edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
31/03/2017
Falta de confianza y seguridad

La precariedad salarial y laboral frena la recuperación inmobiliaria

Ni los fondos buitre ni los precios -aún moderados- ni las compras de extranjeros consiguen acelerar la expansión del sector
Juan José González
La recuperación del mercado inmobiliario es un hecho. Las cifras son elocuentes: mercado hipotecario al alza, demanda de crédito constante, suben las ventas, se mueven las grúas, muchas nuevas, pero sobre todo, vivienda de segunda mano. Crece también el empleo en la construcción; no hay más que ver la evolución anual de las nuevas contrataciones, cerca del medio millón en el pasado ejercicio, para certificar que la construcción, el inmobiliario, ha regresado a la dinámica del crecimiento, y crece el empleo en general. El PIB, como si fuera el notario de la escena, viene dando fe de la mayor actividad constructora en el tercer ejercicio ya de expansión, de crecimientos de tres puntos de media anual. Otro asunto es que la velocidad de los avances se produce ahora a un menor ritmo, diferente al conocido en la historia reciente. La expansión de la economía de hoy no se parece mucho a aquella que en el pasado reflejaba y recogía el dinamismo de la demanda de crédito hipotecario, de viviendas nuevas y de segunda mano. Cabe preguntarse si ese menor ritmo de actividad económica actual, como también del ritmo más bajo (y acompasado) de la demanda, se deben a la experiencia adquirida en la crisis reciente, o bien, la dinámica más lenta de la demanda inmobiliaria es un indicador de la desconfianza y de la inseguridad laboral y la precariedad salarial.
Desconfianza e inseguridad están jugando en el escenario de 2017 un papel esencial en la recuperación de la economía (recuperación matizada y con notables dudas). La prueba se encuentra en que las ventas de pisos son ahora menores (unas 560.000) muy lejos de las 782.000 del techo de 2007, la cima, la cumbre, de la burbuja. Tal diferencia es indicativa de algo, como si el público, la ciudadanía, los potenciales demandantes de bienes y servicios, en este caso, de viviendas, considerasen que la recuperación es corta, limitada ni, mucho menos, tan boyante como insisten las autoridades en su `venta política´.

Y llama la atención de los expertos la debilidad de la reacción del mercado inmobiliario. Se sorprenden por varios motivos. De un lado, los precios bajos -que aún se mantienen- constituyen el primer reclamo para los inversores y extranjeros no residentes en España. Ambos grupos valoran las buenas oportunidades inmobiliarias en zonas típicas de turismo, en particular en el área mediterránea e islas Canarias, zonas que sí han experimentado un mejor ritmo de ventas de viviendas pero, según parece, insuficiente para recuperar ritmos de crecimiento anteriores a la crisis.

Pero también sorprende que debilidad de un mercado que, como el inmobiliario, ha sido el escenario preferido, por no decir el único, en el que han aterrizado los mayores fondos mundiales, `buitres´ o especulativos y otras instituciones especializadas en el sector, que se han acreditado como protagonistas avanzados de la limpieza -y alivio- de activos procedentes de los balances bancarios. Su participación en esa `operación limpieza´ de compras ha conseguido acelerar la velocidad ni el volumen esperado en la recuperación inmobiliaria.

Como también sorprende que en ese menor ritmo de recuperación sectorial haya tenido escasa aportación el hecho de que el empleo se ha recuperado de forma notable. Quizá en este punto cabe hacerse la reflexión sobre los motivos del bajo efecto mostrado por el público en la demanda de pisos. Y en este sentido, la primera razón sería la relacionada con la inseguridad del mercado laboral y la consecuencia inmediata de la precariedad salarial.

Aunque lo que parece ser un misterio es el destino del ingente volumen de activos inmobiliarios que los voraces fondos especulativos van acumulando en sus carteras cuando, llegado el momento oportuno, decidan comenzar a darles salida. Se entiende que la coyuntura sería la más favorable a la estimada en sus cálculos de rentabilidades. Por tanto, en un mercado inmobiliario ya recuperado, no sería difícil imaginar que ante la posible avalancha de ventas de esos activos, se multiplicasen, de nuevo, los riesgos de calentamiento, en precios y en créditos. Todo suena a pasado reciente, a burbuja, morosidad, impagos, desahucios y demás, y cuyos efectos, defectos y errores se están tratando de limpiar, precisamente, con la participación de los fondos `buitre´ especulativos. En el fondo, en la forma y en esencia, puede significar la retroalimentación de la burbuja. Se supone que las autoridades ya estarán advertidas.

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