edición: 2515 , Lunes, 23 julio 2018
10/02/2010

La medición del bienestar social se desliga de los tradicionales baremos macroeconómicos

El PIB valora la situación de una sociedad bajo un prisma cortoplacista poco compatible con el actual afán de desarrollo sostenible
Los indicadores tradicionales no calibran aspectos como la confianza social o calidad ambiental
Beatriz Lorenzo

Mantiene una desalentadora tendencia negativa que afecta a todos los indicadores económicos, y la brecha que la separa de la recuperación del resto de Europa se ahonda día tras día. España conserva su desafortunado puesto de honor a la cola de la Unión Europea en cuanto a porcentaje de desempleo, y el consumo de los hogares ha caído el año pasado más de un 5% la producción Industrial cerca de un 17%. Una situación que, a la hora de medirla a través de los indicadores tradicionales, causa vértigo y desazón. En este sentido, los tradicionales sistemas de medición del bienestar, del estado de salud de un país, están reinventándose en los últimos tiempos, al amparo de la investigación de los premios Nobel de Economía Amartya Sen y Joseph Stiglitz respaldada por el presidente francés a finales del año anterior. En  el escepticismo de los últimos tiempos hacia la validez del Producto Interior Bruto como baremo de la situación de un país influyen también  las últimas investigaciones de de la National Bureau of Economic Research, organismo estadounidense, en el sentido de que la identificación de la crisis económica no vino precedida de dos trimestres negativos en el PIB, una revelación “favorable” en cierto sentido para España, que acumula casi 24 meses seguidos de datos negativos respecto a este indicador.

Frente a la definición tradicional de dos trimestres consecutivos con una reducción del PIB, la National Bureau of Economic Research define la recesión como una disminución significativa de la actividad económica durante un periodo mayor que unos meses y normalmente visible en el PIB real, la renta disponible, la producción industrial y la venta minorista. La NBER mide de forma mensual esta tendencia, no trimestral, para dar una visión más detallada de cualquier alteración en la misma.

MEDIR EL BIENESTAR

En épocas como la presente, en que la economía mundial vive un drástico desempleo y una evidente parálisis de la demanda, los indicadores tradicionales tienden a ser cuestionados.  En general, las opiniones se orientan en la dirección de que ningún indicador, por preciso que sea, puede sintetizar por sí sólo algo tan complejo como la sociedad humana. Referencias convencionales y utilizadas durante décadas, como el PIB, únicamente pueden calibrar el crecimiento económico, sin aludir a referencias relacionadas con la RSC, tales como la confianza social o la calidad del medio ambiente. Además, el PIB como baremo tiene un carácter eminentemente cortoplacista, algo claramente contraproducente en unos tiempos en que la búsqueda del desarrollo sostenible a largo plazo es la principal motivación.

Según Stigliz, uno de los autores del informe avalado por Sarkozy, “las estadísticas defectuosas pueden llevar a conclusiones e inferencias equivocadas. En los años previos a la actual crisis sistémica, muchos europeos, cautivados por el crecimiento norteamericano, se inclinaban al modelo anglosajón. Si hubiesen preferido parámetros como el ingreso medio (mejor medida de la realidad social) o ajustar en función de un endeudamiento familiar expansivo, no habrían sido tan optimistas”.

El PIB comete el error de equiparar riqueza a crecimiento. Según este indicador, una sociedad no seguirá avanzando si no aumenta su PIB total y PIB per cápita. Además de las limitaciones del PIB para juzgar la salud real de una economía, este indicador relaciona desarrollo humano con necesidad de crecimiento.  Además, el PIB omite matices tales como aquellas transacciones que no tienen lugar en el mercado, de acuerdo con las leyes del mercado. La economía sumergida también es la gran olvidada, el PIB valora a la baja a países que cuentan con una mayor economía sumergida o la que realiza un mayor número de transacciones al margen del fisco.

El DESARROLLO COMO META

El tema de la medición del bienestar es también tema de preocupación de los organismos internacionales. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica anualmente el Informe Mundial sobre Desarrollo Humano, que sirve de insumo y justificación para las políticas y decisiones gubernamentales.  El informe del PNUD define el  desarrollo como el proceso de “incrementar las posibilidades de elección de las personas”, haciendo referencia a las posibilidades de elección que permiten  alcanzar mayor productividad en todos los niveles.

El concepto clave del informe indica que el crecimiento de los ingresos no asegura un mayor desarrollo humano, ya que el bienestar de un país no depende de sus ingresos, sino del uso que a éstos se le da; y un ingreso per cápita elevado no garantiza un desarrollo humano ideal. El informe se basa, entre otros aspectos, en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que permite comparar, a través del tiempo, la situación relativa de los países en los tres aspectos más elementales del “desarrollo humano básico”: vida larga y saludable (medida según la esperanza de vida al nacer), educación (medida por la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta combinada de matriculación en educación primaria, secundaria y terciaria) y nivel de vida digno (medido por el PBI per cápita en dólares americanos).

Adicionalmente, el Informe de Desarrollo Humano contiene una vasta lista de indicadores en su parte final. Allí presenta los resultados de índices derivados del IDH: Índice de Pobreza Humana para Países en Desarrollo (IPH-1), Índice de Pobreza Humana para Países de la OECD Seleccionados (IPH-2), Índice de Desarrollo Humano Relativo al Género (IDG) y el Índice de Potenciación de Género (IPG). Presenta además datos desagregados por países para las principales dimensiones del desarrollo humano; por ejemplo, perfiles de salud, educación, situación laboral, flujos financieros, brechas Norte-Sur, situación de las mujeres, etc.

En los últimos tiempos se han desarrollado y popularizado indicadores alternativos al Producto Interior Bruto para valorar el nivel de bienestar de las sociedades, tales como la Encuesta Europea sobre Calidad de Vida, que intenta tener en cuenta no sólo indicadores objetivos relacionados con el nivel de vida, sino que aporta información de una amplia encuesta realizada en todos los países de la UE, o la Felicidad Interior Bruta, un innovador sistema popularizado el Centro de Estudios Bhutaneses de Bhután, un pequeño país que presume de contar con una población que tradicionalmente ha desligado felicidad, bienestar y realización personal del concepto occidental de bienestar y productividad económica.

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