edición: 2611 , Viernes, 7 diciembre 2018
10/04/2017

La lucha por los centros de datos abre una brecha insalvable y deja en cabeza a las tres grandes del sector digital

A Europa se le escapa la primera división basada en fuerza bruta, capacidad de almacenaje y proceso
Carlos Schwartz
Las empresas del sector digital, ya sea las grandes plataformas de Internet o las empresas de software tienen su propia carrera armamentista: se trata de acumular capacidad de almacenaje, de procesamiento de datos y fuerza bruta computacional. Para ello las más grandes han incrementado su inversión en una medida tal que se ha creado una verdadera brecha digital entre las tres grandes del sector, Amazon, Google-Alphabet, y Microsoft y un pelotón de rezagados que no tienen la capacidad financiera para acopiar recursos suficientes como para tener una tajada significativa de la nube digital. Europa, como de costumbre, va a la rastra en este sector a pesar de los discursos cargados de voluntad pero sin los recursos suficientes de los sucesivos comisarios para el Mercado Único Digital y de Economía y Sociedad Digital. El actual vicepresidente de la Comisión Europea y comisario del Mercado Único Digital, Andrus Ansip, está empeñado en lograr que caigan las barreras para el comercio digital dentro de la Unión Europea, pero todo parece indicar que quienes van a controlar las redes a través de las cuales se harán las transacciones sin fronteras serán las multinacionales estadounidenses. En esencia la batalla es por controlar el flujo de información y el rastro digital de las empresas a escala mundial cuyos procesos se desarrollan en la actualidad en la denominada nube en la que se almacena todo ese volumen de información. Amazon es un pionero y mueve capital de forma persistente para amasar las condiciones que le permitan mantenerse entre las primeras del sector. Planifica su mudanza en Madrid de Pozuelo a la zona de Atocha en breve, pero en Estocolmo ha decidido invertir de forma masiva en centros de proceso de datos.
Lo que está en juego es un mercado que se espera que alcance los cientos de miles de millones de euros. Esto es lo que determina que Google-Alphabet y Microsoft no se queden atrás en esta acumulación de recursos. “La fuerza bruta es indispensable cuando es necesario escalar de forma repentina el procesamiento de los datos en tiempo real”, afirma una fuente del sector. El año pasado la inversión combinada de Amazon, Alphabet y Mircrosoft fue de 31.540 millones de dólares lo que representa un incremento del 22% respecto de 2015. Mientras que no todo el dinero va al desarrollo de estas infraestructuras críticas las grandes del sector afirman en su mensaje a los accionistas que la nube es un objetivo central en sus planes de inversión.

Es interesante señalar que los accionistas y los financiadores de estos esfuerzos inversores han adoptado respecto al gasto en capital una actitud más que tolerante. Lo han encajado como parte del negocio, con la misma óptica que las empresas de telecomunicaciones cuando anuncian inversión en redes de fibra óptica o las petroleras cuando despliegan sus planes de inversión para buscar nuevas reservas de gas y petróleo.

Artner Inc, una de las principales empresas de consultoría en el sector digital, estima que el gasto global por parte de las empresas para el proceso de sus datos, el almacenaje, la capacidad de computación, la creación de redes y desarrollo de bases de datos ha sido de 500.000 millones de dólares a escala global. Este es el volumen de dinero en disputa, es decir cuánto de esta inversión va a parar a los profundos bolsillos de las grandes del sector.

“Es necesario tener en cuenta que hay una progresiva derivación de ese gasto de las infraestructuras propias a la utilización de los servicios brindados por las empresas con grandes infraestructuras en el sector de Internet y los procesos de datos. Por lo tanto la posibilidad de obtener una tajada cada vez más sustancial del desarrollo de estas grandes infraestructuras impulsa esta carrera inversora”, señala la fuente consultada. El volumen de inversión de los tres grandes ha creado una verdadera brecha con el pelotón rezagado. Pese a ello hay empresas que no se han retirado de la batalla. Un ejemplo es Oracle, también estadounidense, cuyo cofundador Larry  Ellison anunció el verano pasado en una conferencia de desarrolladores que Amazon deberá hacer frente a una competencia creciente en las infraestructuras en la nube.

La cuestión es que Oracle casi no existía en el sector en el 2016 y no parece que el volumen de inversión que está en condiciones de volcar en estas infraestructuras se pueda siquiera acercar a los recursos de los que van en cabeza. Los datos sobre el desarrollo del negocio son difíciles de evaluar, pero de acuerdo con el análisis del banco de negocios Morgan Stanley los servicios web vendidos por Amazon el año pasado alcanzaron los 7.900 millones de dólares, unas ocho veces más que el proveedor de servicios en las infraestructuras en la nube de la filial de Microsoft, Azure.

De acuerdo con las valoraciones del banco el tercero en el ránking ha sido la filial de Google-Alphabet, Google Cloud Platform, pero el salto es significativo con 16 veces menos que el primero de la lista. “El problema para Oracle es que su modelo de negocio se basa en la venta de licencias de software, y hay una migración de la compra de licencias a la suscripción de servicios de proceso de datos en la nube. O cambian de modelo o van a sufrir las consecuencias”, señala la fuente.

Amazon aspira a capturar ese mercado sin ningún reparo y ha creado las herramientas necesarias para una migración rápida hacia sus servicios en la nube. Pero más allá de estas batallas, lo que las mismas revelan es la completa ausencia de grandes empresas europeas en el sector. En su momento, Ansip señaló que era necesaria la inversión en el sector, que la batalla por las grandes plataformas de Internet estaba ya perdida pero que había otros modelos de negocios vinculados a la tecnología digital en los que las empresas tecnológicas europeas podían entrar a gran escala. Una de las vías que señaló fue la Internet de la Cosas. Cada vez resulta menos claro en qué pensaba.

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