edición: 2511 , Martes, 17 julio 2018
10/07/2014

La futura presidencia de Juncker en la CE alienta cambios en las telecomunicaciones de Europa

La próxima Comisión deberá solventar desacuerdos de fondo entre sus criterios y los del Consejo
Carlos Schwartz

La futura presidencia de la Comisión Europea que deberá encarnar Jean-Claude Juncker, el miembro del Grupo Popular Europeo de Luxemburgo, a partir del 31 de octubre de este año ha despertado fuertes expectativas de progreso en la consolidación a nivel nacional en el sector de las telecomunicaciones. El viento de cambio ha sido anunciado por la autorización por parte de la Comisaría de la Competencia, presidida por Joaquín Almunia, con la autorización de la fusión en Alemania entre E-plus y Telefónica Deutschland por importe de 8.600 millones de euros. La asociación de propietarios de redes de telecomunicaciones de Europa, ETNO por sus siglas en inglés, saludó esta decisión como un verdadero cambio de signo en la política de la Unión Europea frente al sector. Sin embargo, el entusiasmo de ETNO no alcanza a ocultar la naturaleza del mensaje de Almunia. Este ha dejado claro que desde el punto de vista de la Comisión Europea y de la comisaría que preside el problema de la caída de ingresos de los operadores en los últimos cinco años no es un problema de cantidad de operadores.

Mientras por un lado Competencia autorizaba la operación afirmando que los “remedios” ofrecidos por Telefónica a la pérdida de competencia que suponía la fusión del segundo y tercer operador del mercado alemán, el más grande de Europa para la telefonía móvil, por el otro reiteraba las advertencias. Para la Comisión los problemas surgen de la fragmentación del mercado, de la ausencia de un mercado único ya que siguen primando los mercados nacionales, de la falta de un regulador único y la existencia de legislaciones muchas veces divergentes. De acuerdo con fuentes próximas a la CE “este es el criterio dominante en la Comisión y no sólo en la Comisaría”. Sin embargo, Juncker deberá proponer los 27 miembros para las respectivas Comisarías de la Comisión de la lista presentada por los estados miembros que tienen que ser refrendados por el Consejo de Ministros y luego por el Parlamento. En este proceso se deberán ir depurando los objetivos de Competencia en el terreno de las telecomunicaciones. Ocurre sin embargo que tanto la Canciller alemana Angela Merkel, como el propio Juncker y el Gobierno francés por boca de su ministro de Economía, Arnaud de Montebourg, han manifestado su acuerdo con el proceso de consolidación a nivel nacional.

También España ha dejado claro que está a favor del proceso de concentración y de acuerdo con fuentes del mercado “Italia está en la misma postura”. Esta suma de intereses favorables anuncian un muy posible cambio de orientación. Algunos analistas señalan que “la operación de Telefónica en Alemania pone de relieve que se puede encontrar un punto de equilibrio que no haga mella en la competencia dentro del mercado preservando el interés del consumidor”.

Almunia ha expresado el principio por el que se ha gobernado hasta ahora Competencia: ninguna consolidación puede ir en contra de la preservación de los intereses de los consumidores. La cuestión es dónde está el punto de equilibrio. “La guerra de precios impulsada por los operadores con menores costes, como el caso de Illiad con su operador Free en Francia que ha puesto contra las cuerdas a Bouygues Telecomunication, se ha sumado a la necesidad de sostener las grandes inversiones necesarias para el desarrollo de la nueva generación de telefonía móvil y transmisión de datos conocida como 4G”, señala un analista del mercado.

La interpretación de Competencia que tiene más peso desde el punto de vista del análisis es que los costes de entrada a los mercados nacionales de las telecomunicaciones móviles en Europa es muy alto, entre otras cosas por la existencia de políticas nacionales divergentes sobre la disponibilidad de espectro radioeléctrico. Es sin dudas cierto que el espectro es finito, y que las autoridades nacionales manejan discrecionalmente la disponibilidad del mismo. Pero esto se debe a que para las autoridades nacionales el espectro es una fuente de ingresos fiscales y no una palanca para el desarrollo de las telecomunicaciones.

Mientras, algunos operadores critican las condiciones que Competencia pone a la simplificación del mercado, afirmando que lo que el regulador europeo pretende es esterilizar el efecto de las consolidaciones lo cual hace poco significativas las autorizaciones. Es cierto que en “Europa hay jugadores globales, pero deben operar en mercados nacionales fragmentados” tal como señala Almunia, quien afirma que lo que diferencia a Europa de los otros grandes mercados como Estados Unidos o China es que en esos países “hay un mercado único”.

Pero en el fondo de esta reflexión hay una falacia que todos reconocen aunque no la admitan en público. Europa es una unión de estados nacionales y no una nación de estados federados constituidos como nación en el siglo 18 y consolidada en el siglo 19 tras una guerra civil. Si lo que pretende Competencia es saltar por encima de los procesos históricos y forzar el establecimiento del mercado único de las telecomunicaciones por la vía política suprimiendo los reguladores nacionales y reemplazándolos por uno supranacional debería preguntarse porque otras necesidades más perentorias como un Tesoro único no pueden ni siquiera abordarse.

Fuera de la zona del euro se ha registrado dentro de Europa otro movimiento de consolidación con la venta de la filial noruega de la sueca Tele2 a la filial noruega de la también sueca Telia Sonera. La operación por importe de 5.100 millones de coronas suecas supone también una reducción de operadores en el mercado de Noruega de cuatro a tres, y va a implicar también la venta de parte de la operación resultante.

Sin embargo, de acuerdo con algunos analistas del sector el progreso de la consolidación en las telecomunicaciones europeas “tiene que sortear aun muchos escollos políticos dentro de la UE”. Esas mismas fuentes consideran que el próximo movimiento se deberá registrar en Francia donde hay una verdadera determinación por parte del Gobierno de simplificar la competencia y poner fin a la guerra de precios que amenaza el empleo en el sector. El otro país en el que una consolidación está en el aire es Italia, donde Telefónica tiene importantes intereses en el ex monopolio estatal Telecom Italia.

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