edición: 3056 , Martes, 29 septiembre 2020
15/02/2013
La tenaza de la recesión fruto de la caída de la demanda privada y pública se acelera con la austeridad

La operación de apoyo a España rodeada de compromisos e intervenciones en la sombra amenaza con derrumbarse

Carlos Schwartz

El anuncio de que la actividad económica de las 17 naciones de la zona del euro había caído un 0,6% en el último trimestre y un 0,5% en el conjunto del año es un revés de consideración para la operación de apoyo al Gobierno del Partido Popular por parte de la presidencia de la Comisión Europea (CE), Alemania y otros países del norte de Europa. El retroceso de economías como la de Holanda (-0,2%) que entra en recesión tras dos trimestres negativos, Finlandia que cae un 0,5 con tres trimestres de retroceso, o Austria que cae un 0,2% en el trimestre cuestiona el desempeño de los `best performers´. Estos resultados contrastan fuertemente con el apoyo brindado en público por las autoridades de la CE, el Banco Central Europeo (BCE) y líderes políticos, en primera línea la canciller Angela Merkel, a España. El alumno aventajado ha logrado un retroceso económico del Producto Interior Bruto interanual del 1,6% en el tercer trimestre de 2012 de acuerdo con el Banco de España (datos de febrero), mientras que para Eurostat la variación interanual en el cuarto trimestre para nuestro país es una caída del PIB del 1,8%. La mentira de que hay una clara tendencia a la mejora ha quedado al desnudo.

Alemania ha retrocedido donde más le duele, las exportaciones han disminuido su cobertura comercial, en consecuencia el PIB del país ha caído un 0,6% en el cuarto trimestre. En un año electoral en el que Merkel se juega la continuidad de su política el escollo español hasta ahora se ha sorteado a fuerza de maniobras mediáticas y dinero. De un lado todas las fuerzas políticas de la UE y la CE se han volcado en público en la defensa de las medidas de austeridad de nuestro país que han contribuido de forma decidida a nuestro colapso económico. Mientras, se tomaban decisiones de apoyo detrás de las bambalinas. Medios de comunicación y analistas repiten como un rezo ininterrumpido, que se ha convertido en un zumbido de fondo, su interpretación: habrían sido unas pocas palabras del presidente del BCE, Mario Draghi, lo que por arte de magia paralizó la crisis de la deuda soberana de España e Italia. Esto es adjudicar a la palabra un poder superior al que se le otorgaba en la antigüedad clásica al oráculo de Delfos.

Detrás de la calma transitoria lo que hay es un grupo importante de bancos comprando deuda de España e Italia. La reanudación de estas compras son el resultado de las consultas vinculantes de las grandes entidades de crédito de la CE al BCE sobre el efecto de lo que el banco central bautizó Transacciones Monetarias Directas (OMT por sus siglas en inglés). Esta consulta se hizo tras sugerir algunos gobiernos como el alemán a sus bancos que comoren deuda de España e Italia. El BCE ha dejado en claro de forma directa y a través del sistema de bancos centrales que el mecanismo se puede disparar en un caso extremo sin que lo solicite el país en apuros. Esto equivale a dar una garantía de liquidez a los bancos que tengan deuda soberana de España e Italia sobre esa misma deuda. Esta estrategia es fruto de un profundo acuerdo entre Fráncfort y Berlín, por encima del Bundesbank e incluso de algún miembro del gabinete de Merkel. La canciller y el presidente del BCE pactaron no actuar a micrófono abierto de forma de evitar el estigma de rescate soberano limitado. Mientras la apariencia formal es la ausencia de rescate, los hechos son que hay un rescate informal en marcha por mediación de la banca que traslada los recursos del BCE a España e Italia mientras lo que aparece como rescate formalizado en el caso de España se limita a la banca.

Sin embargo, tal como apuntan fuentes de medios financieros en Londres, hay un punto de inestabilidad esencial en la forma en que se pactado esta operación. Este es la posibilidad de desatar la OMT sin pedido expreso del Gobierno en apuros. Está claro que en caso de necesidad los grandes países de la UE forzarán al país en crisis soberana a solicitar el procedimiento. Pero esto es una forma de actuar que ha puesto la asistencia por delante del compromiso, que en teoría era lo que se pretendía evitar. Lo que ocurre ahora es que si  el conjunto del andamiaje montado para esta operación trastabilla el efecto venta de activos se va a potenciar.

Mientras, parte de la tensión extrema se ha eliminado del circuito por la corrección de la balanza comercial y su efecto sobre la balanza de pagos. A resultas de una brutal caída de las importaciones y a un leve repunte de las exportaciones el BCE ha podido dejar de subsidiar la balanza por cuenta corriente mediante la balanza de capital. A ello sin duda también ha contribuido el pacto con la gran banca europea en torno a la deuda soberana española. La entrada de capitales ha comenzado a limitar la apelación sin precedentes del Banco de España al BCE. Pero ninguno de estos elementos supone una reversión de la crisis. Ni el ritmo de rectificación del proceso indica que sea una tendencia firme.

Por otra parte, el incremento de la competitividad se ha logrado por la reducción salarial y el desempleo. Es decir mediante un fuerte incremento de la explotación. Menos trabajadores, peor pagados, trabajando más horas. No ha  habido ninguna medida destinada a mejorar la composición técnica del capital fijo, o facilitar su mejora, de forma de incrementar la competitividad sobre esa base. Mientras hay un deterioro de los mercados finales de los productos españoles, cuyo principal socio comercial es el resto de Europa.

Llama la atención que el redoble de los respaldos públicos al Gobierno haya coincidido en el tiempo con la inmensa piscina de materia en descomposición que ha desbordado sobre el partido de gobierno y sus dirigentes a raíz de los casos de presunta corrupción. El efecto piña en torno a Mariano Rajoy solo se explica por el pavor a que una desestabilización política acabe con la quietud transitoria de los mercados antes de las elecciones en Alemania y el rescate deba formalizarse. Sin obviar que ese proceso puede suponer quitas que afectarían a los bancos acreedores. Por cierto, Mario Draghi sabe perfectamente bien que el dinero que la banca ha recibido del BCE al 1%, con una tasa media de inflación del 2,5% en Europa, no se destinará al crédito. Le consta que ese dinero está invertido en deuda soberana.

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