edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
06/06/2016
banca 
Conducta reincidente

La `Lista Falciani´, la bestia negra de la reputación del Santander

Conductas sospechosas de blanqueo de capitales, o echar la vista hacia otra parte. El enemigo, la propia conducta,  está en casa
Juan José González
Cuando el río suena. No es la primera vez que la Justicia llama a las puertas de Banco Santander por el mismo asunto; requerimiento de documentación relacionada con la Lista Falciani a instancia de la Fiscalía Anticorrupción en una investigación que dirige un juez de la Audiencia Nacional. Que el registro llevado a cabo por una unidad de la Guardia Civil en la entidad financiera, se produzca como consecuencia de un indicio -o certeza- sobre la actuación de la entidad en movimientos sospechosos de evasión fiscal, no significa su culpabilidad inmediata, asunto que deberá dictaminar el juez. Sin embargo, el daño reputacional causado por las sospechas, incluso antes de que se produzca cualquier sentencia condenatoria o absolutoria, es inevitable. Como inexcusable es también la reiteración en la que se ve inmersa esta entidad ante las sospechas de irregularidades.
Llama la atención que las pesquisas de la UCO, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil encargada de la investigación, se dirijan, de nuevo por las relaciones con la lista Falciani, al Banco Santander, si bien en la primera ocasión, los indicios sobre presuntas irregularidades se centraron en diez miembros de la familia Botín (el fallecido presidente y su hija Ana Patricia y actual presidenta). Hace cinco años, en el mes de junio, la Audiencia Nacional admitía a trámite las denuncias por fraude fiscal contra el entonces presidente de la entidad Emilio Botín, ocho miembros de la familia y la entonces responsable del banco Santander en Reino unido y hoy presidenta del grupo financiero, Ana Patricia Botín.

La Fiscalía Anticorrupción señalaba entonces que la Agencia Tributaria Española, alertadas por las autoridades francesas (24 de mayo 2010) que advertían una falta de información sobre las cuentas de determinados clientes españoles y que figuraban en la filial suiza de HSBC Plc. En aquel caso, la familia regularizó su situación fiscal pagando 200 millones de euros vinculados a las cuentas, y punto. Llovía sobre mojado pues la Audiencia Nacional ya había investigado (nunca condenado ni obligado a abandonar su puesto) por un vehículo de inversión que Santander ofrecía a sus clientes, así como por indemnizaciones multimillonarias devengadas a varios ejecutivos que dejaron la entidad.

Por si no fuera suficiente, otro destacado miembro de la familia, Jaime Botín, tío de la actual presidenta del grupo Santander, fue sancionado con una multa de medio millón de euros el pasado febrero por la CNMV "por infracción muy grave", por no comunicar debidamente su participación, como primer accionista de Bankinter con un 23,8%, en esta cotizada. Al igual que sucede de forma reiterada en el Banco Santander, en este caso, también es la segunda vez que la Comisión de valores multa a Jaime Botín por este motivo, pues ya fue sancionado con multa de 700.000 euros en 2013 "por no informar correctamente de su peso en el accionariado" de la sociedad. En esta ocasión, la verdadera participación del sancionado se consiguió por la filtración de datos de cuentas secretas domiciliadas en el banco de Suiza HBSB, información que, de nuevo, procedía de la Lista Falciani.

A pesar de la expectación del caso, las actuaciones se encuentran en una fase embrionaria (las autoridades recaban información y datos, materia prima de cualquier investigación). Pero los daños causados por las investigaciones por presuntas irregularidades, presuntos delitos de acción, omisión o colaboración por el "posible blanqueo de capitales en el banco HSBC", son, desde el principio, letales para la imagen nacional e internacional de la entidad, no sólo en base a la naturaleza y dimensión de los hechos investigados, si no también a la reiteración de los mismos.

Episodios de sospechas e irregularidades que no pasan inadvertidas en los mercados financieros, que son observados por las autoridades financieras y económicas internacionales y que terminan por llegar a la clientela. Seguramente, el BCE y la FED, que no son ajenos a las prácticas fiscales, seguirán muy atentos en los próximos meses la evolución de las investigaciones. Lo que está claro es que la Lista Falciani se ha convertido en el enemigo público número uno de la entidad que daña su imagen y prestigio, a la vez que pone en duda la gestión del buen gobierno de la sociedad. Falciani es ya la sombra que no dejará en paz a la entidad en un previsible largo período de tiempo en que se estima se prolongue una de las investigaciones más complejas que lleva a cabo la UCO.

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