edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
02/11/2016

La opción industrial española es un reto para Londres si no logra exenciones de tarifas en el Brexit

Funcionarios del Gobierno prometen a Nissan que no deberá pagar derechos en sus exportaciones
Carlos Schwartz
A medida que las fechas de la negociación entre Reino Unido y la Unión Europea se precipitan y que las partes enfrentadas van delimitando sus posiciones los temores en algunos sectores industriales se agudizan. Hace dos semanas la dirección de Nissan interpeló al Gobierno en privado advirtiéndole que sus ventajas competitivas se perderían si en una negociación con la UE se impusieran tarifas a las exportaciones británicas de automóviles. El Secretario de Comercio británico Greg Clark dio “garantías” a la empresa de que no habría imposición de derechos de importación, o de que por lo menos ese era el eje de las negociaciones del Gobierno ante la UE en el Brexit. A resultas de estas garantías, que es difícil de percibir en que se fundan salvo que lleven implícitos subsidios compensatorios, la empresa japonesa decidió incrementar sus inversiones en la planta de Sunderland. El problema desde luego no se restringe a Nissan. Honda, que no había abierto la boca declaró esta semana que de momento no estaba haciendo planes para migrar su capacidad industrial de Reino Unido... pero lo dijo después de que el Gobierno encabezado por Theresa May filtrara sus pretensiones en las negociaciones con Bruselas.
Nissan advirtió de que si se tiene que enfrentar a derechos de importación por parte de la UE migraría su producción a España como primera opción. La industria del automóvil establecida en nuestro país mantiene un alto ritmo de producción y es responsable de una parte considerable de los ingresos por exportaciones del país.

Las perspectivas comerciales británicas de Honda no eran boyantes el año pasado y la empresa había reducido el nivel de actividad de sus plantas en el país, sin embargo este año decidió que el Reino Unido sería su base de exportación para el nuevo modelo de cinco puertas Civic. Lo que nadie menciona en este escenario de expectativas cruzadas y beligerancias en suspenso es que la fuerte caída de la libra que se acerca a la paridad con el euro y el dólar es un puntal de primer orden para las manufacturas británicas. La importante industria farmacéutica británica y la biotecnológica dependen muy poco del mercado europeo para sus ventas. Su intercambio fundamental es con Estados Unidos, sin embargo su cadena de suministros depende de forma significativa de insumos europeos y de trabajadores altamente cualificados, como investigadores, cuya contratación se vería muy dificultada en un entorno proteccionista.

Las promesas de Clark se vieron enturbiadas esta semana cuando un funcionario de Asuntos Exteriores británico declaró refiriéndose a las supuestas garantías que esa era “una dirección de la marcha que el gobierno persigue, que es simplemente el mejor acceso posible al mercado único. Pero este objetivo deberá ser contrastado con otras consideraciones entre las cuales la más relevante es la de asegurarse que el Reino Unido retiene el control de las decisiones sobre sus propias fronteras”. Una declaración cuyo tenor proyecta una sombra sobre el conjunto de las negociaciones que esperan a Reino Unido puesto que la libertad de movimiento dentro de la UE es una pieza clave en la diplomacia del Brexit.

La semana pasada, el consejero delegado del laboratorio Glaxo Smith Kline, Andrew Witty, dijo que su empresa estaba considerando las diversas respuestas que podría dar a una eventual ruptura de su cadena de suministros. La Agencia Europea del Medicamento tiene su sede en Londres lo cual ha sido una ventaja marginal para la industria británica del sector por las facilidades que la presencia física del regulador brinda a sus actividades de lobby, pero el Brexit obligará a su traslado.

De más está decir que las trabas a la inmigración por parte de Londres no serán un problema menor para este sector. Lo cual genera una fuerte incertidumbre. Las tecnológicas se han reunido para discutir este asunto con funcionarios del Gobierno en reiteradas oportunidades. Tal como señaló una fuente de una tecnológica: ”La posibilidad de atraer talento europeo a nuestras industrias es un asunto de primer orden”. La polémica pone de relieve el abanico de problemas que una negociación para la salida del Reino Unido de la UE supone y el hecho que más allá de las promesas que el equipo de May hace nadie puede dar garantías sobre la respuesta de la UE a las demandas británicas.

Los analistas se empeñan en aclarar que la UE no está en condiciones de negociar una Unión Aduanera con el Reino Unido elaborada sector por sector. “Esa fantasía es un disparate”, afirma una fuente de la UE. De momento la evolución de los contactos entre el Gobierno y los representantes industriales ha ido por el sendero de los privilegios sectoriales. La contrapartida de semejante estrategia destinada a sosegar el espíritu inquieto de los capitanes de la industria británica es la sugerencia de que el Gobierno compensaría la pérdida que puede implicar para los sectores industriales la aplicación de gravámenes de los que ahora están exentos o por la pérdida de subsidios de la UE que podría resultar del proceso de negociación.

Esta es otra idea disparatada porque la carga que medidas semejantes representarían para el presupuesto del estado sería insostenible para el país de un lado y su efecto de compensarlo vía impuestos suscitaría una fuerte reacción de la sociedad. Sin contar con que la cadena de compromisos bilaterales Gobierno industrias acabará irritando al parlamento que ha quedado totalmente al margen de estas maniobras de aproximación de posiciones entre empresarios, empresas, y Gobierno y sus funcionarios. Como está claro, en una materia que afecta de manera directa a la actividad industrial y por ende al empleo la ausencia de la Cámara de los Comunes constituye un estridente silencio. Tarde o temprano la reacción se hará sentir.

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