edición: 3052 , Miércoles, 23 septiembre 2020
21/12/2009
Desarrollo Local

La importancia de lo regional: el punto débil en el camino europeo hacia la sostenibilidad

La crisis económica ha puesto de manifiesto la creciente importancia de las corporaciones locales en el proceso de reestructuración productiva
Beatriz Lorenzo

El desarrollo sostenible, prioridad de Europa desde que se hicieron patentes los desmanes del antiguo y voraz modelo económico, ha cobrado si cabe mayor actualidad debido al desgaste climático derivado del calentamiento global y las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero, para los pueblos y las ciudades, sigue representando un gran desafío. Europa, en su papel de corpus con un único objetivo, ha puesto las primeras losas en la senda hacia un continente más “verde” y más sostenible, quizás sin tener en cuenta que no todos los estados miembros caminan al mismo paso y a igual velocidad. El desarrollo local y regional debe ser también prioridad para una Europa que ve a sus ciudades y regiones adolecer de los efectos de la crisis económica y las altísimas tasas de desempleo, tal como han solicitado a la Comisión Europea desde el Comité de las Regiones. En vísperas de que la tan anunciada estrategia “EU2020” comience a cimentar sus argumentos durante el proceso de consulta que tendrá lugar hasta mediados de enero del año entrante, cunden las preocupaciones acerca de la ausencia de reconocimiento explícito del importante papel desempeñado por las autoridades locales y regionales de toda Europa. Los temores no son infundados, se basan en precedentes tales como el Tratado de Lisboa que dedica nula o escasa atención a la cuestión local. Ciertamente, la antigua simbiosis entre grandes ciudades industrializadas y desarrollo económico ha perdido valor en los últimos años debido a factores como el crecimiento ininterrumpido del paro y la desindustrilización progresiva de las grandes áreas metropolitanas. Son cada vez más los expertos que opinan que las ciudades de mediano tamaño son cada vez más la pieza clave en el proceso de reestructuración productiva que empieza a dar sus tímidos primeros pasos tras el huracán financiero.

De ese modo, los ambiciosos objetivos de la estrategia “EU2020” serían mucho más difíciles de alcanzar sin una activa participación por parte de las autoridades locales y regionales, especialmente si el acceso a los fondos de cohesión de la Unión Europea se reduce después de la revisión prevista del próximo año del presupuesto de la UE. Europa debería adoptar un sistema de gobernanza que situase la cooperación local y regional en el corazón de la entrega de fondos, añadiendo valor a las regiones. Además,si bien la transición hacia una economía 'verde' propuesto por la Comisión tendrá consecuencias para los trabajadores europeos, el cambio hacia una economía baja en carbono que conlleva la evolución tecnológica continua, especialmente en el ámbito de las TIC, requiere de una importante cooperación por parte de las autoridades locales y regionales, piezas angulares en el proceso de transición hacia una economía más “verde”.

LOS” NICHOS” DEL ÉXITO DEL DESARROLLO LOCAL

Hasta la fecha, se han desarrollado en el continente europeo varias iniciativas de desarrollo local que demuestran éxito a largo plazo. Las iniciativas han surgido en territorios cuyo proceso de reestructuración productiva está asociado con actividades económicas de todo tipo y con ciudades y localidades de dimensiones diferentes. Destacan los casos de Sitia, en Grecia, (reestructuración del sector agrario y promoción de agrobusiness y turismo rural); de Prato, en Italia (con un innovador ajuste del textil, basado en un peculiar modelo de organización); Dortmund, en Alemania, (caracterizada por el cierre de los pozos de carbón de la zona y la fuerte reestructuración de la industria siderúrgica); Hamburgo, en Alemania, (con ajustes en el sector naval e industrias afines); Swansea, en Inglaterra, (industria de manufacturas metálicas); y de Ravena, (Italia) (con una fuerte reestructuración de la industria petroquímica).

Rasgo común de todas estas iniciativas es el potente proceso de aprendizaje y reestructuración productiva experimentado a la hora de poner en práctica las iniciativas. Frente a problemas como el desempleo, caída de la producción y pérdida de mercados, la reacción de los gestores locales pasó, en estos casos, por una respuesta local a los desafíos económicos. Así pues, las corporaciones locales ven ante sí la disyuntiva de cómo conseguir la integración de las economías locales en el corpus económico internacional y cómo lograr que sus sistemas productivos sean más competitivos. La solución pasa por reestructurar el sistema económico y ajustar el modelo institucional, cultural y social de cada territorio a los cambios del entorno y de la competencia.

La cooperación local es un “filón” para la innovación y la consolidación de proyectos comunes. El intercambio de experiencias y conocimiento en el seno de la agrupación favorece la creación y consolidación de una identidad común. El principal problema al que se enfrentan las distintas regiones europeas consiste en la dificultad de conseguir la reestructuración del sistema productivo de modo que tanto las empresas y las industrias como las explotaciones agrarias aumenten su competitividad no sólo en los mercados locales sino también a un nivel más global. Las experiencias que han tenido éxito enseñan que la opción a escoger pasa por la definición de una estrategia de desarrollo empresarial, instrumentada a través de acciones que persigan los objetivos de eficiencia, equidad y equilibrio medioambiental. Además, el liderazgo es clave para la iniciación y consolidación de la cooperación local. En un contexto social de envejecimiento y escaso dinamismo, la presencia de individuos o colectivos con capacidad de construir consenso y aglutinar voluntades es básica para el éxito de la cooperación local. Las autoridades públicas locales y, principalmente, los propios equipos técnicos de las agrupaciones, son los que en mayor medida ejercen la función de líderes.

En la actualidad, la política regional europea para la etapa 2007-2013 se afianza en el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), un instrumento financiero de la Comisión Europea cuya finalidad es la ayuda para el desarrollo económico de las regiones deprimidas de la Unión Europea. Estos fondos son subvenciones a fondo perdido, siendo gestionados directamente por las administraciones públicas (central, autonómica y local) teniendo cada una de ellas un cupo de fondos asignado a priori para realizar proyectos en la zona. El FEDER afecta a áreas de desarrollo como los transportes, las tecnología de la comunicación, la energía, el medio ambiente, la investigación y la innovación, las infraestructuras sociales, la formación, la rehabilitación urbana y la reconversión industrial, el desarrollo rural, la pesca, e incluso el turismo y la cultura.

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