edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
28/02/2013
El desempleo, la ausencia de reactivación y la emigración de trabajadores anuncian más déficit de la Seguridad Social

La posibilidad de un rebote en la actividad económica en el último trimestre de 2013 es contestada por los analistas

Carlos Schwartz

El déficit de las cuentas de la Seguridad Social en 2012 ha rozado el 1% del producto interior bruto (PIB) imputando las prestaciones por desempleo, el fondo de garantía salarial y la pensiones, en una clara señal del estrechamiento de la base contributiva. Ese estrechamiento es resultado de la reducción drástica de contribuyentes al sistema ocasionado por la tasa de desocupación que ha desbordado el 26% de la población activa. El cuadro es de agravamiento de fondo, puesto que parte de los seis millones de trabajadores emigrantes que se incorporaron a la actividad productiva de España en la época del auge inmobiliario entre 2000 y 2008 ha emprendido el regreso, y la corriente emigratoria de los jóvenes españoles en busca de trabajo es imparable.

Esto supone una contracción irreversible de la base contributiva de la Seguridad Social si se tiene en cuenta que una parte considerable de los trabajadores que abandonan el país no regresará. La pérdida de capital humano que sufre el país no es sólo un drama familiar, es un empobrecimiento brutal del país. Una parte considerable de la juventud mejor formada de su historia se va para no volver. Como parte de este cuadro la Seguridad Social en 2012 ha añadido un 1% al déficit de las administraciones públicas que el Gobierno se jacta de haber reducido al 6,7% el año pasado... sin computar el coste del saneamiento de la banca.

Mientras, el ministro de Economía Luis de Guindos, se da el lujo de afirmar con jovialidad en Davos el mes pasado que la economía española muestra signos de reactivación y se puede esperar que rebote en el último trimestre de 2013. La forma en que estas cosas son dichas es desde luego relativista y poco enfática, sumida más bien en un condicional aséptico. “Esto no será así, no hay ninguna perspectiva de que haya una reactivación de la actividad sobre la base de una retracción creciente del consumo”, afirma un analista de un fondo de inversión extranjero. “La demanda doméstica es débil y seguirá debilitándose. Las ventas minoristas siguen una trayectoria descendente.

Con los salarios cayendo y los precios subiendo es una expresión de deseos pensar que esta tendencia cambie teniendo en cuenta además que los perfiles de consumo están condicionados por el envejecimiento de la población y está claro que esto seguirá siendo así por años. Nadie imagina una tasa de paro inferior al 20% ni aun en el 2020, mientras la caída del endeudamiento de las familias y las empresas todavía tiene un largo camino por recorrer”, señala Edward Hugh, colaborador del economista Nouriel Roubini.

Uno de los frentes más atacados de las previsiones oficiales es el que hace reposar el crecimiento futuro en el signo positivo de la balanza comercial. “Con la balanza comercial en equilibrio en los últimos tres meses del año la economía se retrajo un 0,7%...”, señala la fuente de medios financieros. Hugh corta el debate de forma tajante al señalar que “un país que sufre un deterioro demográfico (un rápido envejecimiento de la población) y un exceso de endeudamiento privado solo ha alcanzado una competitividad internacional suficiente cuando sus exportaciones crecen con la rapidez suficiente como para que el crecimiento del PIB que ocasiona pueda generar nuevo empleo de forma sostenible. Este no es el caso de España”. Muy por el contrario el modelo se asemeja al de Hungría, país que ha logrado un superávit de balanza de pagos sin que ello haya logrado sacarlo de la recesión crónica. España, al igual que Portugal y Grecia, tienen una importante posición externa neta negativa de inversión internacional que se refleja en un endeudamiento externo privado del orden del 100% del PIB.

España comienza a mostrar señales de un proceso de envejecimiento de la población a la japonesa, con una estructura económica que no lo puede soportar. Japón, con su posición externa neta de inversión internacional positiva en magnitudes considerables se puede plantear su modelo poblacional a la espera de una recuperación que no llega nunca. No es el caso de España. El problema es que mientras que Japón tiene fuelle para experimentar con modelos de reactivación por la vía del estímulo monetario de la economía nuestro país ve su futuro asfixiado por el deterioro imparable de sus condiciones económicas.

En este contexto de poco sirve que el Gobierno haya logrado un precario equilibrio de capital en el conjunto del sistema bancario español. La erosión de capital que ha supuesto la crisis económica con el estallido de las insolvencias, los créditos incobrables y las adjudicaciones inmobiliarias, ha sido nominalmente superado a costas de un incremento significativo de la deuda pública, es decir mediante el traspaso de la crisis al sector público. El problema es que la ausencia de recuperación va a volver a deteriorar la cartera de créditos de la banca, y por ende volverá a erosionar la base de capital de los bancos, sin lograr que estos salgan del círculo vicioso en el que han caído con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Es previsible que con este panorama el Gobierno tenga que volver a plantearse inyectar capital en los bancos con problemas. De lo que no cabe duda es que en este contexto no hay recuperación del crédito ni reactivación económica.

Muy por el contrario, la reducción de la población activa con una pérdida sistemática de capital humano indica una tendencia al decrecimiento o estancamiento, en el mejor de los casos, del PIB como ruido de fondo. Este proceso hace que los excedentes de mercancías, sean estos viviendas o bienes de consumo duraderos o perecederos, sean cada vez más difíciles de vender con la persistencia de los stocks. Un proceso que en el medio plazo supone más quebrantos de empresas. Esto quiere decir que el modelo de recuperación económica diseñado por el Gobierno con el entusiasta apoyo de la Comisión Europea y los genios de la Eurozona está condenado al fracaso.

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