La reconciliación palestina abre la via para un estado
edición: 2533 , Jueves, 16 agosto 2018
05/05/2011

La reconciliación palestina abre la via para un estado propio y provoca el disgusto de Israel

Pedro González
Aparentemente eran enemigos irreductibles, pero han firmado un acuerdo de reconciliación, que modifica por completo el statu quo entre palestinos e israelíes. “Hemos decidido cerrar para siempre la página negra de la división”, declaraba Mahmud Abbás, presidente de Fatah y de la Autoridad Palestina tras estampar en El Cairo su firma para el acuerdo. “Nuestra única meta debe ser combatir a Israel”, proclamaba a su vez Jaled Meshal, máximo dirigente de Hamás, organización que sigue gobernando en Gaza y aún no ha sido eliminada de la lista negra terrorista de Estados Unidos y de la Unión Europea. El acuerdo había sido suscrito previamente por la totalidad de las formaciones palestinas –un total de 11-, incluidas las más extremistas como Yihad Islámica.

Para llegar a esta ceremonia final de reconciliación ha sido necesaria la convergencia de diversas  circunstancias. Es tal el abismo entre Fatah (laicos moderados, que dialogan con Israel) y Hamás (islamistas radicales que preconizan la guerra con el Estado judío), que nadie daba un duro porque ambos se unieran en un objetivo común. Pero,  el presidente de la Autoridad Palestina lo tenía cada vez más difícil. Su diálogo con Israel no había impedido que prosiguiera la persistente instalación de nuevos asentamientos judíos en Cisjordania, con la consiguiente merma de tierras y capacidad de iniciativa y de movimientos de los ciudadanos palestinos. En cuanto a Hamás, aliado incuestionado de Irán y Siria, empezaba a poner en duda la estabilidad del régimen de Bashar Al-Assad en Damasco. La hipotética caída de éste le dejaría a la intemperie. O sea, ambos han concluido un maridaje de conveniencia, en la creencia de que la exhibición de su unidad hará poco menos que imposible que la Asamblea de las Naciones Unidas les niegue el establecimiento de un Estado palestino independiente el próximo mes de septiembre. Tal es la fecha mítica en la que esperan hacer votar su propuesta, basada en la declaración realizada por el presidente Barack Obama, que dejaba entrever que el año próximo (por 2011) habría una solución para el secular contencioso israelo-palestino.

No lo ve Israel de la misma manera. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, estimaba que la firma del acuerdo de reconciliación “es un puñetazo a la paz y una gran victoria para el terrorismo”. Hasta la víspera misma de la firma en El Cairo, testificada entre otros por el secretario general de la Liga Árabe, Amr Mussa, el jefe del gobierno israelí había tratado de disuadir al líder de la Autoridad Palestina, a quién conminaba a “escoger entre la paz con Israel o con Hamás”. Netanyahu reprocha a Abbás que ni siquiera haya exigido a Hamás antes de firmar “el reconocimiento de Israel y una condena clara y formal del terrorismo”. La ausencia de tal premisa significa, según el gobierno israelí, que Abbás da por concluidas las conversaciones de paz con Israel, diálogo que en la práctica estaba cuando menos suspendido.

De momento, las cuestiones político-ideológicas más candentes han sido aparcadas, y ambas organizaciones van a erigir un gobierno formado exclusivamente por tecnócratas, y con autoridad real tanto sobre Cisjordania como sobre Gaza, aunque en su composición el Cuarteto (ONU, Estados Unidos, UE y Rusia) quisiera ver a su frente al actual primer ministro Salam Fayad. Este cisjordano, economista y antiguo funcionario de la Reserva Federal de Estados Unidos, se ha ganado un merecido prestigio en su lucha contra la corrupción, lacra tradicional de Fatah, y en la puesta en marcha de una más que aceptable gestión pública. No está de acuerdo con ello el otro primer ministro, Ismail Haniya, que ha gobernado hasta ahora la atormentada Franja de Gaza desde que ganaran las elecciones de 2007, que insiste en el tinte político que tendría la presencia tanto de Fayad como de él mismo en ese gobierno transitorio de tecnócratas.
 
Israel ha de mover ahora ficha, y hacerlo con inteligencia. Hasta ahora, la división palestina le proporcionaba una situación cómoda para sostener un ambiguo statu quo. Pero oponerse abiertamente a la creación del Estado palestino independiente no contribuiría a mejorar su imagen, antes bien podría incluso poner en un brete a su incondicional aliado norteamericano. Hay múltiples indicios de que la diplomacia de Estados Unidos quiere evitar por todos los medios impedir que la ONU vote la creación de tal Estado palestino independiente si antes no existe un acuerdo previo con Israel. Pero, impedir su creación pondría muy en duda su credibilidad respecto a su verdadera voluntad de encontrar una solución a un problema, que es la raíz de muchos de los males que aquejan a Oriente Medio.
 
El ministro israelí para la Defensa de los Civiles, Matan Vilnaï, ha sido el primero en depositar la primera dosis de inteligencia, para reparar la visceral reacción que el pasado domingo tuvo su colega de Finanzas, Youval Steinitz, que suspendió la transferencia a la Autoridad Palestina de 300 millones de shekels (59,6 millones de euros), recaudados por Israel en concepto de tasas aeroportuarias por las mercancías palestinas, con la excusa de que tal dinero terminaría financiando las actividades terroristas de Hamás. Ahogar financieramente a Mahmud Abbás confiscándole lo que es suyo, no es desde luego la mejor manera de facilitarle las cosas para que enfrente su apuesta pacifista a la de los radicales de Hamás. 

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