edición: 2579 , Lunes, 22 octubre 2018
13/06/2016
banca 

La rebelión de la banca contra los bancos centrales expresa sus severos problemas de rentabilidad

Los bancos, víctimas del interés negativo, la baja rentabilidad de la deuda y el escaso negocio tradicional
Carlos Schwartz
Ríos de tinta intentaron explicar el fin de semana el batacazo en las bolsas mundiales el viernes. Hay quienes acusan del incidente a los vientos del Brexit, a los tipos de interés negativos de los bancos centrales, a los precios récord de la deuda pública y su consiguiente falta de rentabilidad y a la falta de negocio tradicional. La prensa internacional señala que los índices de bolsa sectoriales han caído de forma sistemática a lo largo del año y apuntan a Tokio cuyo índice para el sector bancario bajó un 21% en lo que va de año. Pero sin ir más lejos el Ibex 35 del sector bancario cayó hasta el pasado viernes este año un 20,07 y un 4,25% en la última jornada la pasada semana. “No hay negocio solvente”, se queja una fuente del sector. Pero entretanto los bancos españoles se han dedicado a financiar el consumo en condiciones que no auguran una mejora del beneficio y crean un problema para el futuro.
En España más de la mitad del crecimiento económico del año pasado es atribuible al consumo privado, y en el primer trimestre de este año las familias se han gastado 157.000 millones de euros lo que representa el 56,8% de la renta nacional. Ni la tasa de empleo, ni los niveles salariales dan para esas cuentas. Entretanto la financiación del consumo puro y duro por parte de la banca crece a una tasa del 2% anual.

“La reanudación del endeudamiento de las familias no es un fenómeno sostenible en las presentes circunstancias de la economía española”, señala una fuente del sector industrial que ha encontrado un mejor horizonte en el comercio exterior. El departamento de estudios de Bankia señaló la pasada semana que de acuerdo con los datos disponibles el proceso de reducción de deuda de las familias españolas se ha detenido.

Los grandes bancos españoles llevan su competencia al sector del crédito hipotecario, pero como el desarrollo de ese mercado es más lento de lo deseado se han concentrado en robarse la clientela entre si en materia de crédito. “Tu me traes tu hipotecario del vecino y yo te pago los gastos”, se puede oír estos días en las oficinas a pie de calle de las entidades.

Pero mientras este es el escenario en España en otros países se cuecen habas en sus propias cacerolas. El consejo de Commerzbank indignado por los tipos de interés negativos practicados por el Banco Central Europeo (BCE) ha dado por buenos los esfuerzos del consejero delegado de la entidad para encontrar una forma de almacenar el dinero sin tener que pagar la penalización que el BCE aplica por dejar dinero en sus cuentas corrientes. El problema es como asumir el coste de almacenar dinero en sus propios cofres, lo que supone acarrear billetes desde el Bundesbank donde tiene la forma de asiento electrónico hasta la entidad, lo cual no es un coste menor. Aunque aparentemente las cuentas salen.

Es una forma de protesta en la que el banco alemán no está solo. El mayor grupo bancario de Japón, Banco de Tokio Mitsubishi UFJ considera abandonar el comité de agentes del mercado primario de deuda del estado formado por 22 entidades. BdeT ya había mencionado esta posibilidad cuando el Banco de Japón anunció su política de tipos de interés negativos y sus programas de compras de bonos. La intervención del banco central es de 1 billón de yenes al mes. Pero la amenaza concreta se ha producido ahora cuando el bono del estado a 10 años ha salido al mercado a una rentabilidad negativa del -1,2% por efecto del incremento de su precio ante el exceso de demanda a falta de inversión más rentable.

El pasado viernes se registró una avalancha de demanda sobre deuda soberana que llevó la rentabilidad del Bund, el bono alemán a 10 años, prácticamente a cero con el 0,01%. La deuda británica y japonesa no se ha comportado distinto. La demanda de deuda soberana es un reflejo de la desconfianza en el crecimiento económico internacional y su efecto ha sido un duro castigo a los mercados de capitales a escala internacional.

Un efecto marginal de esta situación es la caída de la  rentabilidad de los fondos de inversión y la desmesurada competencia entre estos. Esta situación se ha reflejado también en los ataques que el Ministro de Economía alemán, Wolfgang Schaüble, dirige regularmente contra la política del BCE y su presidente, Mario Draghi. Ahora a Schaüble se le ha dado, además, por atacar los intentos por parte de la Unión Europea (UE) de incrementar la integración política del bloque de naciones como reacción potencial a una salida de Reino Unido de la UE lo que encubre mal las propias posiciones de un sector importante del empresariado alemán que considera que estarían mejor fuera de este concierto de naciones.

La semana pasada Deutsche Bank señaló en un informe de 12 páginas que el BCE debe revisar su política de reducción de los tipos de interés centrales y abandonar la compra masiva de bonos que han “contribuido al crecimiento de las políticas populistas y extremistas” en el continente. Esta claro que el sector financiero europeo ve reducirse su margen comercial por la política del BCE y que para defender su negocio está dispuesto a articular cualquier discurso agresivo. No cabe la menor duda que los bajos tipos de interés provocan la falta de ingresos de los fondos de inversión, afecta a la banca, y también corroe los ingresos de las compañías de seguros y necesariamente ataca a la fuente de ingresos de los fondos de pensiones, lo que hace que el discurso agresivo del sector cale entre los pensionistas de altos ingresos que ven mermados sus ingresos.

Desde luego no es este el principal problema de los pensionistas españoles quienes se deberían preocupar más por la política gubernamental de saqueo de su fondo de reserva a la que se han mostrado proclives los gobiernos de turno. El documento del Deutsche Bank, firmado por su economista jefe David
Folkerts-Landau, desnuda el nivel de exacerbación del ánimo en el sector financiero en general por la presión sobre los ingresos del sector resultado de la inyección de liquidez al sistema por parte del BCE. La pregunta clave desde luego es: quien saldría beneficiado del ajuste generalizado que supondría el abandono de esa política. La respuesta es obvia, Alemania por encima de todos y de todo.

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