edición: 2892 , Martes, 28 enero 2020
01/09/2009
Caro además de peligroso

La ONU se queda corta en sus previsiones sobre los costes de adaptación al cambio climático

Un informe revela que los costes serán entre dos y tres veces superiores a los previstos por el organismo
El apresuramiento y la ligereza, los principales culpables del error
Beatriz Lorenzo

A menos de cien días para que suene el pistoletazo de salida de la Cumbre de Copenhague sobre Cambio Climático, un nuevo nubarrón se cierne sobre el horizonte de las negociaciones amenazando con debilitar su resultado. A los expertos de Naciones Unidas les han fallado las calculadoras a la hora de anticipar los costes que supondrá la adaptación global al cambio climático. Y el resbalón no ha sido leve: han calculado tan a la baja que las arenas movedizas han sustituido de repente el firme terreno que los mandatarios y portavoces se jactaban de pisar. El coste real de la adaptación a los impactos que el calentamiento global va a tener sobre los recursos mundiales y, en definitiva, sobre la forma de vida de todo el planeta, será probablemente dos o tres veces mayor que el estimado por la Convención de la ONU del Cambio Climático, según reveló el pasado 27 de agosto un estudio publicado por el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo y el Instituto Grantham para el Cambio Climático del Imperial College de Londres.

Las nuevas previsiones apuntan a que los costes serán entre dos y tres veces superiores a los prefijados por la ONU. Cifras que se antojan desorbitantes si tenemos en cuenta que los cálculos del organismo internacional ya oscilaban entre los 40.000 y los 170.000 millones de dólares anuales, unos desembolsos nada desdeñables que equivalen aproximadamente a lo que costaría celebrar tres veces los Juegos Olímpicos.

La ligereza y el apresuramiento se han aliado junto con los expertos de Naciones Unidas a la hora de hacer públicos unos cálculos inexactos. Esta vez, el pecado ha sido de omisión: en las previsiones iniciales no se incluían costes tan importantes como los de adaptación y protección de sectores como la energía, el turismo, los ecosistemas, las manufacturas, la venta al por menor y la minería. La única explicación a omisiones de tal calibre puede radicar en la rapidez con la que se realizaron los cálculos: unas pocas semanas para obtener cifras que habrían necesitado de meses para englobar la totalidad de las variables económicamente relevantes. El acto de contrición de los expertos de la ONU se ha reflejado a posteriori, a través de la cuidadosa revisión a la que varios de los autores de las previsiones erróneas han sometido al informe del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo.

Y es que no es para menos. Un error de tal importancia en los cálculos podría dar pie a graves consecuencias: nada menos que un acuerdo en falso que fracase a la hora de cubrir los costes de adaptación al cambio climático y de al traste con los largos meses de preparación mundial para buscar una solución a este problema. También es vital que las cifras sean correctas y exactas a la hora de llevar a cabo una distribución lo más efectiva posible: El grueso de las medidas de adaptación y los costes asociados deberían producirse en los mercados en vías de desarrollo, que son los más afectados por el calentamiento y además, los países más pobres deberían poder recibir parte del dinero del Fondo de Adaptación de la ONU creado para ayudarles.

UN FONDO DÉBIL CREADO “IN EXTREMIS”

Según las previsiones, el Fondo de Adaptación crecerá desde alrededor de 80 millones de dólares en 2009 a aproximadamente 300 millones al año para 2012, una suma miserable e irrisoria en comparación con lo que los países en desarrollo, Naciones Unidas, los grupos de ayuda y los autores del nuevo informe dicen que es necesario. El alumbramiento de esta herramienta no ha estado exento de problemática: su creación, en diciembre del pasado año, fue llevada a cabo casi “in extremis” con el fin de proporcionar dinero a los países que cuentan con pocos recursos y sienten ya en sus carnes el afilado filo de las consecuencias del cambil climático. A pesar de todo, su radio de acción es todavía muy pobre y limitado.

Las fuentes de financiación de este fondo son más bien someras: se alimenta de sólo el 2% de las transacciones de reducciones certificadas de emisiones que generan las inversiones en Mecanismos de Desarrollo Limpio, simples migajas desde la óptica de los países desarrollados que reclaman a voces la extensión del Fondo de Adaptación a las a las transacciones de reducción de emisiones procedentes del mercado de emisiones y de los proyectos de aplicación conjunta. Un tema éste entre los muchos a tratar en diciembre.

Así pues, todo se traduce en una necesidad principal: financiación, que es sin duda la piedra angular, la pieza clave de las negociaciones que se gestarán en Copenhague. Los países en vías de desarrollo, muchos de ellos grandes contaminadores (como China, el mayor emisor de contaminación del planeta), ya han pusieron sus cartas sobre la mesa durante la Cumbre de Poznan: sin financiación no aceptarán reducir sus emisiones, ni siquiera frenarán su aumento. Una actitud obstinada a pesar, o quizás debido a que siguen situados en el ojo del huracán, en el flanco más vulnerable de la batalla: El cambio climático agudiza la pobreza y frena el desarrollo: hambre, agricultura, salud, trabajo, agua, desastres y desplazamientos de personas son sus principales víctimas, más desangrados cuanto menos industria y más sector primario existen en el país en cuestión.

El continente africano es uno de los más adolecidos, pues en el se encuentran 15 de los 20 países en peor situación (otras zonas en riesgo son Asia meridional y los pequeños estados insulares). En anteriores negociaciones sobre el cambio climático, la falta de acuerdo entre países africanos limitó la capacidad decisoria del continente; un error que están dispuestos a solventar. Las voces se han alzado durante el reciente encuentro en Etiopía de los integrantes de la Unión Africana, en el que se ha  recomendado pedir entre 67.000 millones y 200.000 millones de dólares al año para compensar el impacto del cambio climático. Los afectaos aducen que África ha contribuido muy poco a las emisiones de gases invernadero, pero que será el continente que más reciba sus consecuencias en forma de sequías, inundaciones, olas de calor y elevación del nivel del mar. El primer ministro etíope, Zenawi, ya había instado a principios de año a los países ricos a compensar a África por las consecuencias del cambio climático alegando que la contaminación del hemisferio norte pudo tener consecuencias sobre la devastadora hambruna que aquejó a este país en los años 80.

ADAPTACIÓN GLOBAL

La adaptación, no obstante, no sólo se pinta en cifras. Tanto o más importante que fijar unos costes exactos y precisos es establecer las pautas y reajustes sociales, geográficas, gubernamentales e incluso culturales estrechamente vinculadas a las ramificaciones del cambio climático. La sensibilidad y la vulnerabilidad de los ecosistemas tienen aquí mucho que decir. La primera define el grado en el cual un sistema responderá a un cambio dado en el clima, la segunda va más lejos aún: define la extensión en la cual el cambio climático puede dañar o afectar un sistema; depende no solamente de la sensibilidad del sistema sino también de su capacidad de adaptación. Los fondos internacionales serían en este sentido la herramienta más eficaz para prestar apoyo a una mejora de la información regional sobre las consecuencias del cambio climático y a la labor de investigación sobre nuevas variedades de cultivos, que muestren mayor resistencia a las sequías y a las inundaciones.

La buena capacidad de adaptación facilita algo tan importante como la prevención de las pérdidas, construyendo barreras contra el aumento del nivel del mar, o reforestando las laderas degradadas de las colinas. Otras pautas, como el abandono de actividades no viables, o su cambio de ubicación son también buenas soluciones. Por ejemplo, en ocasiones y aunque ante contra su esencia artística, es preferible restaurar un sitio, como en el caso de un monumento histórico, que se ha vuelto vulnerable al daño por inundación. Las prácticas culturales, educativas, de gestión, institucionales, legales y regulatorias también son importantes para una adaptación efectiva, Así pues, la capacidad de incorporar los temas del cambio climático a los planes de desarrollo, puede ayudar a asegurar que nuevas inversiones en infraestructura incorporen las condiciones futuras probables.

Los esfuerzos de adaptación han de ser colectivos y estar preparados para luchar contra su principal enemigo: la incertidumbre. Los efectos del cambio climático a nivel regional son todavía libros abiertos, territorios inciertos. La investigación y el monitoreo son pues, vitales para conseguir un mejor entendimiento de los impactos potenciales sobre un territorio concreto.

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