edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
17/10/2011
Mediante fusiones y acuerdos trasnacionales

La nueva banca deberá contar con un 30% del negocio en el exterior

El plan del Banco de España se centra en las entidades medianas y en las pequeñas nacionalizadas
Juan José González

Mientras recibe los embates electorales de los ‘populares’, Miguel Ángel Fernández Ordóñez deslía la madeja del farragoso y desequilibrado mapa bancario español, algo más enmarañado, si cabe, tras los últimos movimientos provocados por el terremoto del lado de las cajas de ahorros. Al gobernador le quedan apenas nueve nóminas por cobrar (incluida la extra de Navidad) en su actual destino, no quiere prolongar medio año de calvario con un nuevo Ejecutivo que le quiere perder de vista cuanto antes. Pero no se marchará sin dejar fijadas las bases y cimientos de la nueva fase de la reestructuración del sector financiero. Así que trabaja a fondo y contra el reloj, apurando las fechas comprometidas por su Gobierno con Bruselas. Salgado tan sólo le había solicitado que los cambios o fusiones no generasen sobresaltos en el mercado, y desde el Banco de España le contestaron que difícilmente los tiempos que corren traerán opas hostiles; “ni hay dinero ni ánimo para ello”, asegura un conocedor de varias operaciones en marcha.

En los últimos meses, un sin fin de sesudos y espesos informes, elaborados por las más cualificadas consultoras del sector –en actitud de caza y captura de clientes-  vienen señalando la “enorme oportunidad del bancario salir triunfador en la actual coyuntura si acierta en las adquisiciones”, que es tanto como decir que si elige bien, el negocio futuro puede estar asegurado. La afirmación choca un poco con la realidad, con la praxis que desde hace unos doce años se ha reflejado en que el retorno de la inversión de las operaciones de fusión de entidades realizadas en España logra superar, con mucha dificultad, el 10%. Aseguran, en este sentido, que las adquisiciones de Banco Santander en Reino Unido y de BBVA en EE UU, se encuentran pendientes de esos esperados –y prometidos a los accionistas- retornos en forma de rentabilidad por dividendo.

En Cibeles se encuentran manos a la obra en la mezcla del hormigón que fijará los cimientos del nuevo sector bancario. Una combinación ya conocida de criterios: nivel de solvencia, de liquidez, productos, clientes, mercados… el éxito estará, seguramente, en las proporciones, pero la coyuntura, las mayores exigencias, apuntan a que la citada mezcla llevará mucho de todo eso. El Banco supervisor esta preocupado por algunas de las deficiencias mostradas en los resultados tras esa primera embestida del sector por la cual 45 cajas de ahorros se reubicaron en unas amalgamadas 16 actuales, un adelgazamiento traumático del 65%, obrado en pocos meses, de la noche a la mañana.

Resulta que ahora, concentrado el sector a modo de chapuza de letras y caos en sus órganos de gobierno, los consejos de administración, falta capital, y los vientos del G-20 próximo aseguran que será necesario aún más capital, más solvencia y más de todo, más limpios los balances de todo lo que pese demasiado, que ya se sabe. Como también falta visión de futuro. En Cibeles aún siguen extrañados cuando comprueban que entre los planes de las nuevas cajas (los ‘bancocajas’) continúan figurando propuestas del tipo “mantener el desarrollo de la banca minorista universal, con más independencia, autonomía y profesionalización de una red de oficinas propias”, es decir, lo mismo que señalaban los planes estratégicos elaborados en las últimas décadas (décadas) origen de buena parte del descalabro final de estas entidades, y lugar en el que se encuentran actualmente. En resumen, que siguen testarudas, empecinadas en lograr la viabilidad industrial por los mismos caminos que las han llevado; a unas al fiasco y a otras a la nacionalización directa.

En este punto es donde comienza el Banco de España a trazar el futuro en modo imperativo de la nueva banca, a poner negro sobre blanco líneas estratégicas en un sector que se pretende más ordenado y equilibrado, internacionalizado, diversificado y varios ‘ados’ más que se dan por obvios. Se apunta en los nuevos planes que la supervivencia del negocio pasa no sólo por el tamaño y la eficiencia, por el músculo financiero y todo lo demás. El paso siguiente parece más complicado, porque una vez que Banco Santander, BBVA y La Caixa parecen haberse convertido en los tres pilares del sistema por sus músculos para hacerse con otras entidades menores, hay que decidir el papel de entidades del tipo Ibercaja, Sabadell o Cívica, una vez que Popular ya amovido ficha. Tres entidades que sí cuentan con justificación industrial para crecer y que, por tanto, cuentan para el Banco de España con un papel en el nuevo diseño del sector.

Porque la nueva fase que pretende abrir el Banco central español estará marcada por una mayor intervención y protagonismo del Banco, mayor aún que la desarrollada en la concentración de los pasados meses. Ordóñez parece decidido a quemar el postre de su mandato en tomar un mayor protagonismo por la vía de la iniciativa, lo que se traducirá en la práctica en un proceso más ‘dirigido’. Ya no se habrá, con toda seguridad, operaciones hostiles: “no procede por tiempos, política ni recursos”, se apunta en un documento que detalla las líneas generales de la nueva concentración bancaria. Y es que el esquema general del sector, como se dijo, articulado en base a tres pilares de grandes entidades (Santander, BBVA y Caixabank) debe ser completado por el resto de firmas. Y el resto es más de lo que parece a simple vista.

El resto son, además del grupo de posibles compradores (Sabadell, Cívica e Ibercaja) CAM, Catalunyacaixa, Novacaixagalicia, Unnim, Banco de Valencia, Banco Gallego y Banco Etcheverría, todos ellos con negocios abiertos en zonas donde sus competidores clásicos se han reforzado con las nuevas alianzas y fusiones, muy lejos de poder alcanzar los nuevos niveles de capital, próximos a la vuelta de la esquina.

Se quiere que los otros supervivientes, sin dejar de tener los pies bien plantados en sus tradicionales esquemas de negocio de nicho, se adapten a las corrientes de la economía mundial, bancos que sin ubicación específica tras la primera fase de la reestructuración, se verán obligados bien a integrarse en alguno de los grupos existentes, bien a reconvertirse en lo que quiere el Banco de España. El Supervisor planea un sector con entidades cuyos negocios cuenten con una diversificación suficiente (se quiere imponer un 30% de negocio en el exterior) como para no tener bloqueada la cuenta de resultados por una contracción puntual en el mercado interior. Este puede ser el aspecto que mayor polémica puede suscitar, si se tienen en cuenta que se trata de entidades locales (algunas de ellas, incluso, con la operativa de divisas en régimen de outsourcing).

Diversificación territorial internacional que puede dar vértigo cuando aún no tienen ni cubiertas las primeras necesidades, las de solvencia.

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