edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
19/12/2013

La MIFID II entra en la recta final con un debate de fondo que puede no quedar resuelto a gusto de todos

La fungibilidad de los contratos de derivados se ha convertido en el mayor obstáculo para cerrar la reforma
Carlos Schwartz

Las comisiones negociadoras de la reforma de la directiva para mercados en instrumentos financieros (conocida por sus siglas en inglés como MIFID II) trabajaban esta semana en un intento de dejar pactados los últimos detalles de la directiva que además incluirá un par de disposiciones de rango superior a la directiva, es decir reglamentos de la CE. En líneas generales los escollos de los denominados “dark pools” -donde se casan operaciones de forma opaca- y las operaciones de alta frecuencia -aquellas hechas mediante sistemas informáticos en las que los periodos de latencia son infinitesimales- fueron superados mediante acuerdos entre las partes de acuerdo con fuentes al tanto de las negociaciones. Tras tres años de arrastrar el debate sin llegar a ningún puerto parece que esta vez, al filo de la extinción del mandato del Parlamento Europeo y la presente Comisión, se alcanzaría un acuerdo.

Pero, queda un asunto de mucha entidad como frente de tormenta que separa a dos grandes grupos de operadores. Y este frente no es en definitiva el menos importante. Se trata del procesamiento poscontratación de los derivados sobre los cuales reinan intereses encontrados. Haciendo un poco de memoria ocurre que en octubre de 2008 en una reunión del G20 los países miembros acordaron la necesidad de mitigar el riesgo sistémico de los contratos de derivados bilaterales -over the counter, OTC- reformando la legislación financiera para obligar a que este mercado opaco se liquidara en la fase posterior a la contratación a través de las entidades centrales de contrapartida (ECC). Los debates suscitados por la reforma de la MIFID se han aproximado a este espinoso tema desde la óptica de abrir las ECC integradas verticalmente con las bolsas, en las que se hace liquidación y compensación de los derivados contratados de forma transparente en ese mercado, a los contratos OTC. Esto presupone en cierta medida la fungibilidad de los contratos de derivados, es decir que los OTC puedan ser homologables a sus congéneres contratados de forma transparente.

Pero además que los índices base de contratos de futuros propietarios, por ejemplo sobre índices de Bolsa, puedan ser convertidos en contratos de futuros por cualquier mercado y liquidados en cualquier ECC. Para ello una bolsa debe cerrar un acuerdo con otra propietaria de un índice para poder hacer contratos en ese índice, pero que además luego lo pueda liquidar en cualquier ECC. Con lo cual por ejemplo, el London Stock Exchange podría teóricamente negociar no sólo sus propios índices (FTSE), sino además podría hacer contratos sobre el Eurostoxx y liquidarlos a través de la ECC de Deutsche Borse, Eurex. La batalla que se ha desatado tras las densas cortinas de la negociación política, que involucra a países y actores del sistema financiero, es entre los operadores con sistemas propietarios integrados verticalmente con sus propias ECC, y las ECC que dependen de los mercado organizados también integradas verticalmente.

El asalto al bastión europeo por parte de las empresas de servicios financieros estadounidenses, que hasta ahora han parecido dominar el escenario de la consolidación del sector de bolsas y mercados en Reino Unido y el continente, se siente ahora amenazado por esta vuelta de tuerca de la reforma. Un ejemplo claro es InterContinentalExchange (ICE). El año pasado se hizo con el New York Stock Exchange (NYSE) tras el bloqueo por parte de la Comisaría de la Competencia de la CE a la fusión Deutsche Borse-NYSE. Lo cual ha dotado a uno de los gigantes de los contratos de futuros (en CDS) en Estados Unidos con el London International Financial Futures Exchange (LIFFE), es decir el mercado de futuros financieros británico. Esta consolidación ha convertido a ICE Clear -la ECC de este mercado- en una de las entidades de contrapartida con capacidad de convertirse en una de las más grandes de Europa.

Va de suyo que compite con la ECC London Clearing House-Clearnet cuya mayoría de capital ha adquirido este año el London Stock Exchange (LSE) que se ha convertido así en un mercado verticalmente integrado. Si los contratos de derivados, por ejemplo los de futuros financieros, se hacen fungibles como se pretende y se pueden canalizar hacia las ECC competidoras parte de la ventaja estadounidense en la consolidación de los mercados se disipa. La norma que vale para ICE también rige sobre los intereses de mercados propietarios como el Chicago Mercantile Exchange que ha montado su propia ECC en Europa. La batalla por la apertura de las ECC la ha librado Reino Unido, llevando de la mano los intereses de LCH.Clearnet. Esta ECC es con mucho la entidad más grande Europa en materia de liquidación de contratos y aspira a capturar más mercado. Mientras el LSE pretende hacer mercado en futuros sobre otros índices que no sean el FTSE, y liquidarlos en las ECC del país en el que el índice se hace.

Europa lleva un considerable retraso en el desarrollo de la reforma de MIFID respecto de la entrada en funcionamiento en Estados Unidos de la reforma conocida como Dodd-Frank el pasado junio. El sistema estadounidense surgido al amparo de las reforma del sistema financiero con dicha ley inició su actividad para derivados este verano pero está aun sujeto a la depuración de acuerdos entre el regulador, CFTC, y los operadores durante un periodo de adaptación. Además los plazos que determinan la obligatoriedad de operar a través de la plataforma única denominafda SEF recién tomaron plena vigencia para el sistema electrónico para instrumentos OTC este diciembre. Pero mientras en Estados Unidos se ha desarrollado una plataforma única para la liquidación de los contratos OTC, la multplicidad de ECC en Europa exige otro tipo de compatibilidades. Son estas compatibilidades las que han provocado los conflictos.

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