edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
30/04/2012
El Gobierno abocado a poner dinero

La “liebre” de los extranjeros no consigue acelerar el reajuste bancario

El excedente laboral en la Banca, otro agujero negro que tendrá que cubrir el Estado
Juan José González

A vueltas con la reforma del sistema financiero. Transcurren los plazos no escritos y ni el sector se reforma ni el Gobierno consigue el objetivo, sí escrito, de cerrarla de una vez. El pulso se mantiene por el entendido de que según el sector bancario, el afectado, debe ser con dinero público la vía por la cual las entidades se decidan a llevar a término algunas operaciones pendientes. El mensaje oficial es que el reajuste bancario no se hará con dinero público… uno por otro, la reforma por hacer. Se introduce una nueva variante, idea del ministro De Guindos: la posibilidad de que el capital foráneo acceda al capital de las entidades en situación de subasta, y para lo que el ministro, buen conocedor del sector bancario internacional, al menos, de los bancos de negocios más inquietos y especuladores, se muestra encantado de hacer de cicerone. Sin embargo, los grandes bancos: Santander –interesado en Catalunyacaixa y banco de Valencia- amén de BBVA –que no descarta una sorpresa de última hora-, y otros grupos financieros como BMN, Unicaja y Liberbank, directamente, no se lo creen. En el fondo, no es más que una nueva treta de De Guindos: utilizar los inversores extranjeros de “liebre”.

La presión no remite y desde Moncloa urgen al ministro de Economía a que presente avances en su reforma financiera. Parece que ser el único que no está cumpliendo con la que depende de su negociado: la del sistema financiero. De Guindos llegó a decir en público hace unos días que el reajuste ya estaría cerrado si contase con una pequeña pero decisiva ayuda: el banco de España. Pero el presidente mantiene un marcaje férreo sobre Economía y la vicepresidenta asegura que tanto viaje, reunión y gestiones no se traducen en eficacia, y por tanto, la reforma sigue ahí, atascada por la falta de capital. Las entidades financieras no hacen del impasse una batalla; no tienen tanta prisa como el Gobierno, obligado a presentar victorias y éxitos ante la comunidad europea, Bruselas y FMI.

La táctica de utilizar una “liebre” como acelerador o marcador de tiempos y ritmos de una carrera, reúne visos de fracaso estrepitoso: las entidades españolas harán cuanto sea posible por anularla. La batalla se juega en un frente que consiste en forzar al enemigo, obligarle a moverse para contraatacar, que en este caso no es más que provocar a un Gobierno en apuros, con numerosos frentes abiertos, y que ante la proximidad de la fecha límite para presentar un sector saneado y racionalizado, acabará por poner el dinero público suficiente como para terminar con esta pesadilla local.

Sin embargo, para que el reajuste del sector sea efectivo en los próximos meses, no sólo se van a necesitar recursos públicos para engrasar la maquinaria de compra a través de las subastas. Será necesario más dinero, público también, algo menos que el precisado por las adquisiciones de las entidades intervenidas, pero dinero al fin y al cabo. Se trata de que el sector necesitará recursos para ajustar –enviar a casa, a la calle o a la jubilación- a más de 38.000 trabajadores, un excedente que resulta del nuevo tamaño que se quiere y demanda del sector bancario. Son muchos trabajadores, potenciales candidatos a engrosar las filas del desempleo y bien, de la jubilación anticipada, o bien del despido con indemnización bajo la reforma laboral más reciente. Y para todo esto será necesario, obligatoriamente, dinero.

Al final, demasiado dinero para lograr un objetivo: que los bancos supervivientes de la reforma, la mayoría, por no decir todos, se adecúen a un nuevo tamaño, el demandado por la actividad empresarial, es decir, limitado, puesto que el futuro del sector pasa por un superespecialización que la mayoría de los empleados bancarios en la actualidad, quizás no podrían alcanzar. Para hacerse una idea de las dimensiones que tendrá el sector bancario español, y según un informe de un prestigio instituto de estudios, en los próximos tres años se cerrarán una media de diez oficinas al día, lo cual dejaría en torno a las 30.000 esquinas de las ciudades españolas libres para emprendedores y otras inquietudes empresariales.

Es por todo esto por lo que, si el Gobierno desea que la reforma del sector financiero sea un hecho en los próximos meses, estará obligado a mover ficha, a comunicar la forma en que quiere desatascar el reajuste bancario, y no a través de “liebres” que tan sólo hacen que tensionar y alargar plazos. Entretanto, los banqueros esperan dinero público para tomar posiciones.

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