edición: 2915 , Viernes, 28 febrero 2020
16/12/2015
Parece un aviso

La memoria histórica (subprime) provoca una escalada vendedora de activos

Empresas españolas en expansión internacional comienzan a mirar hacia otros mercados
Juan José González
Por simple asociación de ideas se puede dibujar un escenario de las finanzas mundiales que debe preocupar a empresas con proyectos de internacionalización y a inversores despreocupados. Se dan cita la caída de las materias primas, depreciación de divisas como el yuan, subida de tipos en Norteamérica a la vuelta de la esquina y tipos negativos en Europa. Por tanto, no extraña que la primera chispa de esos fondos de inversión pueda hacer saltar por los aires algunas bombas de deuda. La realidad del mercado, los movimientos que estos días llevan a cabo algunos fondos de bonos, rescatan de la memoria acontecimientos de la talla del crac de las subprime de hace años: episodio que comenzó con el `inocente´ movimiento de un banco francés (BNP) que paralizó los reembolsos de dos fondos de inversión. Idéntico movimiento es el que acaba de producirse en una gestora de fondos de inversión libre norteamericanos.
De repente, todas las miradas se vuelven y vuelcan sobre los mercados bursátiles. Esta vez no se trata de especular sobre la llegada o no del rally fin de año, como si éste fuera el aguinaldo obligado y recurrente en la parte final de cada año. Llama la atención que el mercado bursátil, `termómetro´ por excelencia de la actividad económica, se encuentre estos días en tan mala forma, sufriendo los avatares del momento, a pesar de la asistencia permanente y vigilancia activa del Banco Central Europeo. Es cierto que persisten los riesgos macroeconómicos asociados al elevado volumen de la deuda pública y de la deuda corporativa o privada. También es cierto que los balances empresariales continúan presos y cautivos de los activos basura. La bolsa suma y sigue asignaturas pendientes, y resta y sigue recortando valor a punto de saldar un año que los inversores dan por perdido.

Problemas en el habitual coso y sede de disputas empresariales. Los inversores venden, salen del mercado en un goteo lento. No sirven los estímulos protectores de la autoridad monetaria europea. Perciben los habituales del mercado de acciones que tanta protección del BCE es, a la larga, negativa porque asegura una demanda artificial, inflada. Sospechan que el escenario bursátil reúne ingredientes que no `maridan´ bien. Uno de estos se encuentra en el nivel, al parecer, falso que presentan buena parte de beneficios maquillados, irreales. Creen los inversores -de cualquier tamaño y condición- que la renta disponible no debe tomar tantos riesgos en vista de la inseguridad que provocan algunas compañías por la dificultad de mantener el aumento de los beneficios.

Llama la atención en esta coyuntura (caída de las bolsas, escaso crecimiento económico, desempleo y mercados emergentes en precrisis) el papel discreto, de segundo actor, casi a la sombra, que protagonizan las agencias de calificación, ausentes en el revuelo de las malas noticias, sin añadir la leña al fuego que en el pasado las consagró en la más sobresaliente impopularidad. En esta fase final del ejercicio, las agencias de rating se ponen de perfil y no quieren saber nada de fondos de inversión, endeudamientos y otras situaciones de preconcurso.

Los comportamientos racionales producen en ocasiones el efecto contrario que se persigue: ha sido recordar que el selectivo bursátil vivía preso de su peor racha de 25 años y dar pie al rebote de turno. Es la bolsa en su más genuina salsa, especulativa y desequilibrada. Aunque en esta ocasión parece advertir la presencia de una borrasca a distancia indeterminada. Es probable que las empresas españolas que están inmersas en ambiciosos procesos de internacionalización, se encuentren replanteando el destino de sus mercancías o inversiones, a la vista de los crecientes problemas de los mercados emergentes grandes o tradicionales.

Seguramente estas empresas cuenten con un `plan b´ alternativo, pues el horizonte donde habían fijado el objetivo comienza a complicarse más de lo previsto. La coyuntura da por agotada la fase de la ganancia rápida en los mercados emergentes clásicos, y otro tanto sucede en el mercado asiático, donde algunas de las economías con mayor crecimiento se disponen a echar el freno. Se impone, por tanto, un cambio en el destino final, búsqueda de nuevos mercados (emergentes o no) para huir de aquellos que ya están en inmersión -`inmergentes´- en plena zambullida. Porque la crisis de las materias primas parece que va para largo.

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