edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
05/02/2015
Podemos asciende en expectativa de voto

La opinión pública se prepara para unas elecciones marcadas por el voto indeciso y la incertidumbre

La última encuesta del CIS revela una posible victoria del PP, con Podemos como segunda fuerza, ya por delante del PSOE
Existe, sin embargo, un gran margen de duda, a espera de que arranque la campaña oficial y las promesas electorales
Los lectores aseguran haber escarmentado y no creer en los programas políticos ni en los representantes de cada fuerza
ICNr
La situación económica del país y de su entorno se traduce inevitablemente en castigos y ascensos políticos, y el panorama actual es claro ejemplo de ello. Con varias elecciones a la vuelta de la esquina, y tras el giro radical que ha experimentado uno de los países más castigados por la crisis, Grecia, la preocupación de los ciudadanos por el futuro del país crece día tras día, inquieta ante el ascenso de Podemos y la caída de los partidos políticos tradicionales. De ahí que la encuesta de enero del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se convirtiera ayer en noticia a raíz de uno de sus grandes titulares: por primera vez, las expectativas de voto para la formación que lidera Pablo Iglesias se sitúan por encima de las del PSOE.
Según las cifras reveladas ayer, el Partido Popular se posiciona como primera fuerza en intención de voto en un año en que se prevén elecciones autonómicas, municipales y generales, con una estimación del 27,3 por ciento. Le sigue muy de cerca Podemos, con el 23,9 por ciento, y el PSOE se queda a la cola –aunque cerca- con el 22,2 por ciento. En definitiva, cambia el paradigma, al menos sobre el papel, aunque son muchos los internautas que esperan que a última hora se produzca un vuelco electoral que restaure la situación a la que siempre ha sido desde que se implantó la democracia en España: un bipartidismo en el que quienes pueden llegar al poder son sólo los partidos tradicionales y con una estructura asentada, estable y extendida por toda la geografía española.

La encuesta del CIS también asegura que Podemos vuelve a ser el partido al que más encuestados revelan espontáneamente que votarían si las elecciones fueran mañana mismo, con un porcentaje del 19,3 por ciento frente al 12,9 por ciento del PP y el 12,4 por ciento del PSOE. Eso sí, ante esa pregunta de intención directa de voto hay un 23 por ciento que no se pronuncia y un 13,6 por ciento que dice que no votaría. En ese contexto, el CIS pregunta por el partido con el que más simpatizan hasta dar una nueva respuesta sumando el voto directo con las simpatías. Ahí Podemos vuelve a estar en cabeza con el 21,1 por ciento y el PSOE adelanta al PP con un 16,6 por ciento frente al 15,4 de los 'populares'. No obstante, sigue apareciendo un 20 por ciento que no se decanta.

Por su parte, tanto IU-ICV como UPyD recuperan medio punto respecto a su caída del mes de octubre y marcan 5,2 y 4,6 por ciento, respectivamente. Ambos habían llegado a marcar un 11,5 por ciento (IU en julio de 2013) y un 9,2 por ciento (UPyD en enero de 2014) antes de la irrupción del fenómeno Podemos. Ciudadanos emerge y aparece en la encuesta de enero con una estimación de voto del 3,1 por ciento.

De estos datos se desprende que hay una gran masa de votantes indecisos y que, por tanto, poco o nada puede asegurarse a ciencia cierta con respecto a los próximos procesos electorales. Sólo que prometen ser unas elecciones cargadas de sorpresas y envueltas en una enorme expectación. De hecho, observando el recuerdo de voto de las últimas generales, el PP quedó 14 puntos por debajo del resultado que realmente logró, lo que suele indicar 'voto oculto'. A ello se suma el hecho de que la campaña electoral como tal aún no ha comenzado y, por tanto, los partidos no han comenzado a ‘vender’ su voto a las masas indecisas a cambio de políticas concretas.

Eso sí, la opinión pública asegura haber escarmentado tras el resultado de los últimos comicios: nociones como la obligatoriedad de cumplir con en el programa electoral, o la necesidad de que se castigue a los políticos en mayor medida por su mala gestión, se encuentran muy arraigadas en el ideario de muchos internautas, que llevan meses exigiendo cambios legislativos en este sentido para que la democracia no siga siendo “una tomadura de pelo”.

Por tanto, poco permite concluir el hecho de que el CIS acabe ofreciendo una estimación de voto en la que se dé la vuelta a los datos y se concluya que el PP ganaría las elecciones con un porcentaje de voto del 27,3 por ciento -su peor dato en décadas, a pesar de ser una relativa victoria-. Tampoco se cierran las puertas para el PSOE a pesar de que, por primera vez en la historia del CIS, caiga a la tercera plaza. Ni siquiera está asegurado un ascenso de Podemos, partido que cuenta con la gran ventaja de ser completamente nuevo y de emerger en un contexto en el que sus competidores han cometido muchos errores y ellos, por ahora, no tantos. Los internautas también son conscientes de esta ventaja competitiva y dudan a la hora de valorar la eficacia real de votar a un rival tan desconocido.

Este mapa de indecisión queda reflejado en los comentarios de los lectores, y la heterogeneidad es regla cuando se trata de analizar el rumbo que, según ellos, debería adoptar el país. Sólo hay una cosa clara: la confianza en la política y, sobre todo, en sus representantes se encuentra muy de capa caída, y así lo reflejan también los datos del CIS. Prueba de ello es que un 85,9 por ciento de los encuestados asegura desconfiar de Mariano Rajoy y un 67,8 por ciento descalifica la actuación de su Gobierno. El PSOE tampoco arroja saldo positivo, aunque Pedro Sánchez mejora los elevados índices de desconfianza de Rubalcaba: ahora la labor de oposición del PSOE 'sólo' es criticada por el 58,5 por ciento y su secretario general tiene la confianza del 14,4 por ciento de los encuestados y la desconfianza del 77,9 por ciento.

Además, aun considerando que el escenario que dibuja el CIS a día de hoy fuera factible, queda la incertidumbre de los posibles pactos, que comenzarán a perfilarse cada vez con más claridad a medida que se acerquen los comicios. Hay quienes auguran un pacto de izquierdas que incluya a PSOE y Podemos, mientras otros ven más posibilidades de que Sánchez se una al PP que a una fuerza radical tan en contra de la realidad de sus políticas. Otros apuntan hacia una gran coalición de fuerzas pequeñas en torno a uno de los grandes partidos para hacer frente a Pablo Iglesias. Incluso se habla del ascenso de Podemos como una situación tolerada y alimentada por el PP para dividir el voto de izquierdas y salir airoso en los próximos comicios.

En cualquier caso, la idea de una política de pactos no suena mal para muchos lectores, cansados de los problemas que, en este caso, consideran que ha generado un sistema basado en la mayoría absoluta. Se echa de menos, en definitiva, que el Parlamento se vea obligado a cumplir con su labor: parlamentar, usar la dialéctica y la razón para llegar a pactos concretos que logren sacar a la luz normas con las que todos los ciudadanos puedan sentirse mínimamente representados. Por eso la heterogeneidad se presenta para muchos como una lección forzada para los políticos, a los que se pide un giro radical en su concepción del papel que cumplen de cara a la sociedad.

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