edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
19/09/2011
EL DEDO DE MADOZ

La parálisis del Ecofin y el rechazo a Geithner congelan el crédito en dólares a la banca europea

Carlos Schwartz

El rechazo este fin de semana en Wroclaw, Polonia, por parte de los ministros europeos miembros del Ecofin a la propuesta del secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, ha renovado la desconfianza de la banca y los fondos de dinero estadounidenses hacia la banca de Europa en general pero en especial hacia los grandes bancos de Francia y Alemania. Lo esencial del mensaje de Geithner al Ecofin, enunciado en treinta minutos el pasado viernes, fue proponer que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) ampliara significativamente sus recursos para limpiar de activos tóxicos a las carteras de los bancos de la zona del euro. Aunque el nombre del programa de la Reserva Federal, TARP (Troubled Asset Relief Programme), no se mencionó en esa media hora, la idea estadounidense detrás de una ampliación del programa FEEF es precisamente esa. Sacar de la banca parte de la deuda soberana en riesgo o avalar al menos una parte de la deuda en la cartera de los bancos. Se ha sugerido la cifra de un 20%.

El mensaje de Geithner está motivado por el temor de la banca estadounidense y del gobierno de Barak Obama a que los grandes bancos europeos con una fuerte presencia en Estados Unidos sufran fuertes pérdidas a causa de la deuda soberana europea. Parte de este temor se funda en que la deuda pública soberana de Grecia, Irlanda y Portugal, así como la del resto de los países de la zona euro está concentrada en los bancos de la región. Pero está asegurada mediante credit default swaps (CDS) por los grandes bancos estadounidenses. Los quebrantos en Europa arrastrarían a la banca estadounidense.

Un reflejo de ese temor es la ausencia de liquidez en dólares de la banca europea. El hecho de que el crédito disponible a través de los swap de dólares contra la Reserva Federal no se haya explotado por parte de los bancos de la zona euro se debe de un lado a su coste punitivo y del otro a su plazo: 1,1% de interés y plazo de una semana. El tipo de interés de los fondos federales (Fed funds) es de entre el 0% y el 0,25%. El crédito dispuesto en dólares contra el BCE es de apenas 575 millones de euros en la semana del 13 al 20 de septiembre. Sin embargo a finales de julio el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ya había expresado su preocupación por la capitalización de la banca europea por relación al riesgo soberano en sus carteras y había llamado la atención sobre su capacidad de pago en dólares para las operaciones en Estados Unidos. Una clara referencia a las asimetrías entre los costes de financiación y plazos de activo y pasivo en que estaban incurriendo esos bancos. Se debe a este motivo que la semana pasada el BCE anunciara subastas a tres meses de dólares contra activos para octubre, noviembre y diciembre. Las subastas se harán sin limitación de importes.

La otra cara de este mismo problema es la capitalización de los bancos europeos, no como un coeficiente genérico sino por relación a la exposición de la banca de la zona euro a la deuda soberana de los países de la región. La Autoridad Bancaria Europea (ABE) ha trasladado al Comité Económico Financiero de la Unión Europea la necesidad de recapitalizar a los bancos que aunque tienen un capital de más del 5%, pero próximo a esa cifra, de los activos ponderados por riesgo con una exposición significativa a la deuda soberana de “países en riesgo” deben incrementar capital. El consenso en torno a este punto ha llevado a que la reunión del Ecofin mientras que rechazó las propuestas de Geithner dijo que estudiaría la recapitalización de los bancos de la zona. La diferencia es de tiempo, y lo que Geithner proponía era una solución inmediata que implicaba un anuncio de ampliación del FEEF y otra mediata mediante la capitalización de los bancos. Es necesario subrayar que en el fondo la propuesta de la ABE se asemeja a la propuesta de Geithner puesto que ha estudiado la posibilidad de incrementar los recursos del FEEF para recapitalizar a la banca. Esta es una vía inaceptable para varios países del norte de Europa, comenzando por Alemania.

Mientras, en el frente de las ayudas a Grecia el Ecofin no ha avanzado ni un milímetro. El plan aprobado el 21 de julio sigue congelado y los 8.000 millones de euros pendientes de desembolsar por un tramo del primer plan de ayuda siguen sujetos a progresos que Atenas no alcanza a justificar a ojos de los inspectores del BCE, la UE y el FMI, la denominada troika. Los contactos siguen por video conferencia y hoy lunes le toca a los técnicos de la troika hablar con los técnicos griegos. Mientras el primer ministro Yorgos Papandreu suspendió su visita a Estados Unidos.

Papandreu tenía previsto pasar en Washington toda la semana con el pretexto de la Asamblea general de las Naciones Unidas, aunque con el objetivo de mantener contactos con el gobierno de Estados Unidos. Pero no parece que esta sea la semana indicada para una ausencia continuada. El problema de fondo es la firme decisión del Ecofin bajo la presión de Alemania y el resto de sus aliados más próximos de no autorizar el pago del saldo pendiente a Grecia si no se cierra la brecha presupuestaria prevista para 2011 y 2012 por más pequeña que esta sea.

Las negociaciones están empantanadas por divergencias de criterio sobre la certeza en la recaudación de 2.000 millones de euros por parte de la Hacienda griega que los ministros de la eurozona no están dispuestos a dispensar. Dispensa que tampoco está dispuesto a conceder el Consejo Europeo. Se verá si a último momento se construye un puente de oro por el que transite el acuerdo. De momento lo que se percibe es que hay un grupo de interés, mayoritario, empecinado en empujar a Grecia hacia una suspensión de pagos con una negociación sobre su permanencia en la moneda única. Las afirmaciones que un escenario de esta naturaleza sería catastrófico para el euro, por parte de quienes deberían allanar el acuerdo, comienzan a sonar a hueco.

Mientras, las propuestas de recapitalización de la banca no avanzarán con la rapidez necesaria para despejar las dudas sobre la solvencia de la banca de la zona del euro. La pinza de la crisis de deuda soberana no hará más que empeorar la percepción de la solvencia de la banca. La incapacidad por instaurar una solución al estilo del plan Brady de 1989 o de la crisis de pagos de México de 1994 tiene como efecto empujar a Grecia hacia el modelo de la Argentina de 2001.

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