edición: 2701 , Lunes, 22 abril 2019
04/12/2012
Sin más negocio que el local y el minorista

La gran banca, obligada a hacerle un hueco a la nacionalizada

Bruselas deja lagunas sin resolver en la nueva etapa tras el rescate financiero a la banca
Las condiciones de Bruselas hacen prácticamente inviables los proyectos individuales como el de Bankia de la banca nacionalizada
Juan José González

Alguna vez habrá que pensar de lo que son capaces de obrar 40.000 millones de euros, el importe del primer plazo de la ayuda de Bruselas a la banca nacionalizada, con un balance de unos 587.000 millones de euros; hasta parecería razonable sino fuera por los numerosos ceros que acompañan a la primera. Hasta ahora, una mayoría de los análisis viene centrando su atención en eso, en los ceros, de tres en tres, sin reparar demasiado en que se han convertido en el acicate capaz (?) de darle un verdadero revolcón al mercado bancario español. Nada menos que un ajuste del 60% en tamaño, reducción drástica del balance, fuera participadas industriales, incluso aquéllas que aportan buenos dividendos, restricción del área de actividad comercial al territorio geográfico natural, limitación a la financiación, de modo que sólo prestará a particulares y empresas sin riesgos inmobiliarios (abstenerse promotores) y circunscribiendo su actuación al ámbito minorista de depósitos. Fuertes condiciones limitativas a la banca nacionalizada pero que servirán, además de para capitalizarla, para reordenar el sector, hasta el día de hoy, basado en una competencia entre bancos y cajas. En pocas palabras, la banca de los próximos años empieza a dibujarse tras el rescate financiero en un escenario más ordenado (reordenado) más ajustado a la demanda (dimensionado) y próximo al cliente (más local). Sólo resta por conocer el resultado. 

Los efectos de la reordenación se esperan en un horizonte de cinco años. Y el primero de ellos será comprobar si las entidades son capaces de obtener rentabilidad sin tener que acudir al abrumador aumento de las comisiones que aplican a la clientela, conscientes de las necesidades de la nueva banca en la captación de ahorro y en la venta de créditos. En el mercado hay cierta expectación por ver la forma en que las nacionalizadas (Bankia, Banco de Valencia, NCG y Catalunyacaixa) van a abordar esta fase de nueva competencia, marcada por las restricciones en los ámbitos geográfico y comercial. Expectación, en suma, por ver cómo unos y otros aprovechan la coyuntura para obtener rédito de la misma, y porque seguramente habrá ganadores y perdedores, según hayan ejercido un buen control de riesgos o no.

Porque el cambio del escenario conlleva también un cambio en la composición de las carteras de negocio, consecuencia del trasvase de depósitos y préstamos de las nacionalizadas a las no nacionalizadas, así como de las que sin estar intervenidas sufren distintos avatares que se traducen en pérdida de confianza de los clientes. Se sabe que estos trasvases han obrado milagros en los tres últimos ejercicios (incluidos el actual) de forma que algunas entidades han presentado beneficios gracias al concurso de ese maná caído de la desgracia de otras entidades. En próximos meses se podrá hacer una evaluación más precisa sobre los efectos de esos trasvases de cartera comprobando las nuevas cuotas de mercado de cada uno, y entonces se podrá hablar de ganadores y perdedores en la reforma.

La travesía del desierto que deberá cruzar la nueva banca, se estima en no menos de cinco años, se encuentra fijada en el calendario impuesto por Bruselas (y no pactado como insiste en asegurar el Gobierno español). Un período de tiempo suficiente para ver la evolución de los damnificados, pero también de los beneficiados por la reordenación, pues no cabe duda de que los más grandes (Caixabank, Santander y BBVA) han sido los receptores, en mayor o en menor volumen, del éxodo de clientes con sus depósitos y productos financieros desde la banca (cajas) en apuros a la banca más segura. Tiempo en el que contarán con un escenario más despejado por eliminación de competencia, para captar pasivo, aunque en una situación de mercado penalizada por la recesión económica, por el parón en la actividad empresarial y de consumo particular.

Lo cierto es que las nuevas características del mercado bancario apuntan a que la competencia estará caracterizada por una vigilancia intensiva, dado que el sistema no ha sido capaz de controlar los movimientos de todos sus actores. Bruselas ha decidido que los mercados deben estar más vigilados, lo que significa mayor intervención y control. Trata de evitar que unas cuantas entidades fuercen sus capacidades en aras de una mayor competencia que pone en riesgo, tanto la propia entidad como al resto del mercado. Y de ahí a un descalabro la distancia es mínima. Es una de las lecciones aprendidas de la crisis financiera, motivada quizás por un exceso de libertad de mercado. Así que en el nuevo escenario, bajo mayor control de las autoridades, se espera que los grandes bancos y los medianos más locales obtengan mayor rédito que los nacionalizados: estos se encontrarán con todas las limitaciones y barreras que les impone, a modo de penitencia, su nueva situación.

Queda por despejar una cuestión relacionada con el riesgo y que afecta a todas las partes interesadas: clientes, entidades y erario público o Estado. La incógnita se centra en saber si la Comisión (Bruselas) ha fijado también, al mismo tiempo que las limitaciones de mercado a la banca, quién se hará cargo en la nueva situación de las posibles pérdidas o quiebras que en esos cinco años, o siguientes, se puedan producir. Nada se dice al respecto, luego queda en la duda si serán los propios bancos a través del Fondo de Garantía de Depósitos quienes respondan de los depósitos.

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