edición: 2360 , Viernes, 8 diciembre 2017
03/05/2011
Varias gestoras del país ya han hecho ‘limpieza’ de carteras vendiendo la deuda pública

La rebaja de la deuda de EE UU pendiente de una negociación política

La pérdida de la triple ‘A’ obliga a un ‘realineamiento’ en los fondos de pensiones de todo el mundo
Juan José González

Cuando creíamos que todos los males sociales, políticos y económicos tocarían a su fin con la captura o eliminación de Osama Bin Laden, nos encontramos con que una amenaza más terrenal puede tirar por los suelos todos los planes de recuperación económica a corto plazo. Se trata de esa especie de terror que encarnan las agencias de calificación crediticia, que ahora contraatacan al sistema con una advertencia de posible rebaja de calificación –perspectiva negativa- de la deuda de Estados Unidos, lo que se traduciría en la pérdida de la triple A y provocaría, seguramente, una reacción de la política financiera, fiscal e inversora de China, primer tenedor internacional de la deuda de EE UU, y de Japón, segundo tenedor de deuda americana. Pero las reacciones, caso de reducción del rating norteamericano, no se quedarían únicamente ahí, en el posible realineamiento de las inversiones chinas, sino que produciría cambios de calado en los fondos de pensiones y de inversión internacional, y entre ellos en todas las posiciones que mantienen en Europa, España incluida.

Hasta el momento, no parece que el Gobierno de EE UU se haya ni conmovido ni perturbado por el movimiento de la calificadora, lo que no resta para sospechar que sí se encuentra algo inquieto, pues los efectos de una rebaja de un escalón en la calificación de S&P, tras avisar de una “vigilancia negativa en la deuda a largo plazo” pondría en apuros más de una estrategia de política económica a corto plazo. Una de las reacciones más inmediatas en aquel mercado, fue que multitud de fondos y varias gestoras de peso –por volumen- tomaron la decisión de vaciar la cartera de deuda pública estadounidense de forma inmediata.

Con una deuda de 14,5 billones de dólares y un déficit fiscal de los más elevados de su historia, EE UU se encuentra en una posición delicada, que viene a complicar aún más la advertencia de la calificadora. El problema de mayor urgencia para los políticos norteamericanos, se centra en lo que hagan los gestores de fondos de pensiones y de la seguridad social del país, sector que mantiene en cartera 10 billones de dólares de deuda pública, puesto que los fondos están obligados por sus propietarios a una serie de requisitos mínimos orientados a salvaguardar la calidad de las carteras. Si la primera reacción de los gestores ante una bajada en el rating de la deuda norteamericana, es proceder a la venta masiva de carteras, es posible que el último septiembre negro de los mercados financieros mundiales se quede en anécdota: sería el colapso.

En todo caso, si la rebaja de la calificación de EE UU llega a producirse, parece improbable que esos gestores que deshacen carteras a golpe de noticias en la deuda americana, se encontrasen con un panorama en el que les sería imposible colocar sus fondos, puesto que no quedaría mercado de triple A capaz de absorber 10 billones de dólares, porque, entre otras cosas, tampoco quedarían países triple A. Y a la espera de que la sangre no llegue al río, la posibilidad de que una rebaja en la calificación de EE UU tuviera un reflejo inmediato en la venta de deuda, ha llevado a varias gestoras de mayor presencia en el mercado, a reajustar sus carteras.

Lo cierto es que los inversores necesitan contar con una referencia en todo momento, un activo de calidad que les pueda aportar liquidez, una de las principales características, por no decir, el mayor atractivo, que ha caracterizado a los bonos americanos, a la deuda del país. Esta es la causa principal por la que chinos y japoneses, principalmente, están perdiendo bastantes horas de sueño en los últimos meses.

Opiniones a favor o en contra, optimistas o pesimistas respecto a la posibilidad de que la polémica calificadora S&P proceda a bajarle el escalón a la deuda americana, el Gobierno trabajará para superar el déficit y el balance de las cuentas públicas para que el mercado, y también las calificadoras, entiendan que ya no hay razones que justifiquen la rebaja de rating. Y es aquí, precisamente, donde esta el peligro, puesto que la mejora en las cuentas públicas de EE UU, pasa por una negociación política que, a estas alturas y dadas las tensas relaciones entre demócratas y republicanos, tendrá tantas dificultades para salir adelante que seguramente acabará en fracaso. Lo que hace pensar en que el fantasma de la ‘perspectiva negativa’ de la deuda norteamericana, siga planeando sobre nuestras cabezas.

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