edición: 3101 , Jueves, 3 diciembre 2020
03/09/2012
El Banco de España tapona la sangría de capitales con 236 mil millones de dinero europeo

La financiación del BCE a la balanza de pagos anuncia la inminencia de un rescate parcial

Carlos Schwartz

Los últimos datos de la balanza de pagos reflejan que el Banco de España (BdE) ha financiado a la balanza de pagos mediante la balanza financiera con 236.790 millones de euros en el primer semestre de este año. En el mes de junio el BdE aportó a la balanza financiera 60.177 millones de euros para taponar la sangría de 56.631 millones de euros en capitales que salieron del país. A expensas de ese aporte la balanza financiera acusó un saldo positivo de 3.546 millones de euros que en el primer semestre totalizó 16.973. Como el Banco de España carece de recursos propios para financiar a la economía del país, ese dinero procede del Banco Central Europeo (BCE). Hay una creciente resistencia a esta situación en los países de la zona del euro con excedentes de balanza de pagos lo que ha llevado a confrontaciones de un lado y contactos del otro para encontrar una salida a la crisis de la Unión Monetaria Europea. Una crisis que consiste en el riesgo de quebranto de un país miembro que acabe saliendo del euro dejando un agujero en los países con excedentes y en el BCE.

Para entender la peculiaridad de la situación en España hay que puntualizar que en el primer semestre de 2011 el saldo de la cuenta financiera fue de 17.290 millones de euros, pero esta cifra se componía de 22.457 millones procedentes de otros sectores, es decir inversión internacional incluida en deuda pública, menos el saldo negativo del Banco de España que fue de -5.168 millones de euros. Es decir el BdE restó dinero a las cuentas financieras del país en el primer semestre de 2011 mientras que lo aportó la inversión exterior. Si la presente tendencia se mantiene así, España puede acabar el año con una deuda intrasistema con el Banco Central Europeo superior a los 500.000 millones de euros lo que equivale a grandes rasgos al 50% del Producto Interior Bruto (PIB) del país. Por contrapartida en el primer semestre del 2011 España financiaba su déficit exterior con una balanza financiera que se nutría de la inversión exterior.

Esta es una situación a todas luces insostenible. No sólo porque los países con excedentes de balanza de pagos como Alemania, Finlandia, Holanda, con cuyos recursos el BCE enjuga el déficit español se resisten a un incremento de los flujos financieros. También porque el propio BCE necesita de alguna forma frenar el flujo. De lo contrario corre el riesgo de que en caso de un impago de España haya una quiebra del sistema de bancos centrales europeos. La única forma que tiene el BCE de cerrar el ciclo es apuntalar la deuda pública española de forma tal de que España pueda volver a financiarse en los mercados y no solo haga frente a sus vencimientos, sino que logre generar un flujo de entrada de dinero para financiar al país.

Esta necesidad perentoria va a dar lugar en un plazo relativamente breve de tiempo a un intervención de la Unión Europea en la forma de un segundo rescate limitado destinado a sostener la financiación española en los mercados que se sumará así al rescate de la banca. Como ya ha señalado el presidente del BCE esa financiación no será gratuita. Tendrá un nuevo memorando con condiciones. La nueva avalancha de condiciones hará aun más compleja la posibilidad de estimular la economía y va a profundizar aun más la recesión.

Jugando a los demócratas, fuentes de la UE comentan que se “trata de establecer el marco de actuación, y luego que cada país decida” en referencia a las necesidades de estabilizar los mercados para la deuda pública de España e Italia. Esta no es más que una verborragia demagógica porque España será obligada a pedir el rescate más pronto que tarde le guste o no porque hay un principio de acuerdo en el eje Berlín-Fráncfort para frenar la espiral de endeudamiento. Sin embargo un rescate parcial no va a resolver el problema. Lo único que hará es colocar un parche sobre una herida demasiado extensa. La hipótesis de que España saldrá de la espiral si se reducen aun más los salarios, se recorta más el gasto social -incluidas las pensiones- hasta lograr incluso un superávit a expensas de una reducción drástica de todo gasto público porque habrá un punto en el que la inversión exterior retorne de forma continuada no es creíble.

Este es un argumento que encubre los intereses de los promotores de esa política: los países con excedentes y un BCE hasta el cuello de transferencias a la periferia del euro. El problema es que la dimensión del rescate que necesitaría España realmente no es abordable por la Unión Europea (UE). Ese rescate requeriría una operación a gran escala con la participación del Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo cierto es que ya ha habido conversaciones bilaterales y trilaterales, sin la presencia del interesado, es decir del Gobierno español, para valorar esta opción.

De momento, en cualquier caso se abre un compás de espera que será rellenado por un inacabable rescate de la banca, y acto seguido un acuerdo sobre la intervención del BCE en los mercados secundarios de deuda de España e Italia. Está claro que en estas vicisitudes lo que está en el fondo en juego es la supervivencia de la unión monetaria europea y su divisa, el euro. Pero es probable que la prueba de fuego para la divisa no sea precisamente España sino el desenlace de la relación con Grecia dentro de la UME. Septiembre se ha convertido en un mes clave en todos los sentidos pero en términos de la supervivencia del euro es crucial.

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