edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
28/03/2017
banca 
Estrategia de encubrimiento

La reforma de BCE, MUS, ESMA y EBA servirán para tapar fallos y graves errores de Bruselas

La Comisión quiere encubrir las correcciones de sus propios errores entre cambios y reformas
Juan José González
Todo indica que las autoridades de Bruselas han iniciado un ejercicio de autocrítica que, bien llevado y con la profundidad adecuada puede obrar el milagro de la revisión de políticas, estructuras organizativas y criterios de actuación en la gestión de una Unión Europea cada día más compleja. La coyuntura viene provocada por el evento más reciente, el Brexit, y muy reforzada por oros eventos en ciernes, como son las elecciones en Francia y Alemania y que determinarán en gran medida el futuro de, entre otros, la moneda común, el euro. Se podría asegurar que los movimientos de salida de Reino Unido ya están produciendo sus efectos, los primeros, sobre el resto de la Unión, al menos en forma de expectativas futuras. Lo cierto es que el inicio del desenganche de la UE de un socio del calibre de Reino Unido ha provocado una primera idea entre los dirigentes europeos como es la posibilidad de someter a revisión algunas de las instituciones y políticas establecidas desde hace tiempo, dado que sus resultados no parecen haber cubierto las expectativas. El espíritu reformista se adueña de los despachos de Bruselas.
Se llega a esta etapa de desenganche de un socio capital de la UE en un periodo caracterizado por las reformas tímidas y costosas, sin orden con apoyo político mínimo o muy limitado y, sobre todo, con amplia y notoria contestación social. El objetivo era, y es posible que aún siga vigente, recuperar la economía, que esta regresara al crecimiento: se imponía salir de la recesión y evitar futuras crisis. Se puede decir que el criterio de las autoridades europeas era trabajar antes en lo urgente que en resolver lo importante. Y, en cierta medida, así ha sido. Otro asunto son los plazos, las cantidades y las intensidades, los recortes, los pagos, la austeridad, etc.

Pero resulta que algunas de las reformas propuestas por los socios de mayor peso de la UE, como las relativas a la unión bancaria o al fondo de rescate, parecen haberse situado en el objetivo principal de las críticas, de lo que funciona mal, de materia prima para las reformas inmediatas aprovechando una nueva reestructuración, forzosa, tras el desenganche del socio británico. La unión bancaria, a través de los trabajos de la EBA, se lleva un suspenso en toda regla ante la incapacidad para resolver los problemas de solvencia, de crédito o de financiación de la economía planteados en la práctica. Ni la solvencia está lograda ni el crédito parece restituido ni el crecimiento parece mostrar las cifras previstas a partir del orden impuesto por las instituciones europeas. El balance de la actuación de los Gobiernos de los socios tampoco parece positivo dado el incumplimiento de la reducción de los déficits, deudas y crecimiento laxos, cuando no negativos, de las economías.

En vista todo lo sucedido en estos últimos tres años y medio de recesión económica en Europa, las autoridades se disponen en 2017 a aplicar un plan de revisión general, lo que viene a equivaler en la práctica a un tiempo nuevo de reformas y mudanzas. Porque los resultados de las políticas para salir de la crisis económica se han demostrado insuficientes, erróneos y lesivos. Prueba de ello son la debilidad de la demanda, el recorte de las pensiones y, por ello, la debilidad convertida en secular del consumo. Otro balance mostraría el grado de deterioro provocado por la austeridad que en su resultado final no ha logrado corregir ni el desempleo ni la creciente pérdida de poder adquisitivo de las pensiones.

Para colmo de males, llegan desde Bruselas algunos reconocimientos expresos de la incompetencia de los gestores europeos. Un informe del Tribunal de Cuentas de la UE mantiene que el Banco Central Europeo ha fracasado estrepitosamente en su función como supervisor bancario de la eurozona. Ni el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) ni la Autoridad bancaria europea (EBA) logran el aprobado de las instituciones de control de la UE. Para rebatir la acusación, las autoridades de Bruselas hacen recaer las culpas sobre aspectos de logística y organización. La falta de recursos técnicos y humanos estaría en el principio y final de todos los males y defectos que han llevado a la EBA, al MUS y al BCE a su fracaso más estrepitoso.

De ahí que la salida de un socio como es el caso de Reino Unido, sea la pieza, la coartada y la mejor oportunidad para proponer la reforma de algunas instituciones sociales y económicas que han protagonizado en los últimos años conflictos de intereses y confusión de funciones. No se trata de un reparto de las funciones ni tampoco de los asientos que dejan libres los funcionarios y políticos británicos. Se trata de una primera revisión de funciones y competencias de instituciones como la Autoridad Bancaria Europea (EBA) o la Autoridad de Mercados Bursátiles (ESMA) del Mecanismo Único de Supervisión. En resumen, llegan a Europa vientos de reformas institucionales que, como ya advirtió un reformador, deberían considerar la tentación de hacer mudanzas en tiempos de tribulación.

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