edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
03/02/2009
Siete de las quince regasificadoras son españolas

La ‘postguerra del gas’ en Europa revaloriza el GNL de España

Merkel, Sarkozy y Berlusconi juegan al gas a dos manos y dos intenciones
Javier Aldecoa

La UE no encuentra puntos de fuga para la pinza rusa del gas. Le ha enseñado sus grietas a Moscú y, a la vista de las líneas rojas del gasoducto Nabucco, las limitaciones de los atajos nigeriano y argelino y del coste de la confianza de Ucrania, las apuestas llevan el apellido nuclear o el del GNL. España no juega en la primera de las ligas, pero con siete de las quince plantas de regasificación del continente, tiene ya en su mano la llave al 50% del segundo: es el principal receptor europeo de Gas Natural Licuado. GN, Repsol, Unión FENOSA y ENAGAS se preparan para pescar, con Bruselas por madrina, los recelos de París y los puentes tendidos de Lisboa, en las heridas europeas abiertas por Gazprom. RWE y E.ON aceleran sus capacidades en gas natural licuado. Y GDF-Suez, con el 10% del GNL europeo en la mano, promete pelearle los galones a las españolas, ahora que la menor demanda del GNL en Asia y la ralentización de las operaciones han comenzado a afearle el resultado. Y que el Kremlin le ha recordado las líneas rojas de su ‘lealtad’.

La Unión tiene aún los pies fríos, la cabeza caliente y los precios y las rutas para su gas aparcados otra vez en el limbo ruso. La UE trata de darle cuerda a sus alternativas energéticas. Pero el gasoducto Nabucco tiene tantos lastres como los atajos argelinos, la gatera libia, o la producción noruega. Caro -con unas facturas de al menos 4.600 millones de dólares que hasta ahora los Veintisiete no estaban dispuestos a pagar- tardío, abocado a sumar el gas de todos los países de Asia Central y Azerbaiyán y huérfano de alianzas. El diseño de sus arterias marca a fuego la geografía de los desencuentros europeos y el ascendente que aún mantiene Moscú. El pactismo de ENI, E.ON y GDF y el pragmatismo de Asia Central siguen dejando a la UE en manos del gas del Kremlin, que engrasa ahora la ‘pinza de precios’, antes de que pueda prosperar alguno de los tratamientos de choque contra la tenaza moscovita.

Alemania y la Canciller Angela Merkel respiran por E.On y sus promesas para el gasoducto Nord Stream. No le importan las promesas de Bruselas, los esfuerzos de la presidencia checa de turno de la UE, o los titubeos de Asia Central. Para Berlín, la diversificación bien entendida pasa, otra vez, por el gas ruso y quiere también los euros de los Veintisiete para un gasoducto llamado a atravesar el fondo del mar Báltico hasta el corazón energético germano. Moscú pidió remar todos a una en el mar del gas ruso. Lo toman al pie de la letra Eni y E.ON. Una, le despeja las tuberías del Nord Stream, la otra del South Stream.

GNL, EN ALZA

No son sólo la Cambridge Energy Research Associates y la AIEA las que advierten que sólo el GNL - hoy sólo el 10% del gas que consumen los Veintisiete- puede hacer competencia, a corto plazo, a las venas del gas ruso. Los flujos de gas natural licuado se han duplicado en todo el mundo en el último decenio y ahora acaparan el 7% de la demanda mundial de gas natural. Será, sólo el preludio- según la AIEA- para que el comercio de  GNL vuelva  a multiplicarse por dos en cinco años. Europa será uno de sus epicentros, si se cumplen las previsiones de la CE y pasa del 10% al 20% del suministro energético de los Veintisiete.

De los 3500 millones de euros que la CE promete invertir en el suministro de gas europeo, por ahora sólo 250 serán para Nabucco. El resto irán a los gasoductos de Escandinavia, Polonia y los países del Báltico y especialmente de las líneas entre Rumania, Eslovaquia, Austria y Hungría. Y al impulso de la opción del GNL. En su informe sobre la “Segunda revisión estratégica del sector de la energía”, la Eurocámara apuesta por exigir a todos los Estados miembros que tengan capacidad para almacenar  distribuir GNL, una opción que hoy por hoy pasa por los dinteles de Francia, España y Gran Bretaña.

ESPAÑA, ESTRATÉGICA

Lo advirtió, en la que será su última presentación de resultados, el presidente de FENOSA, López Jiménez. El GNL es mucho más que un activo estratégico para las empresas, una llave geopolítica que España tiene en sus manos.  Lo saben E.ON y RWE. Horadan los caminos de Nord Stream, de espaldas a la galería europea de Barroso y le da cuerda a las alternativas nucleares dentro y fuera de Alemania, pero encarnan el signo de los tiempos del gas europeo con el Gas Natural Licuado. Los ojos de E.ON apuntan a Guinea Ecuatorial, a través de la lente de FENOSA. E.ON Ruhrgas  tiene programado invertir varios cientos de millones de euros en un terminal de recepción neerlandés –GATE- que abrirá en el 2011. RWE construirá una terminal de recepción de GNL en Wilhelmshaven (en la costa del Mar del Norte), que podría iniciar sus operaciones en 2012.

Gazprom no quiere ser menos y busca sitio también en las alternativas a sí mismo: el grupo químico Wintershall, uno de sus socios en Alemania, va a reevaluar la opción del gas natural licuado. Un campo de juego al que hasta ahora Gazprom no ha entrado con los dos pies, disuadida por los costes, la incompatibilidad con los gasoductos y las dificultades para ejercer una pinza de precios con el GNL transportado por barco. Lo advierten sus propios análisis estratégicos: el transporte a través de gasoductos y la venta del GNL compiten entre sí y las reservas disponibles difícilmente permitirán fomentar ambos negocios a la vez. La apuesta por el GNL, a su vez, va a requerir ingentes inversiones. Apenas hace dos meses que el consorcio internacional Sakhalin Energy, operador del proyecto energético Sajalín-2 concluyó la construcción de la primera planta de licuefacción de gas en Rusia. Una planta que dará la espalda a Europa, con la vista puesta en Japón, Corea y EEUU.

Eni juega a dos manos, con el South Stream, los acuerdos con Moscú y con su participación en el GNL de FENOSA. Los ojos de Europa miran a Egipto- donde FENOSA tiene ya un activo altamente rentable y con una capacidad de producción de unos seis millones de metros cúbicos de gas- y a Argelia. Pero España tiene ya los galones, las compañías, los suministradores y las infraestructuras para ser la puerta del GNL de Europa. Y para driblar la otra dependencia, la de Argelia y el Medgaz. Mucho más de lo que Gazprom puede soñar. Y de lo que sus demás competidores europeas ansían. Suficiente para hacer de España –que aprovisiona dos tercios de su gas de GNL- un oasis ante futuras guerras energéticas. Y un semillero de alternativas a la dependencia Rusa. En Europa del Sur y Este, sólo Grecia pudo driblar el corte del 80% del gas ruso con la única terminal de gas licuado (GNL) en la región.

Repsol-Gas Natural LNG Stream, la compañía conjunta de Repsol y Gas Natural es desde 2005 el tercer grupo a nivel mundial en transporte de GNL. El Plan Estratégico 2008-2012 de Repsol prevé multiplicar por 4 el volumen de comercialización de GNL, lo que supondrá un volumen equivalente al 50% del gas que consume España en un año. Enagás acaba de lograr la autorización de Industria para construir un quinto tanque de almacenamiento de 150.000 metros cúbicos en la planta de gas natural licuado de Palos de la Frontera. E Iberdrola no ha dejado pasar las oportunidades de la liberalización del mercado luso, ha recibido la licencia para comercializar gas natural en Portugal.

Gas Natural podría desviar además alguno de los envíos de GNL que no necesita en España a Italia, Portugal o Francia. Otra cosa serán los vecinos. Portugal, con la terminal de Sines y el gas nigeriano en ristre, garantiza buena parte de su consumo interno, pero apuesta por el Mibgas, aunque sea a medio plazo. Pero aferrada a su sarkodiplomacia nuclear, Francia recela de nuevas redes de interconexión gasista, no sólo con España y con otros países europeos, sino incluso en el interior del país. De momento tiene bastante con las dos interconexiones hispano-galas, Larrau-Lacq e Irún-Hendaya y la promesa de multiplicar la capacidad del gasoducto navarro hasta 5 millones de metros cúbicos y  potenciar Midecat a partir de 2014.

EUROPA, SIN PUNTOS DE FUGA

Lo advierte, negro sobre blanco, el diario paraestatal Vedomosti: si los europeos no encuentran una alternativa al gas ruso, el conflicto se hará eterno. Le han dejado claro a Moscú que ni la ‘cláusula Gazprom’ -aprobada a pesar del desencuentro entre los Veintisiete- ni la mano tendida de Merkel, Sarkozy y Berlusconi y los acuerdos recién firmados dan para mucho más que la servidumbre. Y los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos le han demostrado a Moscú que todos los caminos rusos del gas conducen a Europa. Sobre todo ahora que GDF-Suez, E.ON y ENI siguen dispuestos a ser sus introductores de embajadores.

La UE se ha conformado hasta ahora con pelearle a Moscú el atajo nigeriano con el proyecto de un gasoducto transahariano hasta Europa y con tratar de arañarle concesiones a Gazprom y Lukoil en sus propios predios. El conflicto de Georgia ya dejó claro que lo de los atajos para esquivar el gas ruso no será para hoy. StatoilHydro es la primera en reconocer que Noruega, segundo exportador de gas a la Unión Europea (UE), carece de capacidad para aumentar su producción y compensar los zarpazos de Gazprom. Tampoco para ir mucho a medio plazo más lejos del 17% del gas de la UE (un 30% en Alemania, Francia y Gran Bretaña): tanto la larga duración de los contratos de suministro como las limitaciones de la capacidad impiden un incremento sustancial de la producción.

La Unión Europa ha estrenado la primera experiencia de asociación entre la UE y un país de la orilla sur del Mediterráneo con una donación a Marruecos de 76,66 millones de euros para del programa de reforma del sector energético. Pero propuestas como la del puerto belga de Zeebruges, que asegura ser capaz de aprovisonar Bélgica y Europa Occidental con Gas Natural Licuado (GNL) son aún un espejismo. Lo sabe RWE, que ha tenido que recurrir a Noruega para hacer frente a una caída del 5% de su suministro. Y París: no es casualidad que un Nicolas Sarkozy recién  defenestrado del trono europeo se apreste a ser embajador de buena voluntad con Moscú y Alexei Miller. Todo con tal de que sus promesas en las narices de GDF-Suez no se cumplan. Al menos no tan pronto.

Sólo el gasoducto Nord Stream se le puede complicar a Gazprom. GDF-Suez, E.ON, Total  y  ENI están dispuestos a ser introductores de embajadores.  Todos los países de Europa centromeridional han firmado acuerdos bilaterales con Rusia sobre suministro energético. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco.

EL ENTREGUISMO DE PARÍS, BERLÍN Y ROMA

El gigante ruso ha ahogado a E.ON, RWE, GDF-Suez y Eni con la misma alfombra roja con la que ellas le adornaron sus atajos comerciales y accionariales al corazón de Europa. Pero ni en París, ni en Berlín, ni en Roma, ni siquiera en Londres quieren afearle la foto a la gasista rusa y menos aún poner en cuestión -o meter al congelador- las negociaciones para un nuevo acuerdo de asociación con Moscú, que retomaron los Veintisiete justo después del ataque ruso a Georgia. París, Roma y Berlín no han querido manchar el cordón umbilical al 47% de su gas: disfrazan de espanto los puentes a Moscú, pero los han tendido. Gracias al canje de acciones recién sellado con la alemana E.ON, Gazprom atesora ya en sus manos la participación del 49% que E.ON Ruhrgas -su principal accionista extranjero- tiene en la compañía rusa ZAO Georoosgaz. Acaba de anunciar la formación de una empresa conjunta con las italianas A2A e Iride para el suministro del gas natural a Italia entre 2009 y 2022. Si Total tiene en cuenta nuevos proyectos será con Gazprom, con la que ya comparte trabajo en el campo de Shtokman, en el Ártico.

Enel produce ya el 5% de toda la electricidad que se genera en Rusia y está decidida a que lo que ha unido Serve  no lo separe nadie. Su compromiso con el Gobierno de Vladimir Putin es realizar inversiones a largo plazo de 8.000 millones. Barra libre de gas desde 2010 a cambio de la llave al atajo europeo sobre la Vieja Europa. No sólo con una participación en una de sus centrales en Italia -probablemente la del Adriático- sino por una mayor cuota del pastel accionarial -del 20 al 40%- en Seve Energía, a favor de la rusa.  Conti le despeja las puertas. Hasta la cocina de la italianidad. Que no es poco, a la vista de las turbulencias en el proyecto para la construcción del gasoducto que unirá Rusia con Alemania a través del mar Báltico tras la crisis por el conflicto de Georgia y las pataletas de Polonia y compañía, que se niegan en rotundo a recibir el gas de Putin y a ser la correa de transmisión de sus condiciones. Francia hace ojos ciegos a las arremetidas diplomáticas de Sarkozy. Gazprom se ha cobrado los favores futuros en las carnes de Alstom -que ha firmado el acuerdo más jugoso con Transmashholding- de Total -con la explotación conjunta de Stockman- y EDF, que estrecha lazos con Inter Rao. Y Gazprom ha afinado sus encantos incluso con los tories británicos. No es casualidad que David Cameron y su secretario financiero, Alan Duncan, hayan visitado varias veces en los últimos meses los predios del gigante energético ruso.

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