edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
12/11/2009
BELVEDERE

La fusión de cajas camina imparable, al igual que las intervenciones de las CCAA, pese a los traspiés

Casos como el de Caja Madrid despiertan inquietud y condicionan el proceso
Un nuevo escándalo, más grave que el madrileño, se está gestando en Valencia
Francisco Camps y Esperanza Aguirre
Alfonso Pajuelo

Son varios los procesos de fusión de cajas en marcha y varios más los que todavía están sobre el papel o en fase de consultas previas. El Banco de España sugirió imperioso un plazo para sustanciar las operaciones y no queda mucho para que se cumpla. El aviso tiene importancia creciente porque el paso de los meses va a provocar un deterioro de las ratios de solvencia -no con carácter general- y en la medida que eso se produzca, el regulador aumentará sus posibilidades de intervención. Por el momento siguen en marcha procesos en Andalucía, Cataluña y Castilla y León. Asturias también ha dado un paso que quizá tenga continuidad porque la compra de CCM no es suficiente para casi nada. Queda la incógnita de otras cajas uniprovinciales -Murcia, Cantabria, Madrid y Rioja- que tienen aristas distintivas y que no van a tener, por el momento, la “suerte” de Asturias. En Castilla y León se ha producido un proceso fallido al separarse Caja Burgos del acuerdo de Duero y España, un traspiés que conviene no dramatizar, es poco importante, porque lo relevante es la otra unión. Burgos ha huido con el peregrino argumento de que tiene proyecto propio y en solitario, ya la harán entrar en razón. En Cataluña están nerviosos porque no llegan las ayudas del Frob, una curiosa inquietud porque pone de manifiesto que en los dos procesos en marcha se depende de las ayudas públicas, es decir, ambos grupos tienen entidades con problemas, algo que en sí mismo debería despertar mayor interés del supervisor. Pero la situación más llamativa se da en Valencia porque allí está en marcha un proceso intervencionista de mucha mayor gravedad que lo ocurrido en Madrid.

Empezemos por lo último. La comunidad autónoma valenciana está en una situación delicada a nivel político por la corrupción y la crisis política del PP. Sin embargo, Campsha comenzado a moverse con las cajas de la autonomía de una forma que sonroja y que después de observar lo ocurrido en Madrid, trata de imponer el control político absoluto en CAM, Bancaja y Onteniente. Camps conseguirá hoy, si nadie lo impide, que el Parlamento autonómico apruebe el nombramiento de 25 consejeros generales a los que toca renovar en Bancaja, pero con la peculiaridad de que todos serán elegidos por el PP, sin aplicar la proporcionalidad habitual. Otro tanto se apresta a hacer en CAM y Onteniente. Camps quiere que las cajas hagan lo que el decida sin rechistar y sin fisuras entre sus propias filas. Y lo que quiere Camps está muy claro porque ha sido muy explícito: nada de operaciones fuera de la zona. Parece que Feijó quiere lo mismo en Galicia pero allí la situación no llega a los mismos extremos aunque las intenciones sean iguales mismas.

Galicia tiene tres cajas y dos de ellas, Galicia y CaixaVigo, de un tamaño ya considerable. En Valencia, otro tanto. El problema es básicamente político porque ambos gobiernos no quieren perder el control de sus cajas y por ello fuerzan con todas las armas a su alcance fusiones de las locales, cerrando cualquier otra posibilidad. No quieren a nadie más controlando la caja y el poder que eso da. Pero una cosa son los intereses políticos y otra muy distinta la lógica económica. Sería admisible la fusión intrarregional si eso fuera el primer paso hacia una interregional. Pero no parece que esa sea la intención. No les importa que las fusiones endogámicas sean las más costosas en términos de empleo -están en juego muchos miles de despidos- y de cierre de sucursales.

Es verdad que las cajas resultantes tendrán una estructura mucho mejor y por lo tanto mejorará la solvencia y la competitividad. Pero también es cierto que lo único que se consigue es ganar tiempo porque una caja constreñida territorialmente es un problema futuro.

La situación se plantea muy distinta en Castilla y León. Tras un primer intento de intervención política, las cajas se rebelaron y consiguieron una aceptable cuota de autonomía que ha desembocado en una primera fusión entre Caja España y Caja Duero, una interesante operación sin duda. Burgos, que es poca cosa, se ha descolgado y la verdad es que no le han hecho ni caso porque sus razonamientos son tan penosos que más bien antes que después tendrá que admitir lo inevitable o ponerse a las órdenes de una operación política. Sus cuentas no admiten los juegos malabares porque sólo puede optar a caminar sobre el alambre. Quedan otras dos cajas de respeto en la zona y ya veremos lo que pasa. En cualquier caso, sería muy interesante que Duero y España hicieran una apuesta mayor e intentaran con posterioridad salvar las barreras regionales optando a una caja foránea o invitándola a participar. En su caso, el tamaño les posibilita para una operación de envergadura.

Caja Murcia está moviéndose y no sería de extrañar que diera la sorpresa en cualquier momento. Se han puesto sobre el papel varias operaciones posibles. La última -sin confirmar- implicaría a una caja aragonesa y a Caja Asturias. Esa sí que sería una operación interesante y ojala supere la fase de las meras intenciones.

En cuanto a Caja Madrid, pues la situación es la que es, penosa. Tendrá nuevo presidente -no se sabe cuando- impuesto a la CAM por Rajoy, que no es presidente de la autonomía pero da lo mismo. Él ha elegido a Rato y por lo tanto se hace responsable de lo que allí ocurra, lo que ya de por sí representa un riesgo político y que por lo tanto provocará inevitablemente posteriores intervenciones desde Génova. Un dislate. Lo cierto que que Caja Madrid está perdiendo un tiempo precioso porque está imposibilitada para hacer ninguna operación. Además, el tiempo juega en su contra porque es inevitable un cierto deterioro del balance y eso restará potencial a la hora de hacer cualquier operación, operación que en todo caso llegará con los descartes porque quizá no llegue a tiempo a otra. Entre Rajoy, Feijoo y Camps han liado una buena en las cajas. Y eso que Rajoy se postuló públicamente como adalid de las despolitización de las cajas.

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