edición: 2311 , Martes, 26 septiembre 2017
10/12/2015
banca 

La gran banca está empeñada en cuestionar los aportes de capital de las ECC para abaratar costes

Acusan a las entidades de contrapartida de modelos de riesgos poco transparentes
Carlos Schwartz
Los esfuerzos de los reguladores a escala internacional para impulsar de forma creciente la utilización de las entidades centrales de contrapartida (ECC) como compensadores de los contratos de derivados comienza a chocar con resistencias de algunos grandes bancos internacionales. Las entidades afirman que los modelos de riesgo propietarios que cada ECC utiliza son poco transparentes, es decir no permiten saber como se mide la exposición y al mismo tiempo resaltan que el creciente uso de las entidades de contrapartida comienza a concentrar en ellas el riesgo.
Una de las observaciones más urticantes sobre el papel de las ECC estuvo a cargo del Banco de Inglaterra quien afirmó en un documento sobre el sector que en un estudio de los modelos de riesgos de esas rentidades encontró grandes divergencias entre las ECC lo que hacía poco homogénea la comparación. También alertó sobre la posibilidad de que en momentos de inestabilidad y tensión en los mercados las garantías colaterales se disparen por encima de las expectativas de los partícipes de los mercados. La banca por su parte ha tomado este aspecto del problema para señalar que el capital de las ECC implicado en la mitigación del riesgo es muy bajo y que el capital que se ve comprometido es el que aportan los miembros de la ECC.

La cuestión de fondo para el Banco de Inglaterra (BdI) es que a las ECC se les pide que asuman gestión del riesgo en aras de la liquidez del mercado, cuando en realidad fueron constituidas para gestionar el riesgo de crédito de contrapartida. La opinión del BdI tiene su interés porque Londres concentra las principales ECC internacionales. En los hechos las ECC son numerosas, sobre todo tras la regulación implantada en la Unión Europea (UE) que obliga a la formación de esas entidades en cada estado miembro.

Pero en este mercado también hay dimensiones, y en realidad las ECC que concentran el riesgo a escala internacional son esencialmente cuatro, según fuentes de medios financieros, LCH. Clearnet de Reino Unido, Deutsche Börse de Alemania y Chicago Mercantile Exchange Group (CME) e Intercontinental Exchange (ICE) de Estados Unidos. Mientras, los grandes bancos que expresan críticas al modelo de riesgo y a la base de capital de las ECC están encabezados por dos bancos estadounidenses, JPMorgan y Citi. Las críticas que abarcan la estructura de capital señalan que los partícipes de las ECC acaban dotando más capital en su conjunto que las propias entidades que solo aportan una cuota ínfima a esa estructura. La otra observación es que el modelo de las entidades centrales es procíclico en la medida que cuando aumenta el riesgo se disparan las garantías.

Lo que está claramente detrás de este debate es que para los grandes bancos que concentran los contratos de derivados a escala internacional la interposición de las ECC para la mitigación del riesgo encarece las operaciones de derivados que intermedian. En esta batalla lo que pretende la gran banca no es solo forzar una mayor transparencia de los modelos de riesgo que implementan las ECC, sino además que su implicación en el capital sea más alta para reducir la exigencia a los bancos. Los partícipes en las ECC, bancos y operadores, contribuyen a un fondo de quebrantos destinado a mutualizar las pérdidas. En otra palabras que la cuota a mutualizar entre entidades de crédito y operadores sea menor porque aumenta la dotación de la ECC en si misma.

Es un debate que va dirigido a minar las decisiones adoptadas por los reguladores a escala internacional tras la crisis financiera de 2008. La quiebra de Lehman Brothers dejó precisamente al desnudo el nivel de riesgo de crédito interconectado en los mercados internacionales en torno a los contratos de derivados en especial de los credit default swaps que también arrastraron a un quebranto a la aseguradora estadounidense AIG. Es llamativo que el debate adquiera aristas más agudas precisamente ahora cuando arrecia el temor a que se haya alcanzado un nivel exagerado de endeudamiento a nivel internacional.

Sin embargo, está claro que de esta batalla las ECC no van a salir indemnes. El año que viene la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO, por sus siglas en inglés) y la Comisión de Pagos e Infraestructuras de Mercados solicitarán a las ECC que publiquen sus modelos de riesgos con la expectativa de que esta medida disipe los temores de los clientes.

Mientras, la Asociación de la Industria de Futuros (FIA) solicita una mayor supervisión y los bancos piden unas pruebas de estrés uniformes para el sector. Todo ello va a determinar que el sector quedé bajo una vigilancia más estrecha de la que hasta ahora habían quedado exentas las grandes ECC. Hacer transparente los modelos de riesgo tan poco es un ejercicio tan sencillo, argumentan las ECC. Ocurre que una vez conocido el modelo bastaría con transparentar algunos parámetros para que las posiciones de cada partícipe queden expuestas, algo que los propios bancos que piden más transparencia no van a consentir. La polémica está servida.

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