edición: 3050 , Lunes, 21 septiembre 2020
29/10/2014
Reacciones a la `macrorredada´

La opinión pública reclama la dimisión de Rajoy por el número de implicados del PP en la `operación Púnica´

Los lectores critican la estrategia de comunicación del partido y exigen que la regeneración democrática no se posponga
El cambio de discurso del presidente se convierte en un nuevo paradigma de la política de silencio del partido
ICNr

La macrorredada llevada a cabo en el marco de la `operación Púnica´ sigue trayendo cola y esta vez todos los ojos se centran en el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. La opinión pública permanece atenta a sus reacciones y a su cambio de discurso y exige en muchos casos la dimisión del líder del Ejecutivo, basándose en que el hecho de que un gran número de implicados se encuentre entre las filas del PP es motivo más que suficiente para reconocer una mala gestión interna y su incapacidad para hacer frente a la institución que dirige. Los lectores hablan de unos partidos políticos opacos, de organización de dudosa ética y en los que gran parte de sus líderes se encuentran salpicados por toda clase de casos de corrupción. No sólo se pide la cabeza de Rajoy, sino una regeneración tan profunda que podría acabar con las grandes fuerzas políticas del país tal y como se las conoce desde el arranque de la democracia. 

Hastío y desengaño son algunos de los calificativos que utilizó ayer la prensa y los ciudadanos para definir la situación. No se trata del primer caso de corrupción, pero el goteo es incesante y la magnitud de esta última operación hace sospechar que la totalidad de las instituciones se encuentran implicadas en situaciones similares, de mayor o menor gravedad, como si el sector público fuera el lugar perfecto para escenificar toda clase de robos, favores y desmanes en contra de los intereses de los ciudadanos. En definitiva, la opinión pública percibe que no hay nada que salvar, y las alternativas en las urnas agobian ante la necesidad de un cambio que no se sabe cómo instrumentar para que el remedio no sea peor que la enfermedad. 

En medio de esta situación el castigo electoral se da por hecho a estas alturas y promete ser profundo, así como repartirse entre todos los partidos políticos `al uso´, que emanan del mismo momento histórico y de los que se presume una estructura idénticamente opaca. Los medios hacen también referencia al miedo que se percibe desde las filas de las grandes formaciones políticas, así como a las reacciones de sus máximos dirigentes, con Rajoy a la cabeza. Da la impresión de que la magnitud de la situación es tal que no hay opción posible para `escurrir el bulto´ a través de declaraciones de perdón, ni tampoco cabe que los ciudadanos crean que la cúpula del partido no tenía conocimiento de esta clase de actividades. En definitiva, sólo queda la opción de un `despido masivo´ de cargos públicos y de una ronda de dimisiones que deben comenzar desde lo más alto. 

Como paradigma de la crisis comunicativa de los partidos políticos, la prensa desglosó ayer las reacciones de Mariano Rajoy y su giro de discurso durante los últimos días. La falta de respuesta inicial del partido, fiel a su estrategia de silencio ante situaciones adversas hasta que pase el temporal, dio un giro de 180 grados para lanzar finalmente unas declaraciones de urgencia con las que calmar los ánimos, o al menos intentarlo. Con todo, para la opinión pública, no deja de resultar chocante que el presidente del Gobierno de un país tenga que pedir disculpas por las malas prácticas generalizadas en el interior de su partido, y precisamente esta reacción  -que se entiende como la más coherente- provoca que las voces de quienes reclaman una dimisión se hagan más fuertes. 

Rajoy habría dado, por tanto, el titular que permite su hundimiento y, con él, el del Gobierno y el de su partido. Sin embargo, la opinión pública tiene claro que el actual equipo se caracteriza por su capacidad para aferrarse al poder contra viento y marea, por lo que tocaría mover ficha al resto de formaciones para que presionen al equipo de Rajoy. El problema es que `todos tienen mucho que callar´, y el resultado es que los lectores esperan que, en contra de lo que debería ocurrir, nada cambie hasta que lleguen los próximos comicios y los grandes partidos lleguen a una `muerte natural´. Sólo entonces las urnas confirmarán lo que la opinión pública tiene claro desde hace meses: la necesidad de un profundo cambio. 

UNA MALA POLÍTICA DE COMUNICACIÓN

Más allá de sus consecuencias prácticas, los internautas no dejaron de analizar la evolución del discurso de Rajoy, que pasó de hablar de `unos pocos´ casos de corrupción a pedir disculpas públicamente por la `indignidad´ de algunas personas avaladas por la propia cúpula del PP. Este discurso, sin embargo, sigue sin ser suficiente: nadie pone en duda que los altos cargos del partido son conscientes de las prácticas que se llevan a cabo a través de su estructura y, en cualquier caso, un posible `engaño masivo´ de tal magnitud tampoco diría nada bueno de la capacidad gestora de sus líderes. En definitiva, sea por un motivo u otro, el resultado es el mismo: es necesaria, a juicio de los lectores, la dimisión del presidente. 

Además, el discurso de Rajoy –una declaración leída aprovechando la primera pregunta que se le dirigió en la sesión de control del Senado- trajo a la opinión pública recuerdos de otras situaciones de crisis profunda en las que el presidente no supo estar a la altura, como el supuesto del caso Bárcenas y las famosas declaraciones del presidente a través de una pantalla colocada en una sala de prensa. Se criticó nuevamente una dudosa política de comunicación que ya ha jugado malas pasadas al presidente y a su equipo y que, sin embargo, muchos consideran su única salvación. Y es que cuando hay tanto que callar, las declaraciones pueden convertirse en un `arma de doble filo´, como ya ha ocurrido en otras ocasiones. María Dolores de Cospedal, también en el contexto del caso Bárcenas, se convirtió en otro de los paradigmas de una mala respuesta política a una crisis en la que se requería honestidad y dimisiones. Ni ocurrió en aquella ocasión, ni se espera que ocurra ahora, pero los internautas reiteraron su censura a esta práctica y la necesidad de que la regeneración no se posponga. 

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