edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
15/09/2014
El ruido político del 9N

La inversión extranjera se frena, condicionada por nuevos riesgos internos

Los inversores más especulativos -fondos e inmobiliarios- toman el relevo a los creadores de empleo
Juan José González

Los analistas son directos en sus comentarios sobre el mercado español: elevado endeudamiento, un Presupuesto del Estado para 2015 con escaso margen para estimular la actividad económica y, finalmente, extrema fragilidad de la recuperación económica amenazada, en los próximos meses, con una inestabilidad política independentista al alza. Cualquiera que lea uno de los últimos informes de las casas de análisis, es probable que mire hacia otro país antes de pensar en adentrarse en el proceloso mar de riesgos del mercado español. La posición de los inversores extranjeros es más preocupan, si cabe, desde el momento en que el motor de la recuperación económica, la exportación, se frenó en seco hace unos meses. Así las cosas, no va a resultar sencillo el saneamiento iniciado por el Gobierno y que tuvo en el abaratamiento de la deuda pública su mejor expresión.

Esta semana, la Reserva Federal puede aportar nuevas razones a los inversores extranjeros que pensaban en España para que mantengan el freno de mano echado. Todo dependerá de si la subida de tipos está más cerca o más lejos en Estados Unidos. Si se acerca, las cosas, la financiación de la economía y de las empresas, no van a ir por buen camino.

Las autoridades españolas se disponen a pasar un final de ejercicio entre la angustia política del movimiento independentista y las dificultades, casi insalvables, de corregir el elevado endeudamiento público. La reducción del coste del mismo, viene siendo a lo largo del año, motivo de satisfacción por parte de las autoridades, llegando a alcanzar intereses negativos y a la par. Por tanto, las buenas expectativas creadas por el abaratamiento de la financiación pública, hacía presagiar mejoras en otros aspectos de la actividad económica, de repente cortados por la aparición de nuevos riesgos en el mercado interior. Por si fuera poco, la revisión de los organismos internacionales sobre un menor crecimiento de las economías europeas para el presente ejercicio y entre ellas la española, ha llevado a la inversión extranjera a poner en vigilancia el flujo de inversión previsto para los próximos meses.

En apenas tres meses, el escenario del mercado español ha pasado de despejado a nublado, con posibilidad de tormentas generalizadas por aproximación de la borrasca situada sobre el Este de la Península. Es un pronóstico frágil de la meteorología hispana para los próximos meses, pero que los inversores extranjeros saben leer e interpretar en su toma de decisiones. Y la predicción tiene en cuenta también que a los problemas surgidos a última hora, como la freno de la exportación o el aumento del déficit, hay que sumar el ruido político independentista de Cataluña, menor en intensidad, fuerza y manifestación que el producido por Escocia en Reino Unido, pero que seguramente será valorado de forma similar, con la misma prudencia.

En los últimos meses la inversión extranjera en España venía registrando cifras positivas y crecientes hasta que la tendencia se cortó drásticamente con la llegada del verano. Eran inversores estables, con estrategias de medio y largo plazo. Otro tipo de inversor tomó el relevo inmediatamente. Inversores con perfil especulativo que han aprovechado los precios de ganga que ofrecía gran parte de las cotizadas españolas, baratas, con buen PER así como dividendos que situaban las rentabilidades entre las más elevadas de la Unión Europea.

Los que se han frenado son inversores industriales que apostaban por el largo plazo del mercado español y por el corto plazo de la recuperación del consumo interior del país; inversiones que crean empleo. Tras la operadora Vodafone no se conocen apuestas de gran tamaño aunque sí se sabe que otras se encuentran a la espera. Estos inversores más estables son los que están siendo sustituidos, en buena parte, por otros más especulativos que llegan al `renacido´ mercado inmobiliario español en busca de oportunidades, con escaso o nulo impacto en la creación de puestos de trabajo.

El diagnóstico de los analistas y de los inversores coincide en que en los últimos meses la economía ha perdido tensión y ha bajado el pulso. Así lo reconocen las nuevas cifras del PIB. El mercado español ya se ha acostumbrado a las huidas de los inversores por la mínima duda de inestabilidad social o política. Esta última parece ser la que mayor influencia está teniendo en las consideraciones de los inversores que se han frenado en seco ante los riesgos de que las posiciones políticas de las autoridades de Cataluña y las de Madrid no sólo no lleguen a normalizarse, sino a que el pulso independentista pueda durar más de lo previsto y se prolongue en el tiempo, lo cual sería un foco de inestabilidad con claras repercusiones en lo económico, y a las que los inversores extranjeros no serían ajenos. 

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