edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
19/06/2009

La nuclear de Obama deja sin argumentos contra Garoña a Zapatero

A Moncloa se le echan encima todas las contradicciones energéticas con la UE y EE UU
Zapatero impulsa la nuclear china, olvida que las españolas participan en una veintena de centrales exteriores y deja el suministro, el uranio y los residuos en manos ajenas
Ana Zarzuela

 Se empeña en calentar el entierro de Garoña y amuebla un sarcófago para 2011, pero huérfano de argumentos técnicos -ahora que el CSN avala la continuidad por otra década- y a falta de ‘enterradores’ que echen paladas de tierra política sobre la central burgalesa, Rodríguez Zapatero mira más allá de los Pirineos. A Moncloa se le ven las costuras exteriores, emite vientos de confusión y recoge los vendavales de su soledad energética. Se empeña en mirar a otras centrales para hacer “norma” de la excepción del cierre de Garoña. Pero un segundo vistazo deja huérfano su credo de clausurar todos los reactores a los 40 años: el 93% de las ‘hermanas’ de Garoña -tecnología BWR norteamericano y anteriores a 1975 -ya han sido autorizados para seguir operando o están en ello. Moncloa mira a la energía de Washington, saca pecho cada vez que puede con sus medallas ‘verdes’, pero si llega el cierre de Garoña, lo hará también de espaldas a Obama. Se lo recuerda el Secretario de Energía norteamericano: el 70% de sus instalaciones pueden estar operativas una media de seis décadas, Oyster Creek, la gemela americana de Garoña  -y con ella otras ocho- ya tiene un permiso hasta los 60 años recién rubricado por Obama; un 20% de energía atómica es imprescindible en el mix nuclear en EE UU y será el propio gobierno federal el que co-financie media docena de nuevas centrales.

Las contradicciones de Moncloa tienen ventanas a las calles de Europa y Asia y alimentan la soledad de ZP, la oveja negra de la nuclear civil mundial, con una dependencia exterior del 82% de la energía -frente a un 52% de media europea-, un aumento de sus emisiones contaminantes que la aleja del objetivo de Kioto, sólo un 18% de su producción eléctrica de origen nuclear -frente al tercio de media europea, -conexiones de la red limitadas y un déficit de tarifa de más de 14.000 millones y la imposibilidad –que le recuerda el último informe de la Comisión Europea- de llegar más allá del 12 % en renovables en 2020. Paga a Francia y Gran Bretaña por los residuos, levanta la bandera ibérica para tratar de conseguir la silla de Echavarri en la Agencia Internacional de la Energía Atómica; el Ejecutivo de Zapatero acaba de sellar un acuerdo bilateral con el Gobierno de Pekín  para impulsar la nuclear china  -y facilitar la transmisión de tecnología y la inversión en tierras de Mao por una década- y el Ministerio de Industria abre las puertas del uranio español a los apellidos ajenos.

ZP le prepara el expediente a Garoña. Se enroca de espaldas a la UE y a EE UU. Trata de tejer todos sus círculos viciosos: cómo ser rentable y segura y cerrar, cómo hacer que no parezca una decisión política, (ya ha desechado que el CSN entonara sus partituras), cómo hacer que parezca que las renovables pueden con ella, cómo solucionar las demandas y cómo opacar las cifras que emergen ahora sobre la mesa. Se echa a la espalda el informe del CSN, las aristas del mix energético para prescindir –sin facturas adicionales– de la energía nuclear y el incumplimiento del Protocolo de Kyoto. Se inviste de Quijote contra las centrales nucleares. Pero si Europa le ha sacado los ‘colores verdes’ a Moncloa y a Miguel Sebastián y le chafa lo que en Ferraz pensaron que sería una ‘tercera vía’  para el cierre de Garoña, del otro lado del Atlántico no será Obama el ‘Sancho Panza’ de su cruzada global. El Secretario de Energía estadounidense, Steven Chun no conoce Garoña ni ha recibido aún la misiva del Comité de Empresa de la central burgalesa pidiendo protección a la Casa Blanca, pero si hubiera querido entonar un credo contra el cierre de la central no se lo habría dicho más claro a Zapatero: la atómica -recordaba- es una energía “limpia y de base”, imprescindible en al menos la cuarta parte del mix nuclear y en camino de resolver los flecos que pueda tener pendientes de seguridad y residuos.

Rodríguez Zapatero ha deshojado la margarita de todos sus argumentos: los de la seguridad los desmonta el Consejo de Seguridad Nuclear. Sus ‘buenas notas’ en todos los exámenes técnicos -ocupa el puesto 34º del mundo en materia de seguridad y está entre las 10 primeras en protección ambiental- más de 370 millones de inversiones, la sintonía con todos los requisitos del CSN y el visto bueno de la AIEA allanan el camino de la renovación a Garoña. Y ni la subida de la producción nuclear, ni el cálculo del precio del desmantelamiento y un 10% adicional en la factura energética -ahora que Sebastián cruza los dedos para que no se estropee la foto con las eléctricas- ni la demanda por lucro cesante que Nuclenor ejecutaría, ni el precio del incremento compensatorio en otras centrales obran a favor de las tesis del cierre que Moncloa trata de defender. El compromiso electoral -se lo ha recordado González y hasta Sebastián- no es incompatible, letra a letra, con diez años más de una central cuya vida útil no ha terminado. Por eso, a la vista de la orfandad de sus ‘tanques’ anti-nucleares Moncloa se atrinchera en las lanzas más políticas y busca aliados allende las fronteras para su cruzada.

La “soledad” antinuclear española es aún más patente allende las fronteras de los Veintisiete: EEUU, referente de las energías verdes para Zapatero, está renovando licencias nucleares y va a instalar nuevos reactores. Es el horizonte energético de Obama el primero en recordarle que, como Sebastián se atrevía a sugerirle, a los 50 ‘algunas siguen estupendas’: la central de Oyster Creek, que es similar a Garoña, ya tiene un permiso de funcionamiento hasta los 60 años recién sellado por Barack Obama en abril de 2009. Nada extraordinario, que no pase con el 70% de las instalaciones nucleares norteamericanas, operativas una media de seis décadas. En Estados Unidos hay 104 reactores, de los que la mitad -el 10% del total mundial- ha ampliado recientemente su ciclo de vida útil. Ocho de ellas tienen entre 38 y 39 años y han recibido autorización para operar hasta los 60 años. Otras 40 están en fase de tramitación, al igual que sucede en países como Suíza -donde dos llevan operando más de 38 años y disponen de permiso indefinido-Japón, Suecia, Holanda o Corea.

Con sus 104 reactores en pleno funcionamiento y otros cuatro parcialmente construidos, Estados Unidos ya no es sólo el inventor de la energía atómica sino también su mayor productor mundial con 806 terawatios hora en 2008, casi un tercio del total del planeta -2.562 terawatios-. Se prepara además, para saltar con las pértigas de Obama el muro de sus últimos tabúes nucleares. En un país en el que no se ha construido una central desde que en 1979 se produjo un accidente en la planta de la isla de Three Mile Island, en Pensilvania, el Departamento de Energía concederá en semanas garantías por valor de 18.500 millones de dólares para construir cuatro reactores de última generación, la mayor obra de la industria atómica estadounidense en tres décadas. UniStar Nuclear Energy, NRG Energy Inc., Scana Corp. y Southern Co ya escogieron los terrenos y procederán a la construcción en 2011, para generar energía eléctrica en 2015-2016. Después de décadas sin recibir ni una sola petición, la Comisión de Regulación Nuclear ha procesado desde finales de 2007 solicitudes de licencias para construir 26 nuevos reactores, según la Asociación Mundial de Energía Nuclear. La organización Sierra Club estima, a su vez, que los planes son para más de 30 reactores a lo largo y ancho del país, con un coste de entre 4.000 y 6.000 millones de dólares por central. Los planes federales de estímulo económico -advierte Chung- podrían permitir la construcción de otras tres o cuatro nuevas plantas.

LA ‘NORMA’ QUE DESMIENTE A ZAPATERO

Trata de mirar a las fronteras exteriores y vestir de rutina su decisión política. Pero si se analizan los 30 reactores nucleares comparables al de Santa María de Garoña en todo el mundo - de tecnología BWR y con fecha de puesta en servicio anterior a 1975- el 93% han sido autorizados, han solicitado autorización o están planeando solicitarla para poder operar a largo plazo. En Estados Unidos, con una legislación muy severa tras el accidente de Three Mile Island en 1979, ya se han concedido licencias de operación por sesenta años a 26 unidades y otras 18 centrales están en proceso de revisión. En Europa también se están llevando a cabo proyectos similares, en Países Bajos, Suiza o Suecia. Y  en Japón -un país altamente sensibilizado con la energía nuclear por razones obvias-  se plantea la posibilidad de contar con centrales cuya vida sea del orden de 70 años. No es sólo Nucleanor la que desmiente, cifra a cifra, el laberinto de las comparaciones de Moncloa, ése que se empeña en proclamar que “en el mundo sólo hay seis centrales nucleares que tienen un escenario de prórroga para sobrepasar los 40 años" y “sólo hay una nuclear en funcionamiento con más de 40 años, en el Reino Unido, y se va a cerrar dentro de dos”.  En realidad, en EE UU hay 41 centrales nucleares con permiso hasta los 60 años, 10 de ellas similares a Garoña. En todo el mundo hay 58 nucleares con permiso para funcionar seis décadas. Y con la edad de Garoña, 38 años, siguen produciendo electricidad 12 plantas, que suman una potencia de 5.879 MW.

De la treintena de países que han tenido o tienen plantas atómicas de generación eléctrica, son 18 los que han cerrado ya alguna. Es verdad que el país que más reactores nucleares tiene, Estados Unidos con 104, es también el que más ha cerrado: 28, pero la mayoría de ellos –salvo Zion o Troyan- eran muy pequeños, la mitad de los cierres se produjeron con anterioridad a 1980 y no ha habido ninguno desde 1998. Los 122 reactores nucleares de todo tipo que un día tuvieron que ser apagados pueden parecer muchos frente a los 436 que hay hoy en funcionamiento, pero buena parte de ellos son de pequeño tamaño, de una potencia mucho menor que la de  Garoña (466 MW). Y, a cambio, hay 47 en construcción (12 de ellos en China) que se espera que sumen una potencia instalada superior a la de los cerrados (36.650 MW clausurados, por 40.798 MW por construirse).


LA ‘OVEJA NEGRA’ DE LAS NUCLEARES

Lo saben en Industria: a pesar de ZP,  el plan energético para la presidencia de la UE en 2010 no dice nada sobre el cierre de centrales en sus propuestas sobre seguridad del abastecimiento y política exterior. No sólo se trata de que una quincena de los 27 cuenten con centrales, de que Francia y Reino Unido piloten su nuevo impulso, o de que fortalezas antinucleares como Italia, Suecia, Suiza y algunos países del Este hayan vuelto por la puerta del pragmatismo y las urgencias energéticas a esta fuente. Es la mismísima UE la que sangra por los poros de la indecisión española y le marca en voz bien alta las barreras: se acabó esconder la energía nuclear tras los muros de la Vieja Europa. Si hace un año Andris Piebalgs se limitaba a defender el derecho de los gobiernos de los Veintisiete a elegir un mix energético y a pedir transparencia con la seguridad de las centrales, ahora el máximo responsable de la energía de la Unión exige -para poder hacer frente al cambio climático, la seguridad del suministro y la competitividad- un 30% de fuentes nucleares.

El sector le envidia la suerte a Gran Bretaña, Francia –cuyas nucleares producen el 75% de la energía- Italia o Finlandia, de vuelta a la energía nuclear para reducir las emisiones contaminantes, diversificar y evitar la dependencia exterior, mientras España paga una factura de 50.000 millones de euros anuales por la energía ajena. Con una dependencia exterior del 82% de la energía -frente a un 52% de media europea-, un aumento de sus emisiones contaminantes que la aleja del objetivo de Kioto, sólo un 18% de su producción eléctrica de origen nuclear -frente al tercio de media europea, -conexiones de la red limitadas, un déficit de tarifa de más de 14.000 millones  y la imposibilidad –que le recuerda el último informe de la Comisión Europea- de llegar más allá del 12 % en renovables en 2020, para España cerrar Garoña sería “incompensible” en lo económico, “contradictorio” en lo tecnológico y muy costoso en lo político. Solana se lo recuerda. Ponerle el candado a la central burgalesa, además de cavar otra palada en el foso de su aislamiento energético internacional, retumbaría como un cañonazo en los muros de la UE, mancharía la presidencia española en 2010 y pondría en riesgo los apoyos para los presupuestos energéticos.

LAS GRIETAS DE LAS CONTRADICCIONES EXTERIORES

No quieren ni tocarlo, el apellido nuclear se ha convertido en tabú en boca  Rodríguez Zapatero, el vocablo maldito al que sus ministros le dan aire sólo más allá de los Pirineos y con el respaldo oficial a la candidatura de Luis Echavarri, (jefe de la agencia nuclear de la OCDE desde 1997 y firme defensor de la energía atómica) para sustituir a Al-Baradei al frente de la AIEA. Miguel Sebastián pasea el Made in Spain atómico, lo hizo con India en enero y repite ahora tras la visita a Madrid de la primera ministra Gandhi. Industria abre las segundas reservas de uranio de Europa sólo a las multinacionales- aunque algún gobierno autónomo les ponga trabas-. Pero en casa le caducan todos los calendarios. Las centrales nacionales no se abastecen a domicilio desde que hace nueve años se cerró la única explotación minera que se mantenía abierta, la de Saelices el Chico, en Salamanca.

Pero Moncloa y sus aledaños han destapado la ‘fiebre del uranio’ español, lo ha hecho Industria con un decreto que permite la liberación de minerales de uranio en Mazarete y abre las puertas de la segunda reserva europea - la ibérica- a las multinacionales. Mawson Resources y Berkeley -en alianza con Areva- han pedido ya permisos para reiniciar la actividad en varias minas de Andalucía, Extremadura y Castilla y León, y aprovechar la mayor demanda de este material en las centrales nucleares. Se cuelan por el fuera de juego nuclear de Moncloa y el espacio que dejó la Empresa Nacional del Uranio (Enusa), que en 2000 echó el cierre de las últimas explotaciones abiertas en España por su falta de rentabilidad.

Moncloa no despeja la ecuación energética española y, con cada incógnita, se pierde en su ‘doble faz’ nuclear. Zapatero y Garmendia se empeñan, además, en hacer del combustible nuclear usado un “residuo” y no material reciclable, como hace el mercado galo -donde el 80% de la electricidad es de origen nuclear- con el 96% del combustible que llega a sus manos y un ahorro del 25% de uranio natural. Inglaterra seguirá guardando desechos nucleares españoles. El regreso de una parte de los residuos atómicos de alta actividad (los más peligrosos) que se custodian desde hace décadas en Sellafield (Reino Unido) y que proceden del reprocesamiento del combustible que utilizó la central nuclear de Santa María de Garoña en los años setenta debían haber vuelto ya a España, según el contrato firmado por Nuclenor y British Nuclear Fuels (BNFL), compañía que los custodia también una pequeña cantidad de Vandellós.

Pero, al calor de la inercia de Moncloa la parte española ha logrado un aplazamiento de ese regreso y el Ministerio de Industria negocia que Inglaterra se quede de forma definitiva el uranio. Un material que en tierras británicas sí se recicla.  Mantenerlo en Reino Unido cuesta de 200.000 a 300.000 euros al año, una cantidad que abonan los usuarios través de un porcentaje de la tarifa de la luz. El tiempo corre y el limbo nuclear le sale caro a España: Industria da la espalda a la opción del reciclaje que Francia aplica y, por mucho que acelere ya el Almacén Centralizado, no podrá evitar pagarle al sector galo 60.000 euros al día desde el año que viene. El 31 de diciembre de 2010 expira el plazo para que retornen a España, desde tierras galas los residuos de alta actividad de la central nuclear de Vandellós I. Cada día que pase a partir del 11 de enero de 2011, el coste a pagar a Francia por albergarlos será de 60.000 euros: casi 22 millones de euros al año. Ni en el mejor de los casos el tablero de Industria se podrá zafar de tres años de retraso -65.700.000 euros- casi la décima parte del coste total del ATC, el Centro Tecnológico y en el Parque Empresarial.

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