edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
29/09/2014

La exploración y producción de gas y petróleo no convencional de Estados Unidos sufre asfixia financiera

La ampliación del canal de Panamá será una vía eficiente para exportar GNL al mercado asiático
Carlos Schwartz

Este mes el Departamento de Energía de los Estados Unidos ha aprobado una serie de licencias de exportación de gas natural licuado y para la construcción de plantas de licuefacción en la zona del Golfo de México. Las perspectivas de exportación han supuesto un espaldarazo para las empresas de exploración y producción de petróleo y gas no convencional cuyos costes están en muchos casos por encima de los precios de venta en el mercado. Pero la posibilidad de que los productores puedan asaltar el mercado asiático depende en buena medida de que las obras de ampliación del canal de Panamá se acaben, ya que en la actualidad los buques petroleros y de transporte de gas tienen dimensiones y calados que les impiden transitar por el canal. La categoría más grande, el Panamax, es de sólo 80.000 toneladas de peso muerto mientras que los barcos que hacen transporte de crudo y gas actualmente están en las 120.000 toneladas de peso muerto o más.

De momento todo parece indicar que las obras se acabarán, si no hay una nueva crisis entre la Autoridad del Canal y Sacyr esto es si el Gobierno de España enjuaga pérdidas, y de ser así los plazos casarán con los de la construcción de las plantas de licuefacción y todos contentos. Sobre todo porque al sur del río Grande los únicos países con capacidad de licuefacción son Perú y Trinidad Tobago. Vale la pena recordar que ambas eran propiedad de Repsol hasta que el año pasado se las vendió en 4.400 millones de dólares a Royal Dutch Shell.

El canal es clave en este esfuerzo porque sin él las empresas estadounidenses que quieren exportar a Asia no podrían competir en precio con el gas australiano por el coste de fletes, a pesar de los precios extraordinariamente bajos del gas estadounidense. Sobre todo si se tiene en cuenta que Australia espera disponer en 2018 de una capacidad exportadora de 62 millones de toneladas anuales de gas con la puesta en marcha de nuevas facilidades para licuar gas natural y por el aumento de producción de grandes proyectos que están a muy poca distancia de los grandes mercados asiáticos. Pero la cuestión está en ver si las empresas estadounidenses de exploración y producción de gas y petróleo no convencional son capaces de llegar hasta ese horizonte. El precio de las acciones de estas empresas ha caído entre un 7% y un 18% este año a raíz de su pésimo desempeño. Las empresas producen cada vez más gas y petróleo y cada vez a menor precio, pero el gran problema es que esos precios no cubren sus costes que no bajan, más bien todo lo contrario. El precio del gas natural licuado en Estados Unidos ha oscilado en meses recientes entre los 3,5 dólares y los 4 dólares el millón de unidades térmicas británicas (BTU), aunque la proximidad del invierno parece alentar la posibilidad de que los precios lleguen hasta los 5 dólares por millón de BTU.

Uno de los elementos que juega en contra de los productores de gas no convencional es el precio del petróleo. La caída del precio del crudo no ha llegado hasta ahora a niveles que hagan deficitaria la explotación del crudo no convencional, con lo cual en el mercado se suma no solo el gas de los productores de última generación sino el que surge asociado a la producción de crudo, que presiona a su turno sobre los precios. Es decir, la abundancia de gas en el mercado estadounidense es tal que la posibilidad de que los precios se alineen de tal forma que hagan rentable su producción es escasa. Al menos de momento. Otro elemento que ha golpeado los márgenes de estas empresas innovadoras de gas y petróleo es que no están ubicadas en zonas en las que existan infraestructuras de transporte de gas y petróleo adecuadas. Los campos más recientes de Marcellus y de Utica en el estado de Ohio con sus inmensas reservas tienen de todo menos gasoductos, oleoductos o sistemas de transporte adecuado. Esto está forzando a los productores a verdaderas contiendas con los propietarios de gasoductos, a los que tienen que acabar pagando las tarifas que les pidan o entregando el gas a precio de saldo para sacar el productos de sus depósitos y hacer espacio para nuevas extracciones.

En la medida que el desarrollo de gasoductos y oleoductos requiere permisos administrativos de varios estados en los que transcurre su recorrido, una planificación detallada, mano de obra cualificada, y financiación a largo plazo, no están dentro de la capacidad de las muy endeudadas empresas independientes de gas y petróleo. El negocio ha quedado en manos de las entidades financieras. De tal suerte que la rentabilidad que pueden pagar los consorcios de transporte de gas y petróleo por los instrumentos de inversión con los que se disponen a financiar estas obras de infraestructura no están al alcance de los sobre endeudados productores independientes. De un lado los productores se encuentran frente a serias limitaciones de precios. Del otro a la falta de infraestructuras de transporte que les obligan a vender a precio de saldo.

Pero el gran problema que sobrevuela esta escena es que mientras que por más petróleo no convencional que los productores independientes extraigan nunca alcanzarán a saturar las necesidades del país; por el contrario en el caso del gas el país ya se ha convertido en autosuficiente. Y este situación no va a variar aunque la generación de energía se pase al gas de forma masiva como en el caso de las centrales térmicas a carbón o fuel. Seguirá habiendo excedentes de gas, lo que convierte a la exportación en una de las pocas válvulas de escape a esta situación. Asia es un mercado decisivo a este fin, pero Europa no es de descartar, por eso los ejecutivos de las asociaciones gasistas estadounidenses han visitado el viejo continente, incluida España vendiendo las bondades de un gas que aun no pueden exportar porque no tienen como licuar, pero para lo cual ya han conseguido las licencias y los permisos de exportación.

Mientras, todo parece indicar que los beneficiarios directos del auge del gas y petróleo no convencional en la medida que se apropiarán de la renta que los productores no están en condiciones de retener para ellos, se sientan en despachos de Wall Street y arman los consorcios industriales y financieros que harán el tendido de oleoductos y gasoductos para los nuevos campos. De momento son los que están imponiendo a los productores independientes las tarifas de peaje o los precios de venta a pie de tubería. El detalle es que en muchos casos son acreedores de las empresas endeudadas en exceso. Lo cual hace prever que sean los mismos financieros los que empujan a esas empresas a un proceso de fusiones y absorciones para sortear una crisis seria en el sector y lograr una consolidación.

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