edición: 3056 , Martes, 29 septiembre 2020
21/05/2012
A la banca le crecen los enanos
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad

La gestión de la crisis bancaria desacredita al Gobierno

Sobreexposición del sector: en boca de la opinión internacional, fiasco de Bankia y ahora, el Fiscal General del Estado en escena
Juan José González

Entre subastas, acopio de provisiones, saneamientos intensivos, pendiente el ajuste de red y plantilla, huérfanos de Banco de España, a punto de anunciar la interrupción temporal de los dividendos, con 150.000 millones en créditos de dudoso cobro, se enfrentan ahora con incómodas auditorías externas, impuestas por un Ejecutivo presionado como nunca por un guión que desde hace unas semanas incorpora el término “intervención” a la jerga particular. Bancos “intervenidos” políticamente con la coartada de un “estado de necesidad”. Para colmo de males, la implosión de Bankia, y a partir de ella, la exteriorización de una crisis “escondida” o “tapada”, a la sombra de la desidia del Supervisor y de los ministros de Economía –Salgado primero, De Guindos ahora- ha provocado un frenazo en seco de las últimas operaciones corporativas en marcha –cuando se pretendía lo contrario-. La judicialización de la crisis bancaria, por la vía de las presuntas irregularidades de los gerentes y ex gerentes de las cajas, con el Fiscal General del Estado tomando cartas –un poco tarde- en el asunto, es la gota que colma el vaso. 

La historia contemporánea, no recuerda un sector bancario con tantos frentes de batalla abiertos al mismo tiempo y tampoco tan expuestos. Podría decirse que, si consigue superar el trance, nos encontraremos ante una nueva banca: la banca del futuro, por el momento tan sólo una ilusión óptica. Y no es una ilusión precisamente, que hoy lunes la banca conozca las dos entidades que van a conocer la ropa interior de sus cuentas para valorar la cartera de activos y saber si precisan hacer más provisiones. Es sin duda, la prueba de fuego, o del algodón, para determinar en qué medida el sector bancario español estará “obligado” en muy corto plazo, a recurrir al fondo de rescate europeo para recapitalizar la banca, movimiento que en un amplio círculo de banqueros se da por hecho, recurso al fondo de rescate que este mismo fin de semana ya estaba en boca de varios dirigentes políticos nacionales e internacionales.

El Ejecutivo español ha debido escuchar en estos días multitud de opiniones “externas” nada agradables, que dicen bastante sobre la escasa fortuna de algunas decisiones y de la falta de diligencia en la gestión de la crisis financiera. Opiniones relevantes procedentes de alemanes, italianos, ingleses y franceses que en otras coyunturas debería haber provocado reacciones contundentes, respuestas gruesas por entender como intromisiones en asuntos internos.

Cómo es posible que un Gobierno recién llegado al poder, y con una abrumadora mayoría, se siente tan timorato en la toma de decisiones. La pregunta es obligada por la gravedad extrema de la situación financiera de la economía española. Pero la respuesta se presta a multitud de variantes. Desde una sospecha –bastante fundada- de que los actuales gobernantes no hicieron los deberes en la última fase de la oposición, a sabiendas de que al Gobierno socialista le quedaban apenas unos telediarios, hasta un exceso de imprudente confianza en que la gravedad de la crisis estaba sobrevalorada.

En cualquier caso, no se puede aplaudir la gestión de la crisis del ministro de Economía, Luis de Guindos, como tampoco la de su jefe, el presidente del Ejecutivo, delegando en su ministro toda la responsabilidad y respuesta pública a tanta opinión externa y caos en la ejecución de la estrategia de la restructuración bancaria. Prueba de ese caos y falta de acierto, es el momento y la vía elegidos para abordar la que se daba como la última fase de la reforma bancaria sin haber resuelto la asignatura pendiente de Bankia, asunto en el que la directora del FMI, Christine Lagarde consiguió sacarle los colores al ministro, al Gobierno y a buena parte del sector financiero.

Puede decirse que, la pasividad de Economía en coger al toro por los cuernos de Bankia, provocó que le explotara en las manos una bomba que llevaba destino Cibeles, con el agravante de que el suceso se produjo en un momento en el que la reforma promovida por el Gobierno exige una provisión cercana a los 30.000 millones de euros (a sumar a los 54.000 millones del anterior decreto de febrero) condenando, definitivamente a varias entidades a registrar pérdidas. Y si no hay beneficios, no hay nada que distribuir.

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