edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
25/11/2011
EL DEDO DE MADOZ

La gran banca europea reestructura pasivo y pide al BCE plazos más largos para la liquidez

El problema del 'banco malo' es que sus compras deberán hacerse a valor de mercado y por lo tanto bancos y cajas deberán anotar pérdidas
Carlos Schwartz

Los grandes bancos de Europa están embarcados en un proceso de gestión de su pasivo con el objetivo de alargar los plazos de los recursos ajenos que gestionan. Un ejemplo de ello ha sido la oferta de canje hecha por el Banco Santander para ocho series de deuda subordinada amortizable en diversas fechas y con plazos que van de entre el 2017 hasta el 2019. Las fechas de amortización anticipada -“call dates”- previstas iban de entre marzo de 2012 hasta septiembre de 2014. Entre las emisiones hay tres definidas como “lower Tier 2”. El canje ofrecido es con fecha de vencimiento 2015 al 3,381 en euros y al 3,160 en libras, pero sus condiciones han sido consideradas por diversos inversores institucionales como poco rentables. Es decir, el precio de la oferta no gustó.

A resultas de esta situación el canje ha sido aceptado por un número reducido de bonistas que de acuerdo con la información difundida por el banco es levemente superior al 20% pero inferior al 25%. Tradicionalmente el Santander ha ofrecido la amortización en los “call dates” lo que suponía para los inversores un programa de liquidez preestablecido. Los inversores que no acepten la invitación a la conversión se encontrarán ahora con instrumentos financieros con una maduración mayor que la que preveían en un principio y que en ausencia de “call dates” perderán liquidez.

Operaciones de este tipo, denominadas en banca gestión de pasivo, se combinan con las operaciones de gestión de riesgos para descargar del balance los activos que más consumen capital. Operaciones similares a la del Santander fueron hechas recientemente por BNP Paribas, Banco Espirito Santo y el grupo BPCE de Francia. La maniobra apunta en todos los casos a echar el cerrojo sobre los pasivos hasta la madurez de los instrumentos y sustrae a los bancos del calendario de redenciones. Hasta ahora estas entidades se podían dar el lujo de cumplir con los programas de redención ya que la liquidez reinante les facilitaba refinanciar los vencimientos. El escenario ha cambiado radicalmente.

Entretanto, en las últimas dos semanas se han sucedido las reuniones de los grandes bancos con el Banco Central Europeo (BCE) con el objetivo de llegar a acuerdos sobre mayores plazos de financiación por parte del emisor. El pasado 6 de octubre el BCE anunció el retorno a las subastas de liquidez, sin limitaciones de importe, a 12 y 13 meses. Pero la banca ha solicitado que el plazo de este tipo de liquidez se extienda a dos y tres años. Los analistas del sector consideran posible que en la próxima reunión del Consejo de Gobierno del banco en la primera semana de diciembre se anuncien operaciones de esta naturaleza. Otra de las solicitudes es la ampliación de los activos que se puedan dar en garantía de la liquidez, aunque no hay sugerencias concretas de qué papel los bancos aspiran a que se acepten.

En su conjunto, tanto la gestión de los riesgos como del pasivo ponen de relieve de un lado la reducción del denominador de los coeficientes de capital y el reforzamiento de los plazos del pasivo subordinado que funge a los efectos de capital Tier2 y mejoran el numerador. Pero tanto la gestión como las apelaciones al BCE están poniendo de relieve el más que justificado temor a que la crisis de la deuda siga restringiendo la liquidez. De un lado la banca tiene problemas de obtención de recursos a muy largo plazo. Un hecho que ha quitado el sueño a la Autoridad Bancaria Europea (EBA) en los meses recientes. Existe una fuerte asimetría en los balances de los bancos europeos. Cada vez más operaciones de largo plazo del activo son soportadas por pasivos de plazos cada vez más cortos. En este esquema los problemas de liquidez pueden precipitar a una incapacidad transitoria de pagos a entidades solventes. Sin contar además con que la deuda soberana ha dejado de ser “sin riesgo” por definición a computar como un elemento a incluir en la ponderación. En este contexto la continuada falta de salida a la crisis de la deuda hace presuponer que los problemas de liquidez de los bancos seguirán en el medio plazo y se pueden agravar considerablemente con una eventual reestructuración de deuda de Grecia o cualquier otro accidente más que previsible. Por ejemplo en Portugal o Italia.

A la luz de la evolución de los riesgos en la banca no sorprende que Mariano Rajoy se haya entrevistado con el presidente de Bankia, Rodrigo Rato, el mismo día que lo hacía con el presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. El saneamiento pendiente en la banca española obligará en el corto plazo a un incremento considerable del capital del Fondo de Garantía de  Depósitos de Entidades de Crédito.

Rajoy ha mencionado en reiteradas oportunidades que una de las primeras medidas de Gobierno será establecer un mecanismo para ayudar a los bancos y cajas de ahorros a disponer de sus activos inmobiliarios. Va de suyo que no hay otra forma de alcanzar ese objetivo que comprar a la banca esos activos para intentar luego colocarlos en el mercado. Lo que se viene bautizando como “banco malo” para comprar los activos no es más que un remake del TARP de Estados Unidos. Es decir el programa de compra de activos problemáticos en versión española. Allí se destinó mayormente a los bonos vinculados a las hipotecas subprime. Aquí la idea es dar salida a la propiedad inmobiliaria que la banca se ha adjudicado en pago de los créditos concedidos a los promotores insolventes.

El problema es que esas compras deberán hacerse a valor de mercado y la consecuencia de esa operación será que los bancos y cajas deberán anotar pérdidas. Uno de los problemas de este modelo es que en Estados Unidos la Reserva Federal apeló a dar a la banca liquidez a entre el 0,25% y el 0%, de forma que con este dinero a coste nulo se dedicara a especular. El mecanismo permitió a los bancos devolver los recursos del TARP en poco tiempo. En la zona del euro no hay bancos centrales capaces de dar liquidez de forma autónoma. Se depende del BCE, y éste fija los tipos de interés del sistema en línea con los objetivos de inflación para la eurozona. No es previsible que el BCE genere a costas de sus resultados o de los objetivos de expansión monetaria beneficios para la banca.

Volviendo a la arena doméstica el instrumento que mejor se adapta en la legislación local desde que fue reformado el 17 de octubre es el FGD. El asunto es que habrá que inyectarle mucho dinero a muy corto plazo y eso no se le podrá exigir a la banca. Lo tendrá que aportar el Estado. Otra cosa es que el Estado aspire a recuperarlo en el medio plazo por la vía de las contribuciones de la banca. En este contexto, que Rajoy haya hablado con Rato el día que le tocaba ver a Zapatero, teniendo en cuenta su carácter de ex ministro de Economía y ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, amén de presidente de uno de los grandes bancos españoles cargado de lastre, no parece un misterio en el que haya que devanarse los sesos.

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