edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
29/05/2010
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

La pérdida de competitividad y una fuerte demanda interna explican los grandes déficits en la eurozona

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'*

El aumento de los desequilibrios globales por cuenta corriente durante buena parte de la primera década de los 2000 ha copado numerosos titulares. Aunque la eurozona en su conjunto se mantuvo cercana al equilibrio, algunos países del área también han sido protagonistas de este fenómeno. Así, mientras Alemania registró saldos positivos superiores al 5% del PIB durante varios ejercicios, cuatro países -Irlanda, España, Portugal y Grecia- alcanzaron déficits por encima del 5% del PIB. Dos son las hipótesis que se barajan como detonantes de estos desequilibrios: la pérdida de competitividad-precio en los países que han sufrido los mayores deterioros por cuenta corriente y el fuerte crecimiento de la demanda interna en las economías deficitarias causado, en buena parte, por la vigencia de tipos de interés reales demasiado bajos.

Invariablemente, el desgaste de la competitividad-precio se ha postulado como uno de los determinantes de los desequilibrios dentro del área. Los costes laborales unitarios (CLU) -un indicador de competitividad-precio- han crecido a un ritmo mayor en los países mediterráneos e Irlanda que en otros países de la zona euro. En concreto, mientras en Alemania los CLU subieron un 6% en la última década, el incremento fue 5 veces superior en los países más deficitarios (véase gráfico siguiente). Un indicador basado en el IPC de los distintos países da resultados muy similares -reflejando las importantes diferencias en los niveles de inflación entre países-. Muy probablemente, este deterioro de la competitividad-precio ha dificultado el crecimiento de las exportaciones y ha estimulado el de las importaciones.

Sin embargo, a pesar de la pérdida de competitividad-precio de los países deficitarios, la evolución de sus cuotas de exportaciones mundiales matiza la relevancia de este desgaste. Irlanda, por ejemplo, es uno de los países que vio empeorar los indicadores de competitividad-precio, pero también el único de la eurozona que mejoró su cuota de exportaciones durante los 2000 (en su caso porque el aumento de los precios internos estuvo acompañado de importantes mejoras de productividad en el sector exportador). Por su parte, la pérdida de cuota de España no fue muy distinta a la sufrida por Alemania (véase gráfico anterior). En resumen, la pérdida de competitividad seguramente explica parte de los deterioros por cuenta corriente, pero no del todo y no para todos los países en igual medida.

Un factor claramente común en todos los países donde los déficits se dispararon fue la pujanza de la demanda interna. Alemania, en cambio, destacó precisamente por todo lo contrario. Varios estudios señalan como causa principal de la fortaleza de la demanda interna a los bajos tipos de interés reales, aunque factores de tipo fiscal o idiosincrático también han podido tener cierta relevancia.(1)

El proceso de convergencia previo a la introducción del euro propició una notable disminución de los tipos de interés nominales y reales en los países que luego tuvieron grandes déficits. Asimismo, tras la formación de la eurozona, los diferenciales de inflación conllevaron una fuerte heterogeneidad en los tipos de interés reales entre países (véase gráfico siguiente). A mayor inflación, más probable era la pérdida de competitividad y más probable, también, que el bajo tipo de interés real impulsara la demanda interna. Los bajos tipos de interés promovieron la demanda a través de distintos canales: de manera directa, estimularon el consumo y la inversión en detrimento del ahorro. El dinero barato también pudo favorecer la formación de burbujas inmobiliarias, y atrajo importantes flujos de inversión en este mismo sector. La revalorización del precio de la vivienda también contribuyó, a través del denominado efecto riqueza, a un mayor consumo y a un menor ahorro. En un contexto de fuerte crecimiento de la demanda interna, los diferenciales de inflación existentes en el momento de la formación de la Unión, lejos de corregirse, persistieron e incluso aumentaron a lo largo de la década de los 2000.

Una segunda posible causa del dinamismo de la demanda interna pudo ser una política fiscal expansiva. Éste no parece haber sido el caso de Irlanda y España, que registraron superávits fiscales, aunque hay quien argumenta que no se generó un suficiente superávit estructural durante esos años. La experiencia de Grecia, en cambio, encaja mejor con esta hipótesis, pues incurrió en déficits fiscales de manera recurrente a pesar de las altas tasas de crecimiento económico. Otros factores idiosincráticos, como el crecimiento de la población en España, también pudieron contribuir al vigor de la demanda interna en determinados países, pero parece que estos motivos jugaron un papel secundario en comparación con el nivel de los tipos de interés reales.

  En definitiva, cierta pérdida de competitividad-precio en las economías deficitarias y, en especial, una enérgica demanda interna parecen explicar el aumento de los desequilibrios por cuenta corriente dentro de la eurozona. Unos desequilibrios que, vistos los vaivenes a los que están sujetos los flujos de financiación internacional, suponen un importante riesgo macroeconómico. ¿Cómo evitarlos? Una de las claves radica en reducir los diferenciales de inflación entre países, lo que requiere cambios institucionales, profundos en algunos casos. De esta manera, una misma política monetaria no sería excesivamente laxa en algunos países y demasiado restrictiva en otros, con los riesgos que ello comporta. Al propio tiempo, esos cambios institucionales redundarían en una mejora de la competitividad-precio, y permitirían a los países de la UEM continuar en el seno de la misma sin generar excesivos desequilibrios exteriores.

  (1) Charles Wyplosz, «Ten Years of EMU: Successes and Puzzles», Working paper presentado en la «Conferencia 10º Aniversario del Ingreso de España en la UEM» realizada en febrero de 2009 en el Banco de España.

* Clàudia Canals, Departamento de Economía Internacional, Servicio de Estudios de "la Caixa"

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