edición: 2580 , Martes, 23 octubre 2018
27/01/2012
EL DEDO DE MADOZ

La fusión DB-NYSE arrinconada por Joaquín Almunia arriesga el voto negativo de los 27

Carlos Schwartz

El 1 de febrero los 27 miembros de la Unión Europea (UE) deben ratificar su criterio sobre la fusión entre la New York Stock Exchange (NYSE) y la bolsa alemana Deustche Borse (DB) cuyo objetivo de consolidación cumplirá un año el mes entrante. En febrero del año pasado ambas bolsas anunciaban su objetivo de fusión en medio de una verdadera fiebre por la consolidación de los mercados bursátiles. Pero a la vuelta de 12 meses más de un intento ha quedado en el camino. La fusión entre la Bolsa de Londres (LSE) y la de Toronto se hundió tras la reacción de la banca local que creó el consorcio Maple Leaf bajo un sesgo nacionalista en un intento por preservar el mercado dentro de las fronteras del país. También cayó bajo las patas de los caballos el intento de fusión entre la bolsa de Singapur con el mercado australiano ASX. Los observadores del sector esperan que un reducido grupo de países den el visto bueno a la operación. Entre seis y siete votos favorables es la apuesta más firme.

Con este desenlace el proyecto de crear una fuerza dominante en el mercado de derivados con la fusión entre Liffe (NYSE) y Eurex (DB) queda bloqueado. Los analistas consideran que esa fusión implicaba un control del 85% sobre el mercado de futuros de tipos de interés basado en el euro y de futuros sobre la deuda pública alemana. El opositor más empecinado del proyecto ha resultado ser el comisario de la competencia de la UE, el español Joaquín Almunia.

Los ejecutivos de ambas bolsas se encontraron con un muro poco dispuesto a atender razones. “No medimos adecuadamente el proceso”, dijo el presidente de NYSE, Duncan Niederauer, ayer admitiendo que no se esperaban una resistencia tan enconada a su proyecto. La tesis central defendida por DB y NYSE en contra de la opinión del departamento de Almunia es que medir la competencia de los mercados dentro de la UE es un error. La competencia debe medirse en términos globales, de acuerdo con los ejecutivos de ambos mercados. Es decir, aquí lo que importaría es que la Fusión DB-NYSE compita con el Chicago Mercantile Exchange (CME) y que el resto de Europa se arremangue.

Lo cierto es que a la luz de los reveses del proceso de consolidación iniciado ahora hace un año hay una lectura clara que hacer. De un lado las administraciones públicas se muestran reticentes a admitir el proceso por un temor al descontrol de los mercados regulados que se convertirían en gigantes globales fuera del alcance real de las autoridades locales. Algunos actores relevantes de los mercados nacionales, como los bancos temen verse sujetos a ese monopolio que se reflejaría en una fijación unilateral de precios que puede encarecer las operaciones en los mercados pese a preconizar precisamente lo contrario. Es probable que uno de los principales elementos disuasorios sea la posibilidad de que un inmenso mercado de derivados quede en manos de un monopolio de hecho con el consiguiente incremento del riesgo sistémico. En cualquier caso la posición mayoritaria en Europa asegurará que en el mercado de derivados se mantenga la competencia.

De acuerdo con los analistas del sector, los mercados organizados de acciones dejan un margen de negocio sumamente estrecho con volúmenes poco significativos como consecuencia colateral de la crisis financiera. Por el contrario el mercado de derivados sigue en alza y en él los márgenes se mantienen boyantes. Un hecho marginal a la posible votación desfavorable a la fusión germano americana es el respiro que el incidente supone para la LSE que veía sumamente amenazada su naturaleza de plaza privilegiada. En realidad el segundo mercado británico que realiza un marketing muy enérgico y pretende convertirse en el mercado de referencia para las pequeñas y medianas empresas con altas tasas de crecimiento era una de las potenciales víctimas de la operación al igual que el CME Group (la fusión entre el Chicago Mercantile Exchange y Chicago Board of Trade en 2007) que intenta una expansión de su negocio de derivados en Europa. Sin embargo, en el fondo de estos hechos se mueve el fantasma de la crisis. Los mercados de acciones se suponen diseñados para que las empresas obtengan capital en condiciones más ventajosas. Las limitaciones especulativas que son intrínsecas a los mercados de acciones se ven desbordadas por los mercados altamente especulativos como lo son los de derivados. En realidad lo que estas circunstancias ponen de relieve es que los excedentes de liquidez buscan una rentabilidad rápida en la especulación.

La fuerza motriz de esta situación son los propios bancos con sus tesorerías alimentadas por las subastas baratas de dinero a ambos lados del Atlántico. La liquidez fluye de los bancos centrales a los bancos agonizantes y estos se concentran en realizar plusvalías de la forma más rápida posible. No titubean ante las diversas formas de carry trade, vinculados a divisas o en su propia moneda, con posiciones cortas y sin ellas, cubiertas o sin coberturas. Lo que haga falta. Es esta forma de operar lo que ha permitido a la mayoría de los bancos que recibieron dinero del Troubled Asset Relief Programme (TARP del 2009) de la Reserva Federal (Fed) devolver el dinero que recibieron en un año y hacer unos beneficios siderales. Cuando las cosas se volvieron a complicar, la Fed volvió a inyectar dinero.

Así, y tras tres rondas de creación de dinero, ahora el banco de bancos estadounidense anuncia que no tocará los tipos de interés hasta el 2014. La fijación de este horizonte es fundamental, porque ahora los departamentos de inversión de la banca estadounidense saben en qué plazos deben moverse en sus operaciones especulativas. El Banco Central Europeo pese a todas las críticas que recibe por su política titubeante ha dado muestras recientes de que además de ser consciente de la grave situación de liquidez de la banca en el continente, y mientras arrecia el debate sobre si lo que hace es quantitative easing o no, tiene la voluntad de actuar como prestamista de último recursos para el sistema financiero de la zona del euro.

De no ser así a estas alturas tendríamos quiebras bancarias en cadena. El único problema es que la liquidez no acaba en las operaciones de crédito para la clientela. Aunque a decir verdad, eso al presidente del BCE y su consejo ejecutivo poco le importa. La cuestión es que compren deuda pública y alivien la presión sobre los mercados de deuda soberana cuya caída en picado también amenaza los beneficios del BCE. Como se comprenderá, en estas condiciones, los mercados que importan son los altamente especulativos. Y esos, en estos momentos, no son las bolsas. Esto lo ha puesto de relieve de forma dramática recientemente la escandalosa quiebra de MF Global que operaba dentro del CME y que ha dejado un agujero de 1.200 millones de dólares. Algo no va bien...

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