edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
09/05/2013
El presidente explica las reformas enviadas a Bruselas

La intervención de Rajoy en el Congreso evidencia la crisis de imagen de la institución entre la opinión pública

Los ciudadanos reclaman diálogo y argumentos a sus representantes, y censuran las discusiones de `patio de colegio´ en la Cámara Baja
ICNr

La comparecencia de ayer del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para explicar las medidas y previsones incluidas en el Programa nacional de Reformas y el Programa de Estabilidad enviados por el Gobierno a Bruselas se convirtió en un campo de batalla en el que el PP, nuevamente, defendió sus recetas anticrisis en solitario, frente a la oposición directa del resto de grupos parlamentarios. Para la opinión pública, a la oposición no le falta razón, pero tal vez fallen los argumentos. Se habló del Congreso y de sus integrantes con el desprecio propio de quien se siente ignorado por sus representantes, y se exigió que los debates en la Cámara Baja dejen de ser el equivalente politico a las discusiones de `patio de colegio´, en las que el major argumento es el `y tú más´. La gravedad de la situación lo exige: se piden soluciones y un pacto político verdadero en materias clave, pero, sobre todo, voluntad de escucha y de diálogo, las grandes asignaturas pendientes del Gobierno y de los aspirantes a ocupar el lugar de Rajoy. 

En plena crisis de imagen del Congreso –la `toma´ de la institución es el más claro exponente de lo dañada que se encuentra su imagen-, éste no se percibe, en contra de lo que debería, como un foro en el que dialogar, hacer autocrítica y acercar posturas políticas en búsqueda de resultados a la altura de las espectativas de los ciudadanos. Todo lo contrario: los internautas perciben que las intervenciones de quienes les representan en el poder Ejecutivo buscan únicamente lucir sus colores y excusar sus fallos (u omitirlos) mientras se señalan los del adversario. A ello se suma que la clase política no tiene idea alguna de qué temas preocupan a la población y, lo que es peor, no tienen interés en saberlo ni voluntad de atender a esas demandas. El marco del Congreso se convierte, por tanto, en un teatrillo en el que se representa, por parte de unos y otros, una `pantomima´ política vacía de contenido y de sentimiento de responsabilidad alguno.

Es este marco en el que se movió la opinión pública durante la jornada de ayer, después de escuchar las intervenciones de los distintos grupos parlamentarios. En el Congreso, Rajoy ahondó en su discurso a favor de la reducción del déficit, y aseguró que la mejor noticia del programa de estabilidad que el Gobierno ha enviado a Bruselas es la moderación de la senda de déficit, que permite hacer un ajuste menor en 2013 y no tocar partidas como las pensiones y las prestaciones por desempleo. Se trata de un `alivio para todos los españoles´, tal y como lo definió el presidente, teniendo en cuenta que el déficit público de 2013 sólo tendrá que bajar del 7 al 6, por ciento, en lugar de al 4,5 por ciento contemplado inicialmente. 

Otra cosa es que el Gobierno esté tomando medidas para relajar la presión hacia los ciudadanos de manera paralela a la rebaja de la presión de Bruselas hacia España. Nada más lejos de la realidad. Es más, Rajoy insinuó que, sin esa revision del objetivo de déficit, el país tendría que soportar medidas más drámaticas, sumadas, por supuesto, a las ya llevadas a cabo el pasado año. Según explicó, `la situación se hubiera convertido en insoportable´ si este ejercicio hubiera que reducir el déficit público en una cantidad equivalente al año pasado, cuando se tuvieron que hacer `enormes sacrificios´. `La diferencia entre una y otra situación es enorme. Piensen en lo que hubiéramos tenido que hacer si no hubiéramos podido plantear el nuevo límite´, señaló Rajoy, tras asegurar que se habrían puesto en marcha un conjunto de actuaciones que `de manera muy dura´ habrían afectado `dramáticamente´ a amplios sectores de la sociedad.

Con estas declaraciones, a juicio de muchos lectores, el presidente intentó dar carpetazo a la posibilidad de introducir medidas que relajen el esfuerzo fiscal de los ciudadanos, una decisión que se consideró errónea tanto desde la oposición como desde la generalidad de la ciudadanía, teniendo en cuenta los comentarios vertidos en la red. Otra cosa es que la oposición, principalmente el PSOE, tenga la legitimidad necesaria como para reclamar cierto tipo de políticas cuando el recuerdo general sobre la última legislatura del partido es el de la ineficacia y la falta de acción. En este sentido, sentó mal que Rubalcaba apelara a la necesidad de no rescatar a la banca y sí a los ciudadanos –por ejemplo-, y no porque los ciudadanos no le den la razón en este punto, sino porque el PSOE asumió en su día la misma política de rescate financiero que el PP adopta hoy. 

Lo mismo se aplica a otros muchos terrenos, como el de la dación en pago en material de ejecuciones hipotecarias, y un largo etcétera que deja como balance que el PP ha actuado (mal para muchos) y el PSOE, no. 

EL DRAMA DEL DESEMPLEO

Rajoy también tuvo palabras para el desempleo. Aunque aseguró como dato positivo que `hace un año vivíamos en constante riesgo de ser intervenidos y estábamos al borde de la quiebra´, la realidad es que `esto empieza a funcionar y llegará la cosecha´, ya que en 2014 la economía española empezará a crecer. Eso sí, la tarea de enderezar España no culminará hasta que no se resuelva el problema del elevado desempleo. `Esto lo digo sin triunfalismo. Esta tarea no culminará hasta que no se devuelva el puesto de trabajo a los parados´, aseguró. 

La oposición arremetió duramente contra una de las medidas más polemicas adoptadas en lo que va de legislatura, la reforma laboral, y lo hizo apelando a ciertas realidades, pero también a algunas mentiras, algo que los lectores no perdieron de vista. Rubalcaba defendió, por ejemplo, la introducción de medidas de flexibilización laboral como alternativas al despido que ya existen en la actualidad, y aseguró que el empresario, y se describió un modelo aleman de `despido a medias´ que es el equivalente al Expediente de Regulación de Empleo temporal (ERTE) de España. 

Son este tipo de declaraciones, entre la verdad a medias y la mentira, las que más críticas despiertan entre una opinión pública que se siente engañada constantemente por los distintos discursos políticos. Un drama que se suma a la ineficacia constante a la hora de solucionar los grandes problemas del país. `En el fondo, y por lo que vemos los ciudadanos, no hay mucha voluntad de sacar a España de tanto paro y ruina. Discuten, se pelean de palabra a ver cuál le pega más fuerte al otro con su argumento, pero nada de un pacto politico que saque a España del mayor paro de la historia de la democracia´, aseguró un lector. Así, aunque Rajoy se empeñe en asegurar que los resultados de sus políticas comienzan a dar sus frutos, `los ciudadanos no vemos resultados prácticos´. Por eso, se pidió a los miembros del Congreso que se pongan `a trabajar, por un solo reto: eliminar el paro´. `Si no, ¿para qué os pagamos tanto dinero los ciudadanos?´

Mientras, el resumen de la opinión pública no es nada alentador: `Al PP lo de bajar el desempleo no le interesa, lo único que ha hecho hasta el momento es salvar a la banca y mejorar las ganancias de los empresarios a base de robos a los ciudadanos de a pie: recortes sociales brutales, tremenda reforma laboral, grandes subidas de impuestos para las clases medias y bajas...´, aseguró un lector. Es, en definitiva, `la mayor mentira de la democracia´. 

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