edición: 2494 , Viernes, 22 junio 2018
16/09/2009
OBSERVATORIO DE PATENTES Y MARCAS

La gestión de los activos intangibles en las empresas innovadoras

PONS PATENTES Y MARCAS
En momentos como los actuales, de crisis económica, las empresas y organizaciones toman aún mayor conciencia de que su valor y su capacidad para diferenciarse de los competidores no está en sus activos físicos: edificios, capital financiero, maquinaria…. Para sobrevivir y crecer en este mercado global y turbulento, necesitan generar ventajas competitivas, cuyo origen radica en su capacidad de innovación, sus estrategias de márketing, los conocimientos y experiencia de su personal, los derechos de propiedad industrial e intelectual, la fidelidad de los clientes, la utilización de nuevas tecnologías…, en definitiva, todos aquellos factores que se conocen como capital intelectual o activos intangibles, y que siempre han estado presentes en las empresas, aunque sólo en los últimos años empezaron a tomar conciencia de ellos.

El reto para las empresas está, ahora, en identificar sus activos intangibles y gestionarlos adecuadamente, para que produzcan auténticas ventajas competitivas, contribuyendo a mejorar su negocio tradicional, desarrollar otros nuevos, o abordar su expansión internacional.

La cuestión que se nos plantea, a renglón seguido, es, precisamente, cómo identificar ese capital industrial e intelectual de la empresa.  El conocimiento y la capacidad de innovación constituyen la esencia del capital intelectual, pero para transformar ese capital intelectual, la mayoría de las veces oculto e infrautilizado, en beneficios tangibles, deben identificarse previamente los mecanismos clave del negocio: capital humano (conocimiento que poseen las personas y equipos), capital estructural (elementos tecnológicos y organizativos) y capital comercial (relaciones de la empresa con el exterior). Si la empresa es capaz de identificar, gestionar y poner en valor sus activos intangibles, podrá extraer todo su potencial para ser más competitiva.
 
Por su especial importancia, nos centraremos en unos de esos activos intangibles, que se conocen como “Derechos de Propiedad Industrial e Intelectual”, expresión poco ilustrativa que engloba, sin embargo, un amplio abanico de oportunidades: patentes, marcas, diseños, derechos de autor…Atrás han quedado los tiempos en que los planes de estudio universitarios y la realidad de las empresas obviaban su importancia y, en la actualidad, constituyen el objeto de una moderna rama de especialización jurídica y económica.

Las empresas que permanecen y crecen en la economía del conocimiento, identifican y protegen sus activos de propiedad industrial e intelectual: invenciones desarrolladas o adquiridas por la empresa, signos distintivos de sus productos o servicios, nuevos diseños para sus productos, manuales operativos, programas de ordenador…..., conscientes de que no basta con cumplir con la normativa fiscal o laboral, sino que precisan proteger y defender sus derechos de patentes, marcas, o diseños para garantizarse su disfrute pacífico, y, al tiempo, evitar conflictos con terceros, asegurándose que su explotación no infringe los derechos previos de otros titulares.

A diferencia de lo que se pueda pensar, la propiedad industrial e intelectual no es sólo cosa de grandes empresas que gastan auténticas fortunas en patentar por todo el mundo los resultados de su I+D, o de multinacionales cuyas marcas  son reconocidas en cualquier rincón del planeta. Empresarios individuales y PYMEs son, a menudo, creadoras de valiosas innovaciones y realizan importantes esfuerzos de todo orden para desarrollar nuevos productos, procesos, diseños, marcas, etc. La protección de todos esos derechos de propiedad industrial e intelectual les permite obtener el retorno de su inversión, y prevenir que otros les copien y se beneficien de su esfuerzo y reputación, además de ser una importante fuente de ingresos, vía cesión o licencia a terceros interesados en explotarlos. El pleno aprovechamiento del sistema de la propiedad industrial e intelectual, permite a las empresas beneficiarse de su capacidad innovadora y su creatividad, lo que, a su vez, fomenta la innovación

Sin embargo, la falta de información suficiente sobre la importancia de la propiedad industrial e intelectual en las actividades empresariales cotidianas; los costes, en ocasiones elevados, ligados a la obtención y defensa de estos derechos, y la creencia de que el sistema de propiedad industrial e intelectual sólo está al alcance de unos pocos, por ser complicado y dilatado en el tiempo, hace que algunas empresas con clara capacidad innovadora, lleguen tarde a proteger sus activos.

El reto principal que las empresas encargadas a la protección de patentes y marcas tienen asumido con sus clientes, actuales o potenciales, es hacerles ver que, cualquiera que sea la naturaleza de su negocio, siempre hay algún tipo de propiedad industrial o intelectual en el seno de su organización del que pueden extraer valor, haciendo que su protección, gestión y defensa se conviertan en parte fundamental de su estrategia empresarial. Es más, habitualmente, combinando los diferentes instrumentos legales, se pueden conseguir resultados más eficaces: así, cualquier objeto generado en la empresa que incorpore un desarrollo técnico puede ser objeto de una patente o modelo de utilidad, que, además, aparecerá en el mercado dotado de una apariencia nueva y singular, por lo que podrá ser protegido como diseño industrial, portará una marca que lo identifique y, al tiempo, lo diferencie de los artículos que oferta su competencia, o incluya un software o un manual de instrucciones que pueda registrarse como propiedad intelectual.

Además de esta extensión objetiva de la protección, es importante valorar la necesidad de registrar los derechos en aquellos mercados en los que la empresa vaya a tener presencia, puesto que los derechos de propiedad industrial son de carácter territorial, es decir, cada Estado ofrece protección dentro de sus fronteras. Ello no obstante, existen acuerdos internacionales que facilitan los trámites para el registro de estos derechos en múltiples países. Así, en el campo de las patentes, es posible utilizar el Convenio de la Patente Europea, o el Tratado de Cooperación en materia de Patentes. En el caso de las marcas, contamos con el sistema de la marca comunitaria, que ofrece cobertura unitaria en los 27 estados miembros de la UE, y el sistema de Madrid para el registro internacional de Marcas, y, para los diseños industriales, con el diseño comunitario y el sistema de La Haya. Todos estos mecanismos legales unifican los trámites de solicitud, puesto que utilizan una misma documentación, moneda e idioma para multitud de países, a la vez que abaratan los costes de registro, por lo que resultan muy ventajosos, siempre que vayan en paralelo con el diseño del plan de expansión e internacionalización de la empresa.

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