edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
07/12/2016
La hora de la supervisión profesional e independiente

Albella tiene el mandato de recuperar el prestigio y la autoridad de la CNMV

Reforma de la Ley del Mercado de Valores, más agilidad y eficacia en la regulación
Demasiado trabajo para un equipo escaso, necesitará refuerzos, apoyo institucional e inacción política
Juan José González
Si de algo ha servido el casi año de Ejecutivo en funciones es para dejar al descubierto que, incluso en esas situaciones, el vacío de poder en las instituciones acaba por acelerar y destacar aún más los defectos y las lagunas existentes. El regulador financiero, la CNMV, ha contado con un año sabático, ausente, un año perdido, de parálisis administrativa. Impensable la ausencia de un supervisor de la legalidad de las operaciones financieras y, sin embargo, así ha sido durante cerca de un año. Es una buena razón para que el error (no de cálculo, si no de pura desidia administrativa) sea uno de esos puntos prioritarios a resolver en breve por el nuevo presidente Sebastián Albella. También deberá reformar la Ley del Mercado de Valores y acelerar algunos procesos administrativos y agilizar la gestión. Poner orden, ganarse el respeto del mercado. Imponer la ley, con autoridad y criterio. Prolija y procelosa, relación de tareas la que tiene por delante el presidente de la CNMV.
Hasta ahora, la experiencia indica, y con ejemplos bien documentados, que los mercados financieros no funcionan en plenitud de facultades si a su vez el regulador no se encuentra en la plenitud de uso de sus funciones. Y esto es así a nada que se repase la trayectoria de algunos de los últimos mandatos de los responsables al frente de la CNMV. Porque si la etapa de Julio Segura al frente del supervisor se recordará como la del vacío de poder más desolador, el de Elvira Rodríguez, a quien una laguna normativa -con un Gobierno en funciones- convirtió el final de su mandato en una monumental chapuza, es también elocuente de la sinrazón del Gobierno de situar al frente de la CNMV y así, convertirlo en regulador financiero, a cualquier persona afín y habitualmente no idónea para el cargo. Al tratarse de un asunto de eficacia en el desempeño de la gestión, los efectos se dejan sentir en la práctica, y esta resulta, a tenor de las experiencias conocidas, calamitosos.

Sin ir más lejos, el caso Pescanova, allá por 2013, en pre concurso de acreedores, 10.000 trabajadores, doble (o triple) contabilidad y deuda muy superior a la declarada, constituye todo un ejemplo, y además de los buenos, de incumplimiento de órdenes expresas del supervisor y de acuerdos firmados también con la CNMV. La crisis en esta compañía gallega dio lugar a preguntarse cómo es posible que los accionistas no tuvieran capacidad para fiscalizar la acción de los órganos de dirección, o que sucedió para que el regulador se viera obligado, por carencia de autoridad, que no de norma, a desempeñar una función de vulgar espectador de la crisis.

Sucedió algo muy similar en la crisis de la tecnológica Gowex, por, entre otros asuntos, falsear durante cuatro ejercicios las cuentas de la empresa. Si bien, en esta ocasión, el perjudicado por el escándalo fue algo más que una institución y una compañía: el daño ocasionado a un mercado, el Mercado Alternativo Bursátil, desde entonces herido y perjudicado por el desprestigio de Gowex y todas aquellas empresas pequeñas y medianas que buscaban en ese mercado una financiación no bancaria.

Como conclusión a estos casos -sólo dos, pero hay más- de fechorías e irregularidades en los mercados, se puede afirmar que ninguna de ellas ha servido para reforzar las instituciones o los sistemas de supervisión y control. Si no más bien todo lo contrario, esto es, han profundizado en la incertidumbre, dejando en evidencia la ausencia de autoridad, la desobediencia y la falta de respeto hacia los supervisores y reguladores del mercado. Como todo hay que decirlo, estos últimos tampoco están exentos de culpa, pues han cometido -más por omisión que por acción- fallos imperdonables que les han convertido en imputados en la cadena general de responsabilidades.

Es por todo por lo que el nuevo presidente de la CNMV deberá estar muy atento a jugadas del tipo Gowex, Pescanova o a la que se encontró entrando a su despacho en la opa de Indra sobre Tecnocom, con dudas sobre la limpieza en algunas de las actuaciones en el mercado previas al anuncio público de la operación. De esta nueva `fechoría´ el mercado, los inversores y muchos accionistas están a la espera de que el supervisor emita alguna señal que aclare si hubo o no irregularidades en la subida de Tecnocom horas antes de la comunicación de opa. Y en caso de infracción, y multa correspondiente, esta no debería demorarse tanto como las de BBVA en la intermediación en varias emisiones de deuda de Eroski en 2010, o la de Bankia por prácticas de manipulación de mercado en 2012.

Quizá alguien debería preguntarse por qué suceden estas cosas, estos nombramientos en la CNMV y no, por ejemplo, en el Banco de España ¿Por qué no se aplican los criterios de independencia, profesional cualificado y de reconocido prestigio de igual forma en uno y otro supervisor? El criterio debería ser el mismo. Albella reúne, a priori, dos de las tres características que se desean para un supervisor. El tiempo y sus decisiones pondrán a prueba su grado de independencia.

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