante un nuevo escenario, ante el rescate soberano que se puede dar en cualquier momento. De no ser así, es posible que los cuatro países hayan convenido -en acuerdo no escrito- una nueva fórmmula de rotación de puestos de influencia que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy desconoce. El temor ahora es que la hemorragia que afecta a los cargos españoles, no se haya cerrado y se lleve por delante en los próximos meses otros puestos clave en la Comisión que ahora penden de un hilo.

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