edición: 2284 , Viernes, 18 agosto 2017
11/12/2013

La investigación policial por los sobornos pagados por Leighton en Asia y Oriente Próximo recibe refuerzos

La joya de la corona de ACS-Hochtief hace frente a pérdidas millonarias en operaciones en países árabes
Carlos Schwartz

La Comisión de Mercados e Inversiones de Australia (ASIC, por sus siglas en inglés) ha decidido destacar un investigador propio para que se una a las diligencias policiales que investigan el pago de sobornos por parte de la empresa filial de ACS, Leighton Holdings, para obtener adjudicaciones en países como Irak o Indonesia. La decisión de ASIC, que admitió haber tomado la iniciativa recientemente, es un giro radical ya que se había abstenido de investigar los hechos denunciados pese a que la Policía Federal de Australia (PFA) tiene una comisión de investigación trabajando sobre este asunto desde noviembre de 2011. El origen de las pistas sobre esta investigación está directamente relacionada con la salida forzosa de ejecutivos de Leighton tras la batalla por la toma de control de Hochtief por parte de ACS.

El escándalo puede suponer pérdidas importantes para la constructora, considerada la joya de la corona de Hochtief, no solo por la imposibilidad de cobrar cifras importantes en Irak tras denunciarse la corrupción que involucraban los contratos, sino además porque la existencia de esas prácticas en la empresa le impedirá presentarse a concursos públicos en otros países de la región y a concursos públicos en general.

De acuerdo con la documentación que obra en poder de la PFA la alta dirección de la empresa tenía un conocimiento pormenorizado del pago de comisiones ilegales y el maquillaje aplicado a las propuestas de negocio para sustraer al público el detalle de esos pagos. El anterior consejero delegado de la sociedad, Wal King, estaba al tanto de estas prácticas.

También el actual presidente de la empresa designado en marzo pasado tras una crisis provocada por ACS cuando impuso un consejero “independiente” provocando la dimisión del anterior presidente y de dos de los cuatro consejeros independientes. De acuerdo con estimaciones de medios financieros la constructora que genera el 80% de los ingresos de Hochtief, puede sufrir la cancelación de contratos en curso y menores contrataciones por importe de hasta 46 millones de dólares australianos en sus operaciones fuera del país, queda expuesto a una multa de hasta 57 millones de dólares de acuerdo con la legislación criminal de la Commonwealth, y puede dejar de cobrar sus posiciones acreedoras en Irak por importe de 400 millones de dólares. El regulador ASIC intenta lavar ahora su imagen tras inhibirse durante dos años de tomar la iniciativa en este asunto.

Pero Leighton tiene otro frente abierto. Los impagos y litigios vinculados a ellos, en particular en Oriente Próximo. Se trata en su mayor parte de contratos vinculados a la filial Al Habtoor Leighton Group. Están en juego impagados por importe de 1.100 millones de dólares australianos. Las filtraciones de ex ejecutivos de la empresa -una vez más- han llevado a la convicción de que la empresa oculta información aportada por asesores externos y ex ejecutivos subcontratados para asistirla en el cobro de esos contratos que consideran que la empresa corre un riesgo cierto de no recuperar esas cuentas. De acuerdo con fuentes de medios financieros en Sydney la sociedad Al Habtoor Leighton Group (AHLG) ha alcanzado acuerdos con promotores inmobiliarios en el Medio Oriente que le han ocasionado fuertes pérdidas. Un ejemplo son 80 millones de dólares perdidos en la promoción conocida como Palacio Esmeralda en la isla de La Palma en Dubai, promovida por el político ucraniano Nver Mkhitaryan, sobre un valor total de contrato de 272 millones de dólares australianos.

Ha perdido otros 30 millones de dólares en un litigio con la influyente familia dubaití Al Ghurair por penalizaciones al no terminar en plazo obras, además de perder una bonificación por buen cumplimiento de 26 millones en 2011. La empresa envió a la región varios equipos de consultores para evaluar la situación en los últimos tres años. Los informes de estos consultores señalan que los contratos firmados por AHLG son “deficientes”, en general no protegen a la constructora ante sus clientes, que en muchos casos son entidades gubernamentales amparadas por la legislación local, y que estiman las pérdidas potenciales en 1.100 millones de dólares australianos. La constructora Leighton que cotiza en la bolsa de Australia, está sujeta a escrutinio de los accionistas y los minoritarios representan un riesgo jurídico para los gestores de la empresa y su cuenta de resultados ya que pueden pedir reparaciones por las deficiencias de gestión de la sociedad.

La presión sobre Leighton por el pago de sobornos y las potenciales pérdidas se ha incrementado desde el pasado octubre cuando la información comenzó a salpicar de forma sistemática las páginas de la prensa local en lo que las fuentes financieras consultadas consideran “un ajuste de cuentas de ex empleados y ex ejecutivos de la empresa desplazados tras la entrada de ACS en el capital de Hochtief”. La empresa australiana ha defendido siempre la posibilidad de recuperar las cantidades pendientes de cobro en Medio Oriente y otras regiones. Sin embargo su horizonte anterior de diciembre de 2012 para recuperar un 60% de las deudas de la filial AHLG resultó fallido. Por su parte Hochtief que tiene el 56% de Leighton ha sido más razonable en su informe de gestión de 2012 en el cual afirma que existe el riesgo de impagos relacionado con la filial en Oriente Próximo.

Leighton pagó 870 millones de dólares en 2007 por el 45% de Al Habtoor. De entonces ahora ha reducido el valor de la filial en 500 millones de dólares en sus libros. Mientras la australiana ha concedido créditos a su filial por otros 800 millones de dólares para mantener con vida a AHLG manteniendo el valor en libros de la filial en 322 millones de dólares. La empresa afirma que su contabilidad del valor actual de AHLG se ajusta a las exigencias de la ley australiana. Sin embargo comienzan a alzarse voces en Sydney que cuestionan los procedimientos de control de Leighton y exigen una investigación forense de la asociación con Al Habtoor afirmando que los accionistas merecen recibir explicaciones por las importantes pérdidas ocasionadas.

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