edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
24/04/2017

La fragmentación electoral en Francia replantea responsabilidades en la reactivación de la eurozona

La acumulación de excedentes récord por Alemania y su reticencia a la inversión frenan las economías
Carlos Schwartz
El desmoronamiento del Partido Socialista francés y el apurado triunfo de Emmanuel Macron con su nuevo partido En Marcha, sobre Marine Le Pen, la dirigente del derechista Frente Nacional, abre la puerta a una segunda vuelta que dará la supremacía al ex ministro liberal de François Hollande, pero no podrá ocultar que más del 40% de los votos en Francia apuntan a la línea de flotación de la Unión Europea (UE) si se suman los resultados del Frente Nacional y del frente de izquierda liderado por Jean Luc Melenchon bajo el nombre de Francia Insumisa. Un panorama fragmentado que refleja la disolución de los partidos tradicionales, el auge del populismo, y las tendencias centrífugas que dominan el panorama político de la UE. El antecedente inmediato de esta situación es el Brexit. Pensar que este proceso político extendido, al que la propia España no es ajena, es fruto exclusivamente del mal gobierno en cada país es creer que la propia zona del euro no juega papel alguno en el crecimiento económico de sus países miembro. Vale la pena reflexionar sobre el hecho que mientras la actividad económica en Francia tiende al estancamiento, y el Gobierno socialista de François Hollande apeló a una supuesta reforma estructural con una reforma laboral que lo enfrentó a los trabajadores sindicalizados y sin sindicalizar de Francia y mientras persiste en el país un clima de preocupación por los posibles nuevos recortes a las conquistas sociales y salariales, la principal economía de Europa, la de Alemania, registra por segundo año consecutivo un superávit de su balanza comercial y de pagos resultado del crecimiento de sus exportaciones al resto del mundo y de sus reducidas importaciones por relación a la dimensión de su Producto Interior Bruto (PIB).
El excedente comercial de Alemania frente al resto del mundo fue en 2016 de 256.526 millones de euros superando el récord registrado en 2015. La balanza comercial con Francia ha sido desfavorable para París en 31.605 millones de euros mientras que ante España el excedente alemán ha sido de 12.862 millones de euros. El excedente de la balanza comercial alemana más alto es frente a Estados Unidos con 63.933 millones de euros. Ha sido este dato el que ha llevado a la administración de Donald Trump a afirmar que el éxito comercial alemán es el resultado de una moneda devaluada como si Alemania pudiera controlar el tipo de cambio del euro.

Pero más allá de los desvaríos de Trump y su secretario de Comercio el propio Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), ha señalado que “Simplemente no existe en el resto del mundo suficiente demanda de capital para absorber estos excedentes de ahorro sin que los retornos declinen”. Ha sido la fórmula indirecta utilizada por el presidente del BCE para hacer a Berlín responsable al menos en parte de los bajos tipos de interés por los cuales los economistas de Alemania culpan al propio BCE. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha señalado en recientes análisis a la acumulación de excedentes en las balanzas de pagos como una fuente directa de potenciales desequilibrios que pueden desencadenar crisis financieras detonadas por la deuda. El superávit comercial de Alemania frente al resto del mundo es del orden del 8,19% del PIB del país.

Mientras tanto, la política económica de Berlín evita conscientemente reducir la tasa de ahorro nacional en beneficio de la inversión productiva y el gasto de las familias. Esto tiene una consecuencia directa sobre las economías de la zona del euro que con su proximidad comercial podrían incrementar su volumen de exportaciones al país mejorando de inmediato la balanza comercial y reactivando la actividad económica de los principales socios comerciales de Alemania.

La acumulación de excedentes por parte de Alemania no es un fenómeno monetario, es el resultado del crecimiento de las exportaciones germanas. Incluso si Estados Unidos intentara limitar la entrada de bienes alemanes con derechos compensatorios es probable que Alemania fuese capaz de reducir sus costes de producción incorporando más tecnología a su base  productiva lo que no haría más que empeorar la situación. La única forma en que se pueden corregir los desequilibrios es por la vía de la inversión interior en Alemania, es decir mediante una reducción del ahorro nacional. Hasta ahora Berlín ha sido reticente a un cambio de política económica en este sentido aduciendo que el endeudamiento es una mala práctica. Sin embargo, el país no entraría en un ciclo de endeudamiento, se trata simplemente de asignar el ahorro nacional a la inversión pública y privada.

Un dato de este cuadro que afecta directamente a todos los socios comerciales europeos es el excedente fiscal de Alemania. El año pasado la hacienda pública alemana tuvo un excedente sobre sus gastos de 23.700 millones de euros que se han sumado al ahorro nacional. Alemania afirma ante las críticas de Estados Unidos que el tipo de cambio del euro depende de la política del BCE y que por tanto es a Frankfurt y a Bruselas adonde se deben dirigir los cañones de la administración Trump. Pero mientras tanto Berlín se opone con tenacidad a la posibilidad de que una reforma de la legislación de la UE adopte los mecanismos necesarios para que la Comisión Europea pueda corregir los desequilibrios fiscales y comerciales del bloque con el resto del mundo y entre los países de la propia UE. El único camino viable para ello sería dotarse de la capacidad necesaria para corregir la desviación entre ahorro e inversión, algo que Berlín jamás admitirá.

Alemania no es capaz de reflexionar sobre estos hechos, porque el gobierno de las naciones no tiene la capacidad de medir algo que no sea el presunto interés inmediato de sus electores y de sus intereses económicos corporativos aunque en el largo plazo ese beneficio siembre las bases de la destrucción. Uno de lo principales afectados por el derrumbe del euro y de la UE sería la propia Alemania que es el gran beneficiario de esta estructura monetaria y política supranacional.

Las elecciones francesas son reflejo de la política económica de la UE supeditada a las necesidades de Alemania y de la incapacidad de los políticos de Francia para hacer frente a esta realidad. En enero de 1923 tropas de Francia y Bélgica invadieron la cuenca del Ruhr en Alemania como represalia por la falta de pago de las reparaciones de la guerra de 1914-1918 recogidas en el Tratado de Versalles. Tanto las reparaciones de guerra desproporcionadas, exigidas centralmente por Francia, como el propio tratado fueron considerados por los historiadores y algunas personalidades en ese momento, como J.M. Keynes, como el sustrato del posterior ascenso del nacional socialismo y sin dudas fueron el motor de la hiperinflación que se asegura es el origen del horror germano a este mal. La persistencia de los elementos fundamentales que condujeron a la crisis de 2008 en la Europa actual y los desequilibrios como la acumulación de excedentes de un lado y de déficit del otro están en la base de los fenómenos políticos que en el medio plazo atentan contra la supervivencia de la UE.

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