edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
28/10/2008

La necesidad de hacer caja fuerza la venta de reservas de oro

J.J. González.- Se proponen sacar dinero hasta debajo de las piedras. Vicepresidente del Gobierno y gobernador del Banco de España, pueden haber cambiado de criterio en algunos temas, forzados por toda la caterva de problemas de última hora. El déficit público ya no se contempla en el horizonte; está a la vuelta de la esquina, y si la óptima situación presupuestaria de los últimos años no daba motivos de preocupación, los déficit públicos que se avecinan, obligan al Ejecutivo a hacer acopio de recursos. Y ¿qué mejor recurso que las reservas de oro? El progresivo deterioro de las cuentas públicas habría presionado a los responsables económicos para buscar soluciones rápidas. En los próximos meses dará comienzo un invierno que puede durar, al menos, dos años –dos presupuestos enteros-.

En lo que va de año, y con mayor ritmo en los últimos meses, el Banco de España se ha venido desprendiendo de sus reservas de oro, con el objetivo de hacer caja como sea, razón por la que Pedro Solbes, dio la orden al gobernador del Banco para que procediera a “poner en rentabilidad los activos en poder del Banco de España”. Y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, no lo dudó ni un segundo, poniendo a trabajar a todo el equipo de metales preciosos del Banco (15 personas entre técnicos y administrativos).

Desde principios de año se ha vendido el 32% de las reservas de oro del Banco, pasando de los 13,4 millones de onzas (417 toneladas) a los 9,1 millones de onzas (283 toneladas), y en el último mes se vendieron unas 25 toneladas, el 8% del total. Según la contabilidad del Banco de España, el beneficio por las plusvalías de los lingotes de oro vendidos solamente en 2008, asciende a 2.489 millones de euros, resultado de la venta en el mercado de todo el mundo (principalmente China e India) de 7,7 millones de onzas de oro, por una cifra cercana a los 3.500 millones de euros. De los casi 32.000 millones de euros que el Banco atesoraba en 2001, tan solo queda en sus arcas oro por valor de poco más de 7.700 millones de euros.

En principio, el vicepresidente del Gobierno había dispuesto que el dinero obtenido por la venta del preciado metal fuera destinado “para el fortalecimiento de su situación patrimonial –del Banco de España-, ya sea capitalizándose o cubriendo minusvalías de créditos al sector público español amortizados antes de tiempo”. Pero este destino puede haber cambiado de dirección en las últimas semanas hacia el Tesoro público.

El encargo del ministro no resulta de fácil cumplimiento, dada la turbulenta situación de los mercados internacionales, ya que no es tan sencillo encontrar activos rentables y seguros como vender oro cuando el mercado está dispuesto a adquirir todo lo que salga y más. Según el cálculo reciente de los bancos centrales de Europa y del Banco Central Europeo, “el oro físico no ofrece ninguna rentabilidad y al contrario provoca gastos de custodia y mantenimiento”. En los meses de agosto y septiembre, los técnicos del Banco realizaron adquisiciones de activos rentables, que no fueron otros que bonos de Estados europeos y latinoamericanos, estos últimos considerados como los de mayor rendimiento del mercado.

En realidad, el metal precioso, el oro, ha perdido todo el brillo y esplendor característico desde que fue establecido en Bretón Woods en 1944, como el patrón de cambio-divisa, patrón que rigió el sistema monetario internacional. Pero se ha quedado obsoleto, y su guarda y custodia anacrónica: ya no es preciso mantener en reserva munición en cantidad para hacer frente a una eventual crisis de la peseta por la sencilla razón de que ya no existe. Sin embargo, según el “criterio prudente” del Banco de España y del ministerio de Economía, “la venta de las reservas de oro se puede dar por concluida” y no está previsto desprenderse de los 9,1 millones de onzas que se mantienen aún en la contabilidad del Banco.

En todos los países se ha montado cierto revuelo con la venta de las reservas de oro. En Francia Dominique de Villepin, primer ministro con Jacques Chirac, tuvo que explicar con cuadros y dibujos en la Cámara francesa el por qué ya no tenía sentido seguir guardando el oro en un foso gigante. En España, el ministro Pedro Solbes tuvo que dar explicaciones al Senado en junio pasado y en Italia Romano Prodi recibió en su día duras críticas de los conservadores de la oposición, porque les parecía más razonable reducir la deuda pública que ingresar las ganancias en el Tesoro. El caso más sorprendente es el de Alemania; el Bundesbank aún no ha iniciado la venta de reservas, ya que el Gobierno de Merkel duda entre atesorar las plusvalías o corregir los desequilibrios de sus cuentas públicas.

El mes pasado Jean-Claude Trichet lanzó una reflexión al aire que dejó helado a más de uno: ´Quizá debamos volver a Bretón Woods, a la disciplina. Porque está claro que los mercados financieros necesitan disciplina: macroeconómica, monetaria y de mercado. (...) La reciente crisis es, en parte, consecuencia de la desregulación que ocurrió después del abandono de Bretton-Woods.´. Reflexión que meses antes había solicitado Alain Greenspan: “regresar al oro o algún sistema análogo”. Para echarse a temblar.

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