edición: 2806 , Miércoles, 18 septiembre 2019
06/03/2014
FG acepta el `consejo´ del Banco de España

La mora oculta de BBVA y la quiebra de Caja Madrid, dos situaciones paralelas

El banco azul quiere evitar una mala calificación de la Autoridad Europea Bancaria
Juan José González

Aviso premonitorio que precede a la desgracia (el Banco de España avisó de que Caja Madrid perdería 5.000 millones en dos años) y reconocimiento tarde para evitar que sea más tarde (BBVA reconoce 6.200 millones de euros de mora oculta). Ambos hechos conocidos esta misma semana. Y es que en ocasiones el destino se vuelve caprichoso y obra la casualidad. En los dos casos, todo indica que se trata de un ejercicio de limpieza, de transparencia a toro pasado, posible ajuste de cuentas de algunos `ex´, movimiento de levantar las alfombras que llega con cuatro años de retraso en el primero y uno en el segundo. Evidente ocultación de unos hechos, probablemente delictivos, por falta de responsabilidad jurídica, en el caso de Caja Madrid. Es un caso flagrante de irregularidad la actuación del Banco de España, y no lo es menos el descubierto en las cuentas del BBVA. Es probable que los dos casos respondan a una lógica: en el primero, la obligación de secreto de las actas del consejo de administración que conoció los riesgos presentes y futuros de la caja madrileña. En el segundo, se trata del reconocimiento de una realidad contable a partir de un cambio normativo implantado por el Banco de España.

En ambos casos, el ejercicio de transparencia llega tarde, muy tarde como se ha encargado de mostrar el destino, una intervención del Estado para evitar el cierre de una entidad bancaria con millones de clientes y muchos más millones de recursos que ha requerido el agujero. La realidad muestra que la Inspección del Banco de España alertó al entonces presidente de la entidad, Rodrigo Rato, sobre el riesgo de todos los créditos concedidos en la etapa de Miguel Blesa al frente de la entidad, y que como consecuencia, la entidad perdería 5.000 millones de euros en dos años. Es una información que sale a la luz cuatro años después del aviso y que ahora ha llegado a las manos del juez Fernando Andreu de la Audiencia Nacional. Curiosamente, la intención del juez no iba dirigida a la llamada de atención del supervisor sobre los riesgos, sino que pretendía averiguar la paternidad, `el ideólogo´, de la emisión de preferentes de Caja Madrid.

La actuación del supervisor, sin embargo, ha sido más veloz y eficaz en 2013, `recomendando´ al banco de FG que reconociera la realidad, o sea, la mora oculta y trasladara 6.249 millones de euros al capítulo de morosos de ese ejercicio. El reconocimiento en cuestión se ha saldado para el banco de la peor forma posible: los créditos refinanciados en mora alcanzaron 14.800 millones de euros, y muestran que la salud de los préstamos del BBVA no gozaban de la relativa buena salud que como aseguraban sus directivos.

Las situaciones de Caja Madrid de 2010 y la de BBVA en 2013, muestran igualmente su parecido en la causa de la morosidad, esto es, en el crédito ligado al sector promotor y en el que la entidad de FG reconoce como morosos casi el 76% de los préstamos negociados, frente al 45% del año anterior. En el caso de la caja madrileña suponían cerca de 3.000 millones de euros los activos reclasificados como dudosos. Tanto la caja de entonces como el banco azul en la actualidad han sufrido la corrección obligada por el Banco de España, refinanciando la cartera de crédito promotor según las nuevas condiciones impuestas por el supervisor. Al BBVA la reclasificación le ha supuesto aumentar los créditos morosos de los promotores en 2.200 millones de euros.

Un analista del sector apunta la posibilidad de que esta actitud de transparencia repentina de la entidad de FG responda a una decisión del consejo al estimar que es más recomendable reconocer una nueva situación justificada en un cambio de criterio normativo, como es el caso, que explicar por qué no se ha llevado a cabo en su debido momento. Lo cierto es que el banco ha venido presentando una situación de morosidad oculta en hipotecas que, en primera instancia le han servido para no dar muchas explicaciones a los analistas, y que a partir de ahora sí podrá justificar en virtud del cambio normativo.

Por tanto, gran parecido -no caprichoso- de las situaciones de la Caja Madrid de 2010 con el BBVA de 2013, aunque bien está que Francisco González haya seguido el consejo del supervisor y `recolocar el balance´ a tiempo, es decir, antes de hacer el papelón en una pruebas de estrés a la vuelta de la esquina.

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