edición: 2702 , Martes, 23 abril 2019
13/09/2012
Sensación popular de desaparición del euro

La peseta, diez años después, sigue siendo moneda de cambio

Una enmienda que aprueba hoy el Congreso pretende su achatarramiento en 2021
Juan José González

La divisa española, la peseta, se convierte en el día de hoy, de rebote, en protagonista de una enmienda destinada a modificar el decreto ley de la segunda reforma financiera de mayo. En principio parece un mero trámite, sencilla limpieza de uno de esos cabos sueltos que en ocasiones dejan las leyes. Sin embargo, la actualidad parece haber convertido a la antigua divisa del Reino en motivo de sospecha y de discusión política. Y es que la enmienda en cuestión pretende y persigue acotar el plazo de canje por euros y fijarlo como tope en el año 2021. Para entonces, se quiere que los 282.523 millones de pesetas que al parecer andan sueltos (aunque recogidos en colchones y cajas fuertes) sean solamente chatarra. En realidad, el Banco de España viene comprobando desde cuatro años que la antigua moneda continua siendo moneda de cambio en miles de transacciones que a diario se llevan a cabo en numerosas localidades españolas. Al parecer, las pesetas siguen cerrando el paso a los euros a pesar de haberse cumplido ya diez años desde la entrada en vigor de la divisa común europea. Transacciones en pesetas que, por supuesto, son ajenas al iva correspondiente.

El Banco de España trabaja con una cifra cercana a los 1.700 millones de euros (entre monedas y billetes) que en pesetas siguen en manos del público, y con los que se producen intercambios comerciales, compra venta de ganado, alquileres o arriendo de terrenos, de material agrario y labranza, incluso en transacciones de pequeños barcos de pesca. Es una economía paralela que implica a cientos de habitantes, principalmente, en el medio rural, y que cuenta con su propia moneda, la de siempre, la peseta. Lo que sucede es que se prefieren los billetes y se desprecia la calderilla, algo que reduciría la circulación –y la vida- teórica de la antigua divisa. Con estas cantidades en circulación, aunque no sea posible averiguar el volumen de impuestos no ingresados en Hacienda, sí cabe sospechar que se trataría de una cifra respetable, puesto que es probable que los 1.700 millones de euros aún en pesetas, hayan dado muchas vueltas a lo largo de los últimos diez años.

Pero por otro lado, la sospecha sobre las “prisas de última hora” del Partido Popular (partido que presentó la enmienda que se aprueba hoy) hace pensar en que el interés en fijar una fecha vital para la antigua divisa española responde a otras intenciones y/o temores. Por el lado de las intenciones, el anuncio del plazo final de canje puede acelerar que los tenedores de pesetas adelanten su paso por la ventanilla del Banco de España para realizar el canje por euros. Si esto fuera así, la norma que se aprueba hoy deberá ser reformaba lo antes posible en aras a recortar el plazo del 31 de diciembre de 2020, y fijarlo a mediados de 2013, por ejemplo.

Sin embargo, el asunto comienza a tener otro olor si se tiene en cuenta que diariamente se esta cuestionando la existencia (y por tanto el valor) de la moneda única europea. En este sentido, el Banco de España, a instancias del Ministerio de Economía, estaría interesado en “limpiar” de una vez por todas, la circulación de la antigua moneda, recogiendo así los restos de la misma. Los más desconfiados aventuran que al fijar el calendario de canje, a pesar de su lejanía en el tiempo, el Banco se esta preservando como único tenedor y, por supuesto, absoluto, ante una posible quiebra de la moneda única.

A nadie extraña que la vida (o muerte) del euro sea asunto habitual en cualquier tertulia, y por lo tanto, tampoco sean más extraños los comportamientos locales que siguen confiando en que no hay nada más seguro que la tradicional peseta, y no por el hecho de ser poseedor de las mismas, sino también profundos motivos culturales.

En Francia, una compañía de encuestas de opinión recibió en 2005 el encargo del Tesoro galo para averiguar, mediante una encuesta, el grado de aceptación de la moneda única en el tercer cumpleaños de su implantación. Los franceses contestaron de forma unánime y ofreciendo un contundente resultado que indicaba el mayor grado posible de satisfacción de la moneda y de la seguridad que ofrecía el nueva divisa común. En 2008, la encuesta mostraba los primeros síntomas de deserción y los franceses ya albergaban algún recelo sobre la seguridad, motivado, previsiblemente, por el año de crisis. En 2011, fecha prevista para el tercer análisis, la citada consulta no se llegó a producir, puesto que la empresa encargada de la misma había quebrado.

En España se conocía ayer el informe Transatlantic Trend 2012, elaborado con la Fundación BBVA, y del que resulta que España es el país de la Eurozona que peor valora el uso del euro para la economía nacional, hasta el punto de que el 57% de los españoles considera que ha sido negativo, un porcentaje que va en aumento. Se sabe por otro lado, que las estadísticas oficiales del Banco de España cruzadas con datos del ministerio de Hacienda, confirman no sólo la existencia de esos 282.523 millones de pesetas, sino de una cantidad mayor que estaría distribuida en bancos y cajas fuertes fuera del país.

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