edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
14/12/2011
EL DEDO DE MADOZ
Sede del BCE

La reacción del BCE al pacto fiscal de los 26 dificultará el saneamiento de la banca en España

La idea de que el proceso se asiente sólo sobre los aportes de la banca no es viable
Es factible que el proceso se pueda maquillar durante un periodo de tiempo considerable sin anotarlo como pérdida, anotándolo como inversión
Carlos Schwartz

La estrategia de sanear los balances de la banca en España mediante la adquisición centralizada de suelo y propiedad inmobiliaria a cargo del Estado tal como viene rumiando el Partido Popular, que formará Gobierno en pocos días, no resolverá el problema de los créditos malos vinculados al sector inmobiliario, ni permitirá sacar de la categoría de sub estándar a los quebrantos sumergidos en ese terreno ignoto. Pero aún así el proceso requerirá un chorro de dinero que deberá cargarse a alguna partida del balance. La idea de que el proceso se asiente sólo sobre los aportes de la banca no es viable. En el Fondo de Garantía de los Depósitos no hay ni por asomo dinero suficiente. Encarar un proceso de esta índole sin financiación del Estado es imposible.

Es factible no obstante que el proceso se pueda maquillar durante un periodo de tiempo considerable sin anotarlo como pérdida, asentándolo como inversión. Sin embargo, de lo que no se puede escapar es de un incremento de las necesidades de financiación del Estado. Este proceso se verá exigido además, y de acuerdo con los precios que se fijen a los activos, por las pérdidas que se generen en los balances de los bancos. La inestabilidad de los mercados de deuda soberana harán por lo tanto más difícil seleccionar un método de saneamiento y llevarlo a la práctica. Los recientes acontecimientos en Europa no permiten albergar optimismo al respecto.

El Banco Central Europeo (BCE) se ha mostrado estas últimas semanas esencialmente preocupado por la liquidez del sistema bancario en la región anunciando un bálsamo de fierabrás en la forma de subastas a plazos sin precedentes y sin límite, reducción de tipos de interés, incremento de instrumentos de garantía para créditos, eliminación de drenaje y reducción de coeficiente de reserva (http://www.icnr.es/index.php?ed=2011-12-09) que tiene toda la apariencia de un incremento del balance de la entidad. Pero de lo que no hay indicios es de que considere de forma consistente que se ha alcanzado un pacto fiscal en la cumbre del Consejo Europeo del pasado viernes que justifique un incremento significativo de su intervención en los mercados de deuda soberana.

Más allá del hecho que la pasada semana sólo adquirió deuda pública por 1.086 millones de euros lo que cuenta es el silencio de radio. El presidente del BCE había sugerido recientemente que, sobre la base de tal pacto, la institución podría consolidar su posición de prestamista de último recurso. La ausencia de un pacto fiscal convincente, más allá de que sea una medicina poco aconsejable si se tienen en cuenta las perspectivas de recesión en buena parte de Europa, llevará al BCE a un política conservadora en materia de apoyo a la deuda soberana.

Esta es una perspectiva poco alentadora para la refinanciación de los déficit públicos y privados durante 2012 cuyos vencimientos combinados para España son del orden de los 300.000 millones de euros. La banca tiene vencimientos de entre120.000 y 150.000 millones según las fuentes consultadas. Una buena parte de esos vencimientos son contra no residentes, con los cuales en su conjunto la banca española tiene una deuda de 790.000 millones de euros según los datos del Banco de España para el segundo trimestre de este año, el último disponible.

Las perspectivas de recesión generalizada en Europa y los intentos de disciplina fiscal constituyen un escenario de complejidad creciente. Cada vez más, la situación de los países denominados periféricos dentro de la Unión Europea parecen abocados a una crisis de balanza de pagos. Desde 2008, el flujo de excedentes que procedía de Europa del norte y financiaba los déficit públicos -pero sobre todo privados- de la denominada periferia se han cortado. También se ha cortado el flujo de financiación en dólares procedente de Estados Unidos.

En el caso español, entre 1999 y 2007 el déficit del sector privado como porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) ha sido del orden del 6%, mientras por el contrario el déficit del sector público como porcentaje del PIB en igual periodo ha sido despreciable o ha sido un superávit. El cambio de ciclo se ha producido a partir de 2008, pero la política de eliminación del déficit público emprendida por Francia y Alemania amenaza con acrecentar la depresión en España sin resolver lo que tiene todos los elementos de una crisis de balanza de pagos. La única forma de resolver esas crisis sin una agudización sin precedentes de las penurias, la recesión y la crisis es una fuerte expansión del sector exterior y una operación de esta naturaleza requiere no solo una drástica mejoría de la competitividad.

Requiere también un fuerte incremento de la demanda privada por parte del núcleo duro de Europa y una expansión del gasto público en esa región. No es este desde luego el cuadro que se presenta en la actualidad. Más bien parece que el sendero que se marca a España es el de un incremento de la competitividad por la vía de la reducción real de los salarios, una deflación de la deuda y prolongada recesión, lo que no dará respiro al desempleo y generará más crisis en el sector financiero cuya creciente reducción de balances no sólo es previsible sino que ya se viene dibujando tal como bien apunta el ranking de la banca en 2011 de ICNreport.

Hasta ahora, la santa alianza de la UE, el BCE y el Consejo Europeo han logrado poner contra las cuerdas a las naciones díscolas. Puede que no sea muy respirable ese clima de forma continuada. Cuando los países incumplen las imposiciones de disciplina fiscal los funcionarios no electos de la UE tienen una sorprendente tendencia a forzar cambios en la gobernanza de los países miembros que ya han acumulado demasiadas mudanzas de gobierno como para pensar que esta tendencia es episódica, sino que más bien se ha convertido en una metodología en la que se aúnan los esfuerzos de las instituciones europeas con la bendición del Consejo Europeo. Puede que esta forma de operar acabe por convertirse en una vía muerta que ocasione más problemas que soluciones en el corto plazo.

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