edición: 2515 , Lunes, 23 julio 2018
23/10/2012
El déficit de 2011 asciende al 9,4 por ciento del PIB

La opinión pública demanda crédito y crecimiento ante el aumento del déficit y de la pobreza

Los ciudadanos se niegan a sufragar vía impuestos las malas prácticas del sector público y las de la banca, y exigen un cambio de modelo político y económico
Se culpa a la clase política de desatender las necesidades reales de la población para proteger injustamente a la clase política y a la financiera
ICNr

La oficina de estadística de la Unión Europea confirmó ayer lo que la opinión pública y los analistas tienen claro desde hace semanas: el déficit público correspondiente al pasado ejercicio se revisa al alza y asciende, según los datos que maneja Europa, al 9,4 por ciento del PIB frente al 8,5 previamente estimado, un incremento que responde a la contabilización de las ayudas aportadas a Catalunya Caixa, Novagalicia y Unnim, así como de las facturas impagadas del Gobierno central, comunidades autónomas y ayuntamientos. La nueva cifra no sorprendió a la opinión pública, que ya descontaba esta posibilidad, pero sí que sirvió como excusa para profundizar sobre la necesidad de ayudar -o no- a la banca con dinero público. Desde Europa se aseguró ayer que esa `inevitable´ ayuda al sector no se tendrá en cuenta a la hora de valorar las medidas antidéficit adoptadas por el Gobierno español, pero el problema, a juicio de los lectores, es mucho más profundo. La pregunta clave del debate es a quién le corresponde, por justicia, sufragar el gasto generado por la ineficiencia de la banca. O lo que es lo mismo, quién es el culpable de la situación actual.

Las nuevas cifras crean un marco más negativo si se compara la situación española con la de otros países del marco comunitario. En concreto, durante 2011 sólo Irlanda registró un déficit superior al español (13,4 por ciento) y, en el caso de Grecia, este país se sitúa al mismo nivel que España (9,4 por ciento), un dato poco alentador que sirvió de apoyo para aquellos que comparan la situación que se atraviesa en territorio nacional con la del país heleno. Además, de la revisión se desprende que, como media, el déficit ascendió en 2011 en la eurozona al 4,1 por ciento (frente al 6,2 en 2010) y en el conjunto de la UE al 4,4 por ciento (frente al 6,5%). Además, en total, 17 Estados miembros superan el límite del 3 por ciento que fija el Pacto de Estabilidad.

La parte `buena´ es que, casi inmediatamente después de conocerse el dato, la Comisión Europea y la propia canciller alemana, Angela Merkel, se encargaron de calmar los ánimos asegurando que se tendrá en cuenta el carácter `inevitable´ de las ayudas a la banca a la hora de examinar si España ha adoptado medidas suficientes para corregir su exceso de déficit. La lectura es que Bruselas prestará más atención a la reducción estructural del déficit que al cumplimiento del objetivo del 6,3 por ciento de 2012, a lo que se suma que esta desviación sobre la suma inicialmente estimada ya se daba por hecho, `estaba prevista´ y `se tuvo en cuenta´ en julio cuando la UE dio a España un año más, hasta 2014, para bajar hasta el 3 por ciento, según apuntó ayer el portavoz de Asuntos Económicos, Simon O´Connor. Además, la revisión de 2011 ya fue adelantada a finales de septiembre por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien aventuró también que el déficit previsto para 2012 quedará en el 7,4 por ciento (en lugar del 6,3 pactado). También aseguró que la corrección por las ayudas a la banca no computaría para el procedimiento sancionador por déficit excesivo.

Del mismo modo, Eurostat también elevó ayer el total de deuda pública española hasta el 69,3 por ciento en 2011 (en lugar del 68,5 por ciento previamente estimado) y el 61,5 por ciento en 2010 (en lugar del 61,2 por ciento). En este punto, España aún se encuentra por debajo de la media de la UE (82,5 por ciento) y de la eurozona (87,3) y de países como Alemania (80,5) o Francia (86). Los países con mayor nivel de deuda pública en 2011 fueron Grecia (170,6 por ciento del PIB), Italia (120,7), Portugal (108,1), Irlanda (106,4) y Bélgica (97,8).

ASUMIR CULPAS AJENAS

En este contexto, la opinión pública se centró en denunciar la `fiesta´ de gasto extra que se está cargando a sus espaldas para sufragar el coste de los errores del sector público y también del sector privado, aunque sólo en lo que a la banca se refiere. Es decir, el peso de los errores de ambos sectores resulta tan grande que la única forma de solucionar la papeleta es repartiendo el resultado del `despilfarro´ entre todos los ciudadanos, evitando que la estructura sobre la que se sustentan se rompa. Esta situación fue, una vez más, objeto de denuncia por parte de los internautas, que achacan a la falta de regulación y a la falta de ética que se haya llegado a la situación actual. En todo caso, la ruptura que intenta evitarse podría no estar muy lejana: los lectores se refirieron a las oleadas independentistas -el resultado de Bildu en los comicios vascos del pasado domingo se convirtió en el paradigma, junto con el panorama catalán- y al alto grado de absentismo electoral como claros referentes del desgaste de la clase política y del sistema tal y como está establecido. En lo económico, además, se habló sobre insumisión fiscal y sobre el auténtico éxodo que vive el país y que está costando al Estado la fuga de sus mayores talentos.

En definitiva, por mucho que se intente evitar la ruptura de la estructura económica, el peso de mantenerla intacta se estaría descargando sobre la estructura política y, llegados a este punto, los signos de quebrantamiento son cada vez más visibles y ocupan formas cada vez más variadas. La conclusión es clara: al final `los ajustes ahogan a los de siempre y los bancos hacen y deshacen sin que haya consecuencias para los responsables´. Lo mismo se aplica al sector público. Datos como el de ayer sirvieron para que la opinión pública confirme que `no sólo el PSOE mintió sobre el déficit´, sino que también el Gobierno de Rajoy ha pospuesto hasta el último momento la realidad sobre las cifras del pasado año. A ello se suma todo el dinero entregado durante este año: `¿Alguien puede imaginarse cuánto se disparará el déficit el año que viene cuando se computen las recapitalizaciones de Bankia y demás? Vamos a superar a Irlanda´, auguró un lector.

En el caso de la banca, los lectores hicieron hincapié en la variedad de formas y eufemismos que se están utilizando para ceder millones y millones de euros a fondo perdido para paliar los efectos de la burbuja inmobiliaria. `Hemos ayudado a la banca en 2011 con el PSOE, y ahora estamos ayudando a la banca en el 2012 con el PP, y seguiremos en el 2013 vía banco malo. ¿Alguien va a parar este infierno?´, alertó un lector. Y es que, para la opinión pública, los rescates a los bancos constituyen `el mayor fraude que se ha cometido en la historia de ese país´, o lo que es lo mismo, en `un robo que consiste en extraer el dinero de los contribuyentes y depositarlo directamente en las cuentas de los banqueros, por muchas vueltas que le quieran dar y por muchos eufemismos que usen´. Las cifras no son para menos: `Hablamos de un 1,1 por ciento extra de PIB que se suma al déficit público´, es decir, `aproximadamente 120.0000 millones de ayuda bancaria y otros sólo en 2011´.

En este punto, el sistema autonómico se puso en el punto de mira por parte de muchos lectores. En pleno debate sobre el modelo político del país, la ruptura con España y el centralismo se plantean como extremos unidos por un único objetivo: reducir el peso del gasto público. Para muchos, si `no acabamos con el sistema autonómico, España no saldrá de ésta´, mientras que para el extremo opuesto la solución pasa por escapar de la gestión estatal y permitir la autogestión de cada zona, ya sea de forma totalmente independiente y ajena a España como elemento aglutinador, o a través de un modelo más cercano al federalismo pero que evite la ruptura con la idea de España. Y es que el problema principal es la duplicidad de instituciones y, por ende el hecho de que la responsabilidad -y el dinero-  se diluyan al pasar de mano en mano. Sea como sea, lo principal es instaurar un mayor grado de responsabilidad en los gestores del dinero público para evitar que la presión fiscal sobre los ciudadanos siga aumentando sin que ello se traduzca en un aumento de las prestaciones sociales, sino de todo lo contrario.

Sobre este aspecto, ayer se conoció que el 21,1 por ciento de la población española se encuentra este año por debajo del umbral de la pobreza, frente al 21,8 por ciento de 2011, un descenso provocado por la estabilidad de los ingresos de los mayores de 65 años, según la Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra radicalizó la opinión de los internautas, que pidieron que el dinero llegue a quienes más lo necesitan y que no se estanque en la banca y en los círculos de poder. `Es evidente que hemos de crecer, que ha de fluir el crédito bancario, que hay que invertir en bienes y equipos... Pero ¿qué hace y dice el presidente del Gobierno? Recorta que te recortaré ciudadano, a mis amigos de las administraciones publicas no los toco porque sólo sirven para eso, y ayudo a los pobres banqueros que pasan una mala racha: no os preocupéis, confiad en mi que sé donde voy y no dudéis que tomaré las medidas pertinentes para el bien de España cuando yo quiera sin ningún tipo de presión. ¿Cuando diremos basta?´, resumió un lector.  En la misma línea, se apuntó que lo que no puede ser es que pretendan sueldos y prestaciones públicas de China, impuestos de Suecia y precios de Alemania para tratar de mantener la dimensión, estructura, sueldos y cargos del mismo sector público que había en la época de la fiesta, y con la misma recaudación que había. `Volver a esa recaudación en recesión es imposible, y Rajoy, la oposición, los de los reinos de taifas y los que gobiernan a su antojo en las aldeas, tienen que asumir en serio que la fiesta terminó, adelgazar el Estado y bajar impuestos; de lo contrario, no habrá crecimiento, crédito, empleo. La recaudación aumenta si se crece´, sentenció un internauta.

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