edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
10/03/2010
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

La recuperación cristaliza en Estados Unidos pero con oscilaciones

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'
Las tinieblas parecen desvanecerse para la economía estadounidense. El producto interior bruto (PIB) del cuarto trimestre 2009 creció un 5,9% intertrimestral anualizado, lo que deja el retroceso para el conjunto de 2009 en un 2,4%. Lo primero a destacar del dato del PIB es que la variación de existencias supuso un 60% del repunte intertrimestral. En el lado positivo, destaca la inesperada fuerza del consumo privado, que avanzó un 1,7%, la recuperación de la inversión en equipo y el buen tono de las exportaciones, que hizo que el sector exterior volviera a contribuir positivamente al crecimiento, tras el hiato del trimestre anterior. Entre las debilidades, la inversión residencial detuvo su recuperación y vino a evidenciar las dificultades del mercado de la vivienda.

La composición de las cuentas nacionales del cuarto trimestre ofrece una doble lectura. Por un lado, la elevada contribución al crecimiento de la variación de existencias indica que no se mantendrá este ritmo de avance. El tirón de las existencias no se debió a un aumento de éstas siguiendo a una fuerte demanda sino al final de una serie de trimestres con descensos abruptos provocados, en parte, por unas ayudas públicas al consumo de duraderos que habían vaciado los almaneces de existencias. Sin embargo, el crecimiento del 2,0% intertrimestral con que hubiera avanzado la economía sin esta contribución atípica de las existencias se inserta en una clara línea de recuperación, con un consumo privado que, tras la retirada de los estímulos, se está mostrando más fuerte de lo que se esperaba. Aun considerando las bondad de estas cifras, la primera economía del planeta afronta una recuperación difícil, lastrada por el endeudamiento de las familias, la debilidad del mercado laboral y la resaca de la burbuja inmobiliaria.

Los últimos indicadores de demanda confirman esta recuperación del consumo privado. Las ventas minoristas, sin coches ni gasolina, compensaron en enero el descenso de diciembre, con un avance del 2,3% interanual, un 0,8% descontando el efecto de las variaciones de precios. Un nivel que, empero, sigue claramente por debajo del de diciembre de 2007, representativo de la situación previa a la crisis. En una línea de mayor debilidad, el índice de confianza del consumidor del Conference Board continúa inscrito en unos niveles muy bajos, con una percepción de la situación actual que siguió estando cerca de mínimos históricos a pesar de la mejora de enero.

En el lado de los productores, las urgencias para reducir el endeudamiento de las empresas no financieras no son tantas, ya que en los años previos a la crisis habían sido relativamente prudentes. Fruto de esta situación, a lo largo de toda la segunda mitad de 2009 la visión empresarial ha venido siendo más positiva que la de los consumidores. En enero continuó esta tendencia, especialmente en el sector manufacturero. Así, el índice de sentimiento empresarial del Institute for Supply Management de manufacturas subió de 54,9 hasta los 58,4 puntos, nivel propio de etapas netamente expansivas. Con un perfil más bajo, el índice de servicios se quedó en los 52,2 puntos, consistente con crecimientos más débiles. Así, la producción industrial, que en enero subió un 0,9% interanual, ya ha recobrado un tercio de lo perdido. Por su parte, la utilización de la capacidad productiva siguió un perfil similar alcanzando el 72,6% del total, el nivel más alto desde finales de 2008, pero lejos del promedio histórico de 81,0%.

El mercado de la vivienda ve como su recuperación pierde fuelle. El índice Case-Shiller de precios de la vivienda se incrementó en noviembre en un modesto 0,2%, en términos desestacionalizados, que deja la subida acumulada desde el mínimo de mayo en el 3,8%. Con la desaparición de las ayudas públicas a los compradores de primera vivienda, el volumen de ventas vuelve a reflejar la debilidad de un sector que sigue dominado por una sobreoferta que continuará lastrando la recuperación. Consistente con este orden de las cosas, la oferta sigue congelada. Las viviendas iniciadas de enero, aunque repuntaron, no pasaron de ser una cuarta parte de los niveles previos a la crisis, mientras que el retroceso de los permisos de construcción, su indicador adelantado, acabó de definir un panorama de atonía para el que no se esperan mejoras notables durante la primera mitad de 2010.

El mercado de trabajo deja atrás los deterioros pero encara una recuperación que será problemática y prolongada. En enero, la tasa de desempleo descendió del 10,0% al 9,7%, mientras que, por otra parte, sólo se perdieron 20.000 empleos netos. Pero la habitual revisión de febrero del Bureau of Labor Statistics estableció que, para el conjunto de 2009, se perdieron 4,8 millones de puestos de trabajo, 617.000 más de los que se habían estimado previamente. El mercado laboral suele ir con retraso respecto al resto de la economía y sus recuperaciones llegan cuando la expansión lleva varios trimestres en marcha. Así, numerosos trabajadores desanimados podrían incorporarse paulatinamente al mercado de trabajo a medida que la recuperación se haga efectiva, mientras que la proporción de parados de larga duración, para los que es más difícil encontrar empleo, dobla la de 1982, cuando la tasa de paro también llegó a sobrepasar el 10% y supondrá una dificultad adicional. Por todo esto, no se vislumbran mejoras apreciables hasta la segunda mitad de 2010.

El sesgo alcista de los precios se tomó en enero un respiro que contribuyó al mantenimiento de una estabilidad, una apreciable ayuda a la recuperación que, momentáneamente, deja margen a la política monetaria, aunque la tendencia de fondo sigue siendo moderadamente al alza. El índice general de precios al consumo (IPC) subió un 2,6% interanual, 2,7% en diciembre, afectado todavía por efectos de base en el precio del petróleo. El IPC subyacente, el general sin los alimentos ni la energía, retrocedió respecto al mes previo, en términos desestacionalizados, y moderó su avance hasta el 1,6% interanual. Sin los alquileres imputados a los propietarios de viviendas, el subyacente se incrementó en un 2,8% interanual, también algo menos que en diciembre.

El déficit comercial de bienes y servicios de diciembre fue de 40.181 millones de dólares, 3.794 millones por encima del mes anterior debidos a las oscilaciones del precio del petróleo. El déficit, excluyendo petróleo y derivados, también tuvo un incremento, pero mucho menor. Con la recuperación de los flujos comerciales y de la demanda interna, el déficit comercial ha aumentado 14.000 millones de dólares desde su mínimo de mayo de 2009. Sin embargo, esta vuelta a la normalidad no debería llevarnos a los niveles de 60.000 millones de dólares, previos a la crisis, porque subyace una tendencia de corrección del déficit.

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